Otro cambio.

COSAS QUE PASAN

No solo en la economía el macrismo pegó un fuerte golpe de timón, también en la política internacional. En su primera participación en el Mercosur, reunido en Paraguay, Mauricio Macri apuntó sus cañones contra Venezuela al pedirle la “liberación de sus presos políticos”. Al toque recibió una dura réplica de la canciller venezolana, Delcy Rodríguez, quien lo acusó de “injerencia” en los asuntos internos de su país y le mostró fotos de los incendios de universidades y otros edificios provocados por los opositores luego condenados. Macri pidió también un rápido acercamiento a la Alianza del Pacífico, el área de mayor influencia de EE.UU. en América Latina. MM está apurado en dejar bien claro que las cosas cambiaron en Argentina y no precisamente para el lado de fortalecer lazos con gobiernos progresistas sino para buscar el aplauso de Washington, tan contento ahora con su nuevo ladero latinoamericano.

Decretazos.
El ministro de Justicia, Germán Garavano, no ocultó que el gobierno nacional piensa manejarse a decretazo limpio. “No tenemos Congreso y hay decisiones urgentes”, justificó el funcionario aunque nada dijo que convocar a sesiones extraordinarias. Esa forma de gobernar por decreto choca de frente con los aires institucionalistas que se daban en el PRO durante la campaña electoral. Apenas asumió, y en un solo día, Mauricio Macri firmó tantos decretos como Cristina en ocho años, pero para los grandes medios porteños y la veterana Mirtha la ex presidenta es la “autoritaria”. El coro oficialista mediático hace lo imposible por convencernos de que MM es la misma encarnación del espíritu republicano, y que designar jueces de la Corte Suprema a dedo es, apenas, un detalle.

Sádicos.
Extraña forma de “festejar” la de los estudiantes universitarios de General Pico. Egresar de la facultad significa, en esa ciudad, exponerse a un ataque colectivo de violencia sádica. Tiempo atrás la “celebración” consistió en introducir un palo en el recto del “feliz” egresado y, para que la humillación fuera absoluta, filmar y subir las imágenes a Internet. Ahora el “festejo” consistió en rapar la cabeza, romper las ropas, empapar con una sustancia nauseabunda y arrojar a la fuente de la plaza a las víctimas. Pero no terminó ahí: los ataron y los obligaron a caminar, así semidesnudos, empapados y enchastrados del líquido maloliente por el centro de la ciudad, mientras la jauría de “compañeros” azotaba sus cuerpos con ramas de árboles. Nada que envidiar a una conocida escena de hace dos mil años en Jerusalén. Hasta ahora, sin crucifixión. (RAM).