Otra presa inconsulta sobre el Desaguadero

Nuevamente las obras a realizarse dentro del sistema del río Colorado, que incluye a la gran cuenca Desaguadero-Salado-Chadileuvú-Curacó, vuelven a tener como protagonista inconsulto a nuestra provincia. Las noticias dadas a conocer por el gobierno nacional indican que se ha conseguido financiación de China para construir El Tambolar, que será la cuarta represa sobre el río San Juan. La obra, junto a sus similares de Ullum, Punta Negra y Los Caracoles, asegura prácticamente el control del derrame anual medio total del río -que es el principal afluente de la cuenca-, lo que equivale a decir que una vez finalizada no escurrirá agua por el cauce del Desaguadero ni llegará a La Pampa, acentuándose la desertización regional.
Con una absoluta indiferencia para con los habitantes de aguas abajo, el gobernador sanjuanino ha dicho que “en este desierto como es esta provincia, juntar agua es lo mejor que podemos hacer, y si además de juntar agua podemos generar energía es lo mejor que nos puede pasar”. Luego expresó su deseo de que “la falta de agua, que nos preocupa tanto como su exceso, sea un recuerdo”, en una clara y estrecha visión provincialista. De regular caudales en beneficio de toda la superficie de la cuenca, ni hablar.
Semejantes noticias y declaraciones obligan a pensar en la falta de acción del gobierno provincial en el tema. En noviembre de 2013 se incluyó El Tambolar en el Plan Hidroenergético Nacional y hace nueve meses San Juan volvió a insistir en el pedido de esa obra. En tan prolongado lapso no se conoce que La Pampa haya presentado reclamo alguno -y si lo hizo no se conoció- respecto a un nuevo dique que agrava la situación hídrica de nuestra provincia.
Por cierto que la experiencia indica que nada hace pensar que el reclamo fuera atendido, pero la coherencia es muy importante en materia de política hídrica. La Pampa viene afrontando el problema desde hace más de un siglo, pero lucha en soledad ante el desentendimiento del resto de las provincias relacionadas con el sistema -Buenos Aires y Río Negro, fundamentalmente- que solamente lo recuerdan cuando ven afectados sus intereses y le piden a La Pampa que asuma, como siempre, su condición de depósito de sales.
Puede que en lo estrictamente administrativo el gobierno pampeano siga siendo distinguido y elogiado como buen alumno por las carteras federales, pero no parecen caber dudas de que, a la hora de los hechos, para la visión nacional -que por su propia naturaleza debiera ser integradora y armonizadora de los intereses de las provincias que integran el país- La Pampa cuenta poco y nada.
No caben dudas de que buena parte de la responsabilidad le corresponde específicamente al organismo nacional encargado de la política de aguas -la Subsecretaría de Recursos Hídricos- que desde siempre elude la conformación del comité de cuenca del sistema del Desaguadero, mientras avanzan los hechos consumados que en algún momento tornarán inútil ese instrumento regulador interprovincial. Es el mismo organismo federal que, por desidia o por ignorancia, posibilitó que no se informara al Coirco con respecto al pedido de financiación en China para construir el embalse Portezuelo del Viento en territorio mendocino. Esta obra de enorme importancia está prevista en el Tratado del río Colorado, que tiene condición de ley nacional y es además el instrumento que rige al propio Coirco. Estas omisiones inexplicables cometidas en Buenos Aires -una capital nacional que con frecuencia, como en este caso que hoy afecta a los pampeanos, aparece ciega y sorda a las realidades del interior del país- le hicieron cumplir al organismo de cuenca del río Colorado un papel tan triste como desdoroso.
Así, entre postergaciones, carencias de visión política integral y mezquindades provincianas, el desierto avanza mientras el país retrocede.