Personajes caen en papel cazamoscas

Señor Director:
Usted ha leído, con seguridad, acerca de la situación en que fueron a caer el actor Darín y el humorista Pinti, luego de haber accedido a dar opiniones en un medio de una de las empresas dominantes de la información. En lo que salió y sobre todo cómo salió, según sus títulos y acompañamientos, dicen ellos ahora que les hacen decir lo que no dijeron y que además no es su pensamiento. Se revuelven en esa atmósfera espesa y terminan (caso de Pinti) con algunas expresiones de desaliento. Descubren que no son ellos como personas o como ciudadanos que piensan, el motivo de esa publicación, sino que se los convierte en herramientas para reforzar una interpretación del momento político y de su protagonista central (la presidenta de la nación). Las explicaciones de Pinti, en particular, revelan que se sienten atrapados en una especie de papel cazamoscas, que los aferra más cuando más intentan despegarse. Quienes han observado a la mosca en esa situación saben que, al final, el pobre bicho se queda quieto, ya por agobio, ya por resignación.
Usted habrá leído también a José Pablo Feinmann, quien escribe: “La verdad ha muerto”. Lo que ve nuestro filósofo parte de la foto de un intubado que publicó el diario madrileño El País, pretendiendo que se trataba del presidente Hugo Chávez y para crear la sensación de que se mantenía vivo artificialmente. Fue una mentira a sabiendas, lo que significa que se acabó la vieja deontología periodística sobre chequeo prolijo y preciso de la información para evitar ser vehículo de “pescado podrido”. Ahora, directamente, se fabrica pescado podrido y se lo presenta como reflejo de la realidad.

Eppur
Habrá quienes recuerden ese “sin embargo, se mueve”, que atribuyen a Galileo Galilei. Estaba siendo juzgado por haber adherido a la nueva concepción del universo que se venía abriendo paso, especialmente desde que se pudo mirar el firmamento con los rústicos telescopios iniciales. Debía abjurar de algunos de sus dichos o iría a la hoguera o a algún otro destino penoso. Aceptó hacerlo y habría sido en esas circunstancias que susurró su “eppur”. O sea: creía que por más que sintiese forzado a desmentirse a sí mismo, la Tierra seguía y seguiría moviéndose en el cielo, en torno al Sol y con el Sol, lo que implicaba el derrumbe de la teoría ptolomeica que había estado vigente desde siglos y que la Iglesia compartía.
Feinmann dice ahora que “La verdad ha muerto”.
La verdad juega para el hombre un papel semejante al de la zanahoria con el burro. Ha despertado la curiosidad o el asombro o la admiración, sacándonos de la creencia de que ya se sabía todo lo que era conveniente saber. No parece que Feinmann baje los brazos, sin embargo, pues sabe que hay un eppur, que la Tierra se mueve y que hay que seguir explorando los cielos y también la sociedad humana y la intimidad del hombre, siempre en pos de la mítica zanahoria.

Laberinto
La tradición dice que Dédalo ideó y construyó el laberinto de Creta para poner al Minotauro en imposibilidad de salir a hacer daño no controlado por el poder real, pero en condiciones de seguir con vida. El héroe Teseo pudo entrar y matarlo. Luego logró hallar la salida porque Ariadna (araña), hija también de Pasifae (como el hombre toro), le había entregado su hilo sutil que lo trajo de vuelta… a sus brazos. Por un tiempo, al menos.
El antecedente mitológico viene a la memoria ahora que en nuestra Pampa se ha podido descubrir que los caminos (los pavimentados y los de tierra o ripio) que cruzan nuestro territorio, serían tan enrevesados que han podido distraer o confundir a quienes hicieron el folleto que entrega la policía en el loable Operativo Vida, de modo que aparecen caminos de ignorada existencia y faltan otros..
Es de esperar que algún turista que se guió por tan confiable fuente no haya tomado las ignoradas sendas y ande por ahí, sin rumbo y desesperado. O sin combustible.
Atentamente:
JOTAVE