Pirotecnia: solo la punta del iceberg

Hay ocasiones en que vecinos y municipalidad de Santa Rosa parecen confabulados para volver las cosas más difíciles en la ciudad. El derroche de ruido pirotécnico que se sufrió en estas fiestas de año nuevo, y que motivó la queja generalizada a través de infinidad de llamados a las radios, apareció como uno de esos problemas. La venta de fuegos artificiales tuvo lugar a la vista de todos mediante el uso de las redes sociales en abierto desafío a la prohibición expresa de la ordenanza y al control de las autoridades. Consecuentemente, el uso de esos perturbadores “juguetes” ganó la batalla al extenderse por la ciudad sin que nadie hiciera nada por evitarlo.
Cabe recordar que al momento de aprobarse la ordenanza se plantearon serias dudas sobre su efectividad en razón de que prohíbe la venta y tenencia de pirotecnia pero no su uso. Curiosa forma de combatir la contaminación sonora con una legislación “renga” cuyas debilidades se advirtieron al momento de su gestación.
Pero también hay que detenerse en la forma en que las autoridades municipales ejercen su función de control. Es harto sabido que en Santa Rosa no existe lo que se dice una tradición de firmeza a la hora de hacer cumplir las normativas que rigen para facilitar la convivencia social en el espacio común de la ciudad. No es un problema nuevo, al contrario, reconoce décadas de laxitud, con lo cual las cosas se han tornado mucho más difíciles a la hora de procurar soluciones frente a circunstancias que provocan tensiones entre los vecinos.
En una suerte de círculo vicioso, la prolongada ausencia de compromiso con el cumplimiento del ordenamiento legal por parte de las sucesivas gestiones de la comuna, ha ido derivando en la proliferación de conductas tóxicas para el desenvolvimiento de la vida en sociedad. Sobran los ejemplos. El tránsito anárquico que muestran las calles santarroseñas no reconoce otro origen que esa falta de autoridad para hacer respetar las normas. El caos que observan quienes nos visitan y el elevado nivel de accidentes es la mejor demostración. Además las agresiones de exaltados conductores a los inspectores de tránsito han obligado a la intervención de la policia provincial en un terreno de exclusiva incumbencia comunal como se puede ver en tantas otras ciudades.
La falta de conciencia y de cuidado en el uso de un bien vital y escaso como el agua es otro indicativo de la desaprensión social. Los niveles de consumo promedio en la ciudad son exorbitantes, aún en períodos críticos, y si se suman las elevadas pérdidas en las redes de distribución no puede dar como resultado otra cosa que el cuadro catastrófico que hoy ofrece Santa Rosa.
La caída de la recaudación por las tasas municipales es otro grave problema. En este caso lo llamativo es que también se registra ese injustificado incumplimiento hasta en los barrios de los sectores sociales más pudientes, por no hablar de los adjudicatarios de viviendas del Estado que, en gran proporción, ni siquiera abonan las modestísimas cuotas por ese preciado bien que reciben del esfuerzo colectivo de la sociedad.
Ni siquiera los árboles se salvan de la falta de compromiso social hacia el prójimo y el ambiente. La depredación del patrimonio forestal ha alcanzado niveles alarmantes a la vista de todo el mundo, incluso de las autoridades que han abandonado su rol de controlar, cuidar y educar para que no tengamos que padecer el triste espectáculo que dan tantas cuadras casi despobladas de árboles y con los canteros de las veredas vacíos o tapados con cemento.
Con el año que está comenzando cabe expresar el deseo ferviente de que tanto las autoridades municipales como los vecinos que deben convivir en el mismo espacio urbano comiencen a cobrar conciencia, pero sobre todo a actuar, a fin de alcanzar niveles de armonía más aceptables con el entorno social y ambiental.