¿Policía desbordada?

Los últimos y resonantes hechos delictivos en nuestra provincia vinieron a corroborar la presunción de que la policía pampeana está siendo desbordada en su accionar. El reconocimiento por parte de un alto jefe provincial acerca de que la droga transita -casi naturalmente- por caminos pampeanos es una prueba de ello. Sea por falta de equipamiento técnico, personal, información o planificación adecuada la fuerza de seguridad aparece cumpliendo una labor que está lejos de considerarse aceptable.
La provincia parece convertida en un objetivo de la delincuencia de más envergadura; la cercanía y el fácil acceso a Buenos Aires y el conurbano -gran mercado de robos y base de operaciones- hacen que nuestro territorio sea un blanco relativamente fácil para quienes viven del delito. También parece innegable el hecho de que en las principales ciudades pampeanas funcionan bandas que están introduciendo novedosas formas de delito. El reciente e insólito robo de un vehículo en General Pico viene a corroborar esa afirmación. En una misma noche se sustrajeron varios automóviles, uno de ellos nada menos que ingresando al local de ventas donde se exponía y saliendo a través de una vidriera, que rompió el mismo vehículo. Semejante audacia no reconoce demasiados antecedentes y habla a las claras de un trabajo de inteligencia eficiente ya que, hasta el momento, el automóvil no ha sido encontrado.
Lo ocurrido sobresale en medio de muchas otras acciones de menor importancia y habla de la necesidad urgente de adoptar nuevas metodologías preventivas de control y vigilancia, so pena de seguir profundizando una tendencia firme que se ha consolidado en los últimos tiempos y que ha terminado de convertir lo que era una provincia tranquila en una presa fácil. El reconocimiento de que la policía cuenta con solo un scanner, instrumento de gran utilidad y ampliamente difundido en la lucha contra el narcotráfico, viene a confirmar las inquietudes de los pampeanos acerca de las deficiencias que afectan a la repartición.

Un nuevo traspié
La reciente reunión del G20 en Hamburgo tuvo consecuencias absolutamente inesperadas al registrarse protestas masivas contra el neoliberalismo que fueron violentamente reprimidas por las fuerzas de seguridad germanas. Pero también encuentro tuvo para los argentinos un hecho significativo, como lo fue el papel deslucido que, a pesar suyo, le tocó cumplir al presidente de la Nación.
Se sabe que el jefe de gobierno, desde su misma asunción, alentó pretensiones de ser considerado un estadista con reconocimiento internacional, apoyado, desde luego, por los grandes medios oficialistas. Esas ilusiones se desvanecieron rápidamente, primero con el traspié sobre Malvinas en la ONU -cuando se vio drásticamente desmentido por la cancillería británica-, y luego cuando fracasó en su pomposo intento de imponer a la ex canciller argentina como secretaria general de la ONU.
Durante esta reunión del G20 al presidente le tocó padecer un nuevo trago amargo; fue cuando la primer ministra de Gran Bretaña y el presidente de Francia, nada menos, quienes tenían en su agenda sendos encuentros con las máximas autoridades argentinas, anularon las citas sorpresivamente en una actitud muy cercana al desaire. El jefe de gobierno se quedó sin esos actos que hubieran fortalecido su figura y los medios oficialistas sin dos fotografías de alto impacto publicitario.
Fue un duro golpe para un gobierno que presume de haber “reinsertado” a nuestro país en el mundo luego del “aislamiento” al que lo habría llevado la administración anterior. Y más todavía porque los países que hicieron fracasar las reuniones forman parte de la elite internacional de occidente y, para el relato macrista, Argentina pasó a formar parte de ese selecto club con su solo triunfo electoral y el nuevo rumbo económico adoptado, de neto corte fondomonetarista.