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Para la agenda de los que llegan

LA SEMANA PAMPEANA

I – En la semana el gobernador de la provincia decidió la remoción de un funcionario al comprobarse que había actuado, por omisión o negligencia, en contra de lo que se espera de un miembro de la administración de la cosa pública pampeana. El funcionario no prestó la debida atención a un incidente en la Estación Transformadora Guatraché que puso en evidencia el irregular funcionamiento de los sistemas de protección. Días después, un rayo destruyó totalmente la ET y su reparación, trascendió, demandará una inversión que, se estima, supera los 500 millones de pesos. No fue el primero que dejó su cargo en la actual administración. Meses antes le precedió en ese camino el director de Agricultura, también por no prestar la debida atención a un incidente de fumigación ocurrido a metros de la localidad de Miguel Riglos. Si se recuerda, en la anterior gestión del actual gobernador también hubo funcionarios que, apuntados periodísticamente por irregularidades, perdieron su cargo al evaluar el Ejecutivo que el trabajo de la prensa exponiendo públicamente estos casos, lejos de atentar contra el gobierno, lo ayudaba a hacer mejor la administración pública.

II – Pero no siempre fue así. Años atrás, los gobernantes de La Pampa consideraban que el periodismo era poco menos que un enemigo y, de esa forma, leían erróneamente las investigaciones sobre irregularidades y sus advertencias sobre casos de corrupción a las que evaluaban como actos de provocación política. En esa puja sin sentido con los medios de prensa, el gobierno de La Pampa llegó a sostener en sus funciones a conspicuos corruptos, como si se tratara de una guerra donde los bandos defienden a sus heridos de las balas enemigas. En esa locura de confundir el juego republicano de la prensa con una batalla, se llegó a alterar y entorpecer aún la función de la justicia cuyos fiscales eran amenazados desembozadamente por los más fanáticos diputados oficialistas con el inicio de juicio político y su futura destitución.

III – Debió pasar mucha agua bajo el puente, y muchos años para que, al cambiar de manos en el partido del gobierno la titularidad del Ejecutivo, las cosas comenzaran a encaminarse de otra manera. Las denuncias periodísticas sobre los escandalosos casos de enriquecimiento ilícito y de fraude en el IPAV, o las causas por los fondos públicos que se desviaban a fundaciones truchas o las obras fantasmas que no se hacían, comenzaron a avanzar en la justicia y a terminar con sus responsables en prisión. Atrás habían quedado, para bien de La Pampa, los años en que el gobernador de turno sentaba a su lado y frente a las cámaras del canal oficial a los apuntados por las denuncias periodísticas de graves hechos de corrupción, desafiando así, no a los periodistas que cumplían con su deber, sino a la sociedad pampeana que reclamaba mayor transparencia y freno a la corrupción.

IV – Ese reclamo de la sociedad pampeana fue, claramente, el que impulsó el cambio de manos interno dentro del justicialismo y el que fue interpretado por los sucesivos gobiernos a partir de entonces. Se terminó así la protección a los corruptos señalados por la prensa y se pasó a un «new deal» entre gobernantes y gobernados donde, a fuerza de no proteger a señalados o involucrados en casos de corrupción, el gobierno logró recuperar la perdida sensación de que la gestión pública debe regirse con una clara eticidad (que fue el sello distintivo de antiguas y recordadas administraciones provinciales en las que sus funcionarios llegaban a pagarse hasta el agua mineral que consumían).

V – Hoy la sociedad pampeana tiene una menor tolerancia a la corrupción o a la inconducta o negligencia de sus gobernantes. Es uno de los valores intangibles que el ya largo proceso democrático ha dejado en su decantación en La Pampa. Es, claramente, uno de los signos de la evolución política inherente a la continuidad del proceso democrático que se iniciara en 1983. Esa evolución ha incluido también, en estos treinta y seis años, a los gobernantes pampeanos que han tomado debida nota de esta menor tolerancia de la ciudadanía. En pocos días asumirá en La Pampa una nueva generación de políticos surgida del mismo partido que supo salir del pozo de la corrupción y ganarse la confianza de la ciudadanía a fuerza de aplicar con severidad las reglas de la sana administración con sus responsables. Los pampeanos hacemos votos para que, dentro de la ardua tarea que le espera a las nuevas autoridades, sepan en todo momento que en la agenda de la ciudadanía está presente la expectativa de un continuidad en esta política. (LVS)