Participar desde un plan bien definido

SEÑOR DIRECTOR:
La pregunta que he repetido en mis aproximaciones al conflicto entre el Estado y sectores rurales tiene menos relación con los puntos en disputa que con el interés por ver qué resulta de esta movilización de personas y de todo lo que dio marco y forma al enfrentamiento. La experiencia de los pueblos hace decir que “a río revuelto ganancia de pescadores”, frase que quiere advertir a los peces sobre la posibilidad de que sus recaudos habituales resulten insuficientes. Todos somos siempre peces en una sociedad, aun los que están con la caña en la mano. En otras notas he destacado la aparición de numerosos intelectuales que parecen haber emergido desde sus cátedras y lugares de investigación para trabajar con la materia viva del conflicto y procurar el ordenamiento de los conceptos. De esta labor deberían nacer propuestas de consenso o definición de políticas de gobierno o actualización de la idea de país y conocimiento de nuestra realidad actual.
Un comunicador se preguntaba días atrás “cómo hizo el gobierno, en un ratito, para poner furiosos a quienes están de fiesta, para resucitar muertos electorales, para abrir varios frentes de conflicto a la vez, incluyendo ponerse en contra de los pulpos mediáticos a los que benefició, para generar desconcierto creciente entre quienes deberían o podrían ser sus aliados naturales…” (y que) “los sectores populares de la clase media no saben dónde pararse cuando ven que sólo se toca a la gauchocracia y no a los formadores de precios de la cadena industrial-comercial”. Creo que en esta expresión está condensado mucho de lo más valioso de la crítica al gobierno nacional y también a algunas de las personas que se le opusieron, las cuales exteriorizaron una “cultura” extemporánea, fuera de época (de ahí, creo, el uso de esa voz “gauchocracia”), y con deslices groseros de expresión, al punto de insinuar el retorno a actitudes que, en el sangriento siglo XX, trajeron tanta frustración a nuestra sociedad. Muchos se preguntan si el gobierno ha meditado acerca de sus errores y ha sacado las debidas conclusiones, pero también hay que preguntarse si lo están haciendo quienes se le opusieron desde situaciones, individuales y de grupo, muy diferentes entre sí. Se ha podido apreciar un déficit de liderazgos actualizados en todos los sectores que se enfrentaron, como si el conflicto hubiese sacado a la superficie criterios, valores y conductas que están divorciados de las demandas de una sociedad que ha cambiado mucho en poco tiempo. Por eso, entendí saludable que algunos de los rurales hayan puesto las miras en la juventud y que, en una reunión, al menos, se oyera decir que hay que salir del aislamiento (esto es, del reducto íntimo, familiar y económico) para mirar por todos y asumir la participación que demanda una democracia. Tampoco creo que haya salido indemne la oposición política, porque lo que se le escuchó decir sonaba a oportunismo. En lo local, creí entender bien la actitud del gobernador, al aceptar primero y rehusar después una entrevista con dirigentes del lockaut, porque las circunstancias cambiaron en sólo horas y se hizo aparente que esas entrevistas formaban parte o estaban siendo aprovechadas para insinuar una ruptura del frente gubernamental o para producir esa ruptura a partir de compromisos sacados con “apretadas”. Esta operación quedó finalmente desbaratada en contra de quienes la concibieron porque hasta los gobernadores mejor dispuestos dieron un paso al costado. Quienes gobiernan pueden ser o no ser líderes, porque los liderazgos se forjan en la acción y se da examen a cada momento. Tal vez ellos hayan aprendido que hay que tener clara idea de los objetivos capitales y subordinar a estos fines todo cálculo pequeño. Las ideas (los proyectos, lo que concierne al bienestar del conjunto) son más importantes que las posiciones de poder.
Atentamente:
JOTAVE