Panorama educativo: universidades con sentido social

Las universidades nacionales supieron capear varios temporales, entre otros la persecución a sus investigadores y académicos, falta de financiamiento digno y ejecución de presupuesto, cargos ad honorem, amenazas de recortes de recursos y hasta cierres de casas, y hoy se encaminan hacia un objetivo pendiente, que es dar respuestas a los problemas sociales y cotidianos de la gente.
Las universidades argentinas fueron largamente criticadas -con justicia o no- por haber vivido el largo sueño de aislamiento y elitismo, tal vez de espaldas a lo que acontecía en el seno de la sociedad, pero esa cuestión comenzó a desdibujarse un tiempo antes de la crisis de 2001.
Entidades gremiales de docentes universitarios y centros de estudiantes plantearon allá por los ’90 la necesidad de que los futuros profesionales devolviesen parte de lo que la sociedad les facilitó para su formación en la educación pública.
Una idea polémica que aún no tuvo su cierre, sino que sobrevive en un paréntesis o paraguas a la espera de tiempos mejores, fue la del ex ministro de Educación y ex rector de la Universidad Nacional de Córdoba Hugo Juri, respecto a que los graduados devolvieran con un pequeño porcentaje de su formación en la universidad pública, con el fin de que ese fondo permitiera becar a alumnos de bajos recursos para que pudieran continuar estudiando.
Una de las ultimas acciones de vinculación de las universidades con el medio social, fue la sanción durante el gobierno de Eduardo Duhalde -a pedido de los rectores- de declarar a las casas de altos estudios nacionales “consultoras prioritarias” del Estado.
Por esa resolución, académicos y profesionales universitarios tendrían preferencia en municipios, gobiernos provinciales y la Nación a la hora de contratar asesores o realizar estudios, obras o investigaciones, en contraposición a las “consultoras” privadas nacionales y extranjeras que proliferaron en los ’90.
Hoy, las casas de altos estudios nacionales, a pesar de que constituyen un servicio estatal subsidiado, pero con autonomía de los gobiernos, sienten estar en “deuda” con las comunidades.
Un ejemplo de estos aportes es el de la UBA, que trabaja en tres proyectos con fines sociales: las Marginaciones Sociales (en educación, salud, trabajo, violencia, pueblos originarios); Cambio Climático y Energía Sustentable.
“Jamás se trabajó en forma conjunta, en forma multidisciplinaria desde las trece facultades y todas las unidades académicas de la UBA, pero es hora de que empecemos, aunque lo veamos difícil”, subrayó el rector Rubén Hallú.
Los académicos de la UBA explican que estos trabajos, algunos de los que como el de Marginaciones se hará en conjunto con los ministerios de Ciencia y Tecnología y de Desarrollo Social, obedecen a la “complejidad”, la “transformación” y “agudización” de esta problemática en los últimos tiempos.
Al respecto ejemplifican la “complejidad” de resolver la “marginación laboral de terceras generaciones”, respecto a chicos que viven en hogares donde no vieron trabajar ni a padres ni abuelos, y señalaron que “ello no se resuelve con asistencialismo o planes sociales, sino a través de cambios culturales”.