Otro racista

Años atrás se acuñó una expresión elocuente vinculada a las inclinaciones ideológicas; todos llevamos adentro -decía- un enano fascista que, de no mediar férreas convicciones, asoma cuando se dan las circunstancias. Pintoresca aunque discutible, la expresión se acaba de concretar en un concejal de la municipalidad de Esquel, perteneciente al bloque de Cambiemos, quien no vaciló en calificar a sus opositores como “negros de mierda” y en exhibir jactanciosamente su condición de hombre blanco agradeciendo a Dios no haber nacido con un tono de piel más oscuro, como el de los antiguos pobladores tehuelches y mapuches del Chubut. Minutos después de tan repugnantes palabras las ratificó por radio y negó arrepentimiento.
A este funcionario, designado por el voto popular, no le falta un paso para caer en el nazismo: ya está dentro de él al insultar a comprovincianos por el color de su tez y su condición de nativos. Sus manifestaciones se producen en un contexto nacional de auge de desprecio hacia lo popular en los más altos niveles gubernamentales, con expresiones como “choripaneros” o “grasa militante” y en el que hasta un ministro habló de “una nueva conquista del desierto” en tono reivindicativo y para peor en tierra patagónica.
No se le conocen al concejal cuestionamientos a los privilegios otorgados a un millonario extranjero en la zona de su municipio y la consecuente desnacionalización del área. También sorprende la tibia reacción de sus pares -testigos del insulto- que no lo condenaron de inmediato. En el ámbito nacional el ministro de Cultura se vio obligado a repudiar el suceso aunque enfatizó -inexplicablemente- que va a condenar a cualquier reacción o escrache contra el concejal.
Este caso demuestra lo riesgoso que puede ser para un gobierno que sus integrantes manifiesten tan abierto desdén por las clases más desposeídas del pueblo.

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