Otro acueducto en el Colorado

Al complicado panorama de la cuenca del río Colorado se le acaba de añadir un nuevo elemento que torna aún más complejo el ya difícil escenario: el anuncio por parte de la provincia de Buenos aires (una de las que integran la cuenca de ese río) de la construcción de un acueducto que llevará agua a la ciudad de Bahía Blanca, procurando solucionar un problema de larga data y permitiendo un abastecimiento normal a once localidades del área de influencia bahiense. La obra derivará poco menos de dos metros cúbicos por segundo que, como en el caso del acueducto construido por La Pampa, se computarán por el doble de ese caudal a los efectos del cupo correspondiente, ya que esa agua no retornará a la cuenca para su reutilización.
Los bonaerenses, que son hasta hoy los mayores usuarios del río con una superficie bajo riego de más de un centenar de miles de hectáreas, están en todo su derecho de aprovechar las aguas del río siempre que la deduzcan del cupo que les corresponde por el Tratado del Río Colorado. Ese acuerdo rige legalmente en la cuenca pero en los hechos está lejos de cumplirse en algunos aspectos muy importantes. Uno de ellos, la complementariedad de cuencas con el río Negro, está paralizado y casi olvidado ante la negativa de la provincia homónima de permitir el paso de una obra de interconexión por su territorio, por más que el caudal lo cedería la provincia de Buenos Aires del cupo que le corresponde sobre el Negro.
A esas dificultades se suma el hecho de la notable disminución de caudales que han sufrido los ríos andinos del centro del país durante el último lustro. El Colorado se encuentra entre ellos, y su pronunciada bajante ha provocado que sus aguas lleguen escasamente hasta su desembocadura en el océano o, directamente, no lleguen. Es por esas razones que en este nuevo proyecto es casi seguro que la provincia de Buenos Aires se encontrará frente a dos problemas, uno de índole natural y el otro político. El primero, como se ha dicho, resulta de la disminución del volumen de agua atribuida a un posible cambio climático y de duración no precisada; el otro es que a esa baja en los escurrimientos se sumará la intransigencia mendocina en cuanto al cupo que le corresponde de agua. El Tratado habla de 24 metros cúbicos por segundo para los cuyanos a trasvasar del río Grande, principal afluente del Colorado, más otros diez cuando se concrete el trasvase desde el Negro a la cuenca inferior. Mendoza, por medio de sus representantes en Coirco, ha dicho estar convencida de que esa obra no se realizará nunca, por lo que construirá lo suyo con vistas a extraer, directamente, el total de los 34 metros cúbicos por segundo, para trasvasarlos a la cuenca del Atuel, en donde tienen tierras aprovechables.
Buenos Aires no ha tenido hasta el momento mayores problemas de agua para su área de cultivos, dado el escaso desarrollo de los mismos en el resto de la cuenca, La Pampa incluida, lamentablemente ¿Qué pasará de persistir la situación actual, con caudales pobres, derivación del nuevo acueducto y trasvasamiento en la alta cuenca sin compensación en la inferior? Una idea de los riesgos que se corren la puede dar un trascendido de la reciente reunión que tuvieron ONGs mendocinas y pampeanas, con asistencia de legisladores de aquella provincia. En esa oportunidad, durante el acercamiento que buscaron en el problema del Atuel y su implicancia en el Colorado, los cuyanos llegaron a plantear una total indiferencia hacia los perjuicios que podía sufrir el valle inferior del río. El planteo preocupó a los pampeanos asistentes por el absoluto desconocimiento al principio de unidad de cuenca.
Tal postura puede sorprender a algunos, pero viéndola en perspectiva, fue coherente con la actitud mendocina de siempre.