viernes, 20 septiembre 2019
Inicio Opinion Poco entusiasmo y muchos indecisos

Poco entusiasmo y muchos indecisos

ELECCIONES EN CORDOBA

El domingo 12 de mayo serán las elecciones provinciales en Córdoba, y por primera vez desde 2007, se harán en simultáneo con las de intendente y concejales de la capital.
IRINA SANTESTEBAN
El favorito a ganar la elección número 10 desde el retorno a la democracia es el gobernador, Juan Schiaretti, quien va por su reelección. Además, si gana será su tercer mandato no consecutivo, pues ocupó el Centro Cívico también en el período 2007-2011, cuando le ganó por sólo 17.000 votos a Luis Juez, en medio de acusaciones de fraude.
La muerte de José Manuel de la Sota en la autopista Córdoba-Río Cuarto, dejó a «Juan» como líder indiscutido del peronismo en Córdoba. Y respetando la tradición dinástica, Natalia de la Sota encabeza la fórmula para legisladores provinciales.

Divisiones.
En 2015 Córdoba fue la provincia que más apoyo electoral le otorgó a Macri, 72% de los votos. Gracias a ello, el presidente visitó la provincia en reiteradas oportunidades porque se sentía como «en su casa», siempre con el gobernador. Hasta compartieron un ridículo baile en Hernando, en la fiesta del maní, al son de una canción de Gilda.
Si el PJ (Unión por Córdoba, ahora Hacemos por Córdoba) temía que Cambiemos podía disputarle la provincia que gobierna desde hace 20 años, ese temor desapareció ante la división de los candidatos macristas: Ramón Mestre hijo, intendente desde 2011 de Córdoba, y Mario Negri, histórico dirigente radical, hoy jefe del interbloque gobernante en Diputados. Se ufanan los radicales de la democracia interna en su centenario partido, pero Negri no quiso aceptarlas. Van en listas separadas: Mestre con el aparato radical y Negri con el apoyo del gobierno nacional.
Y tan mal le va a Macri que en la provincia que más lo votó hace menos de 4 años, es muy probable que salga tercero, repitiendo la pobre performance que viene mostrando en las provincias. Para apoyar a Negri primero desembarcó Elisa Carrió, que fiel a su estilo, embarró peor la cancha: su desafortunada referencia a la muerte de De la Sota le acarreó repudios amplios, no sólo peronistas. Como última carta, el oficialismo hizo jugar al «peso pesado» de su staff, María Eugenia Vidal, pero lejos estuvo de entusiasmar a los votantes, en una campaña deslucida y con poco debate de propuestas.

Deserciones.
Y si algo faltaba para que Schiaretti corriera tranquilo con la fusta bajo el brazo, el 23 de marzo, día del cierre y presentación de las listas, 3 horas antes del plazo, la lista kirchnerista del Frente Córdoba Ciudadana resolvía no presentarse. El candidato a gobernador que no fue, el diputado nacional Pablo Carro, luego explicaría que «fue una señal de unidad hacia el PJ, de cara a las elecciones nacionales de octubre». Lo cierto es que antes de resolver la no presentación de la lista hubo 2 llamados, de Máximo Kirchner y Marcelo Parrilli, pidiendo bajar la lista. Uno de los argumentos fue que, en el actual contexto, y según alguna encuesta, el espacio K no iba a sacar más del 4% de los votos. Algo poco creíble, pues en 2015 el kirchnerismo logró un 17%, y en 2017 casi un 10%.
La diputada nacional por Córdoba, Gabriela Estévez, reveló finalmente la estrategia del kirchnerismo: dijo que había que «votar al peronismo», léase Schiaretti. Otro espacio kirchnerista en la provincia, el Consejo de Organizaciones de Unidad Ciudadana (COUC) se pronunció por «no votar a Schiaretti». Como se sabe, el peronismo es un movimiento amplio que incluye en su interior las posturas más disímiles.

Otras listas.
Son 13 las opciones que se ofrecen al electorado el próximo domingo, en una gama de partidos que incluye 3 espacios trotskistas (FIT, MAS y MST); dos vecinalistas; la UCeDé (que abandonó a Cambiemos); el PH; entre otros; y se calcula que sólo cinco partidos tendrán chance de colocar representantes en la Legislatura Unicameral, que renueva sus 70 miembros.
Las encuestas a 5 días de los comicios, muestran que todavía hay entre un 15% y un 20% de indecisos.

BUS.
Así se llama la Boleta Única de Sufragio que rige en Córdoba desde 2011, un cambio importante frente al viejo sistema de boletas individuales. Es una papeleta con todas las opciones políticas que pueden votar los electores, divididos por tramos. Cada tramo se marca con una cruz o tilde y representa la preferencia del ciudadano, y también puede marcar la primera opción (de color negro) que significa que vota por la lista completa.
A pesar de que ésta es la tercera elección provincial en la que se utiliza la BUS, todavía existen confusiones, en especial en los nuevos votantes. Pero este sistema fue un avance en relación al anterior, ya que se evita el conocido robo de boletas en el cuarto oscuro, o la actuación de punteros que llevaban al elector con su voto en el bolsillo.
En las elecciones de Córdoba, hay una activa participación del Poder Judicial, a través de la figura del Fiscal Público Electoral (FiPE), y este año se incorporó el IPE (Informante Público Electoral), que son empleados y funcionarios judiciales que, en distintos lugares públicos de toda la provincia, informan a la ciudadanía cómo se utiliza la BUS y todo lo relativo a las elecciones.

Sin debate.
Si bien la BUS es un avance en cuanto al método electoral, en Córdoba no hay igualdad en la publicidad de los candidatos y las propuestas. A diferencia de las PASO, donde todos los partidos tienen la misma cantidad de minutos en publicidad en la televisión y los medios de prensa, en Córdoba cada partido cuenta con los fondos que le otorga el presupuesto, según los votos que obtuvo en la elección anterior. En Córdoba este sistema beneficia claramente al actual gobierno y a los partidos más grandes, y disminuye las chances de los más pequeños, limitando la posibilidad de nuevas opciones políticas.
Tampoco hay obligatoriedad de debate, y como al que se cree ganador no le interesa debatir, la ciudadanía no tuvo la oportunidad siquiera de conocer a todos los candidatos, ni tampoco lo que proponen, si es que proponen algo.