Para manejarse con la medida y la proporción

Señor Director:
La Corte Suprema de Justicia, nacional tiene un Instituto de Investigaciones y éste acaba de dar a conocer su tercer informe anual sobre homicidios. Esta vez, para 2012, comprende, además de la capital federal, el conurbano y la ciudad de La Plata. El estudio abarcó un área poblada por catorce millones de habitantes, un tercio de la población argentina (de 40 millones, según el censo de 2010). Según se explicó en la Corte el estudio se hizo en los expedientes judiciales que quedaron como testimonios de los respectivos procesos.
Los datos resultan significativos. Se determina, en uno de los rubros, el móvil de los crímenes y ahí se ve que la riña, la venganza y “ajuste” explican el 41,57 de los casos habidos en 2012. Los homicidios habidos en ocasión de robo representan el 19,39; los originados en el contacto intrafamiliar, 12,93; los de legítima defensa, 9,63; los debidos a intervención policial, el 2,66′ y otros, 5,7. En total, en el año, hubo 995 homicidios en el sector estudiado: 789 en el Gran Buenos Aires, 158 en la capital federal y 48 en La Plata, o sea 26 por ciento en capital federal, 32 en el conurbano y 26% en La Plata. La tasa general es de 6,93 homicidios cada 100 mil habitantes, de los cuales el 7,66 en el conurbano y 5,46 en capital federal. El conurbano aparece, pues, con 2,20 puntos sobre la capital
El informe destaca que las cifras porcentuales son altas con respecto a Europa y Canadá, pero bajas con respecto a los países latinoamericanos, aunque similares a las de Chile y Uruguay. En Brasil la tasa es de 20 homicidios cada cien mil habitantes. El objetivo es bajar esa tasa al nivel de Europa y Canadá, , donde es de alrededor del 3 por ciento. En la zona estudiada aparecen más homicidios en los barrios pobres, pero se observa que los pobres se matan entre pobres: no salen a matar en barrios ricos (véase más abajo). También se observa que hay menos casos esclarecidos en las zonas pobres, lo que advierte que no hay el mismo el empeño policial y judicial por dilucidarlos. Los expedientes de los casos de zonas pobres tienen menos fojas que los de barrios acomodados, observó el juez Zaffaroni, encargado de comentar el informe del Instituto de Investigaciones de la Corte. Los homicidas de 16 años representan el 1 por ciento en capital federal; los de 16-18, el 5%. Los más de los casos se deben a la acción de personas mayores de edad. Destacó Zaffaroni que, pese a lo que se cree, los bolivianos no aparecen entre los homicidas (ningún caso en 2012 en el sector estudiado); sí aparecen bolivianos entre las víctimas.
En general, el informe deja sin sustento la creencia de una alta criminalidad de menores de edad y de predominio de homicidas salidos de los barrios pobres.
Zaffaroni advirtió, ante preguntas de la prensa que, en criminología registrar denuncias no equivale a registrar la frecuencia de un delito. En el caso de los robos, hay denuncias que no resultan comprobadas, hay denuncias falsas (para cobrar el seguro o hacer un daño a alguien) y hay muchos casos de robos que no se denuncian por una cantidad de motivos. En cambio, un homicidio rara vez pasa inadvertido. Puede no ser aclarado, pero la muerte tiene un peso propio que hace que se denuncie y se investigue. Por eso la Corte eligió este tipo de delito para su estudio.
En cuanto a que los pobres se matan entre pobres, es una afirmación que tiene fundamento. Hay que asomarse a la realidad de la pobreza, sobre todo la consolidada, de más de una generación, para entender la situación singular que genera. Por tomar solamente un detalle de un informe al que he de referirme en otra nota: los pobres son más dependientes. La pobreza de más de una generación no tiene relaciones propias. El puntero político prospera porque su “clientela” necesita mediación. O debe acudir a otros pobres del barrio que tienen relaciones o las simulan, y que se cobran, consolidando la dependencia.
Atentamente:
JOTAVE