Petróleo, soja y matriz productiva

La pronunciada baja en el precio internacional del petróleo y de la soja no es indiferente para la economía de La Pampa que, como todos saben, tiene sus pilares básicos en la producción de materias primas sin valor agregado.
Si no fuera por la intervención activa del Estado nacional, las provincias productoras de petróleo hoy estarían mucho peor. A pesar de que hasta ayer aturdían con sus protestas contra Buenos Aires por lo que consideraban una “injerencia inaceptable” en el mercado hidrocarburífero, hoy tienen que agradecer que el gobierno nacional haya logrado sostener más alto el precio interno de crudo a través de un acuerdo con las empresas y las provincias para evitar que los valores se derrumben a los niveles que ya llegó en el escenario mundial. Así se está logrando, no sin esfuerzo, mantener una actividad económica que sostiene tantos puestos de trabajo y atenuar la baja de las regalías hidrocarburíferas que, como lo saben los pampeanos, son relevantes para las arcas de los tesoros provinciales.
Con el ascenso imparable de los capitales financieros internacionales, el petróleo y la soja -como tantas otras materias primas- pasaron a ser también objeto de especulación en las bolsas de todo el mundo. Así, las alzas y bajas estrepitosas de los precios dejaron de responder a factores materiales (climáticos, productivos, etc.) y hoy obedecen a gigantescas operaciones de los grandes fondos de inversión que se mueven en el mundo sin respetar fronteras. Los analistas no se ponen de acuerdo sobre las causas del derrumbe del petróleo, aunque muchos se inclinan a pensar en una maniobra geoestratégica de EE.UU. con la complicidad de su aliado y mayor productor del mundo: Arabia Saudita. La operación tiene un objetivo que, en verdad, se está cumpliendo: perjudicar a Rusia, Venezuela e Irán, tres países que no obedecen las voces de mando de Washington. Es la mentada globalización en toda su crudeza la que está operando en este escenario convulsionado y que muestra signos inquietantes.
En lo que concierne específicamente a nuestra provincia, es una oportunidad más de discutir sobre su desarrollo económico. Su dependencia excesiva de la producción de materias primas y la ausencia de una estructura industrial significativa terminan por tornar sumamente frágil la economía pampeana. Es su aparato estatal el que termina absorbiendo el mayor peso a la hora de amortiguar los desequilibrios que provocan estos abruptos cambios en los mercados de las materias primas agropecuarias e hidrocarburíferas.
Este es el principal problema que hoy debe enfrentar nuestra provincia. Y lo que se aguarda es algo más que palabras y proyectos. Que están bien si no fuera por el sencillo y contundente hecho de que el partido que gobierna esta provincia lleva más de tres décadas ininterrumpidas en el ejercicio del poder. Pero, en este año electoral, a la oposición también debe exigírsele que, más allá de los enunciados y las expresiones de deseos, exponga ideas viables, realizables para terminar con la matriz burocrático-pastoril-extractiva que hoy ensombrece el presente y el futuro de los pampeanos.