Inicio Opinion Política y estrategia: simbiosis de la acción

Política y estrategia: simbiosis de la acción

La consideración de las múltiples experiencias políticas no puede dejar de ser afectada por la materialización previa de marcos teóricos que permiten una avezada comprensión y posterior acción sobre los distintos territorios donde se deslizan todos los actores de una compleja sociedad surcada por múltiples y contradictorios intereses.
En primer lugar, el conocimiento profundo del funcionamiento del sistema capitalista no puede ser ajeno al estudio de los aportes de la Economía Clásica de la mano de Smith, Marx y Ricardo que en nuestro recorte político se complementan con los trabajos del General Perón, en particular el clásico «Manual de Conducción Política».
Asimismo, se recomienda el repaso de «El político y el científico», de Max Weber, «El Príncipe», de Nicolás Maquiavelo, y el no menos conocido «El arte de la guerra» de Sum-Tzu.
Las transformaciones producidas en los últimos 40 años nos obligan a recorrer los valiosos aportes del geógrafo inglés David Harvey, en efecto de comprender el hoy y un posible mañana en el marco de las restricciones presentes.
De esta manera, la permanente actualización teórica permite soslayar los intentos de estandarización de los medios masivos de comunicación y de sus productos, particularmente los periodísticos, a los cuales se debe obtener una mirada crítica y desafectada.
Dicho esto, el vínculo con el campo político debe de ser de permanente observación y análisis de la conducta de los actores con los cuales se relaciona el militante, percibiendo desde su olfato político lo no dicho por ellos mismos para determinar las verdaderas voluntades que son básicas en su futuro accionar político.
Desde una mirada o una palabra puede ser la clave y para ello si el militante ha tenido contacto con materiales de la ciencia psicoanalítica o ha tenido experiencias en efecto, podrá agudizar la mirada en conjunto con su propio olfato.
Se debe escuchar más de lo que se debe hablar, registrando tanto los distintos diálogos y respuestas a fin de recordar ante estos actores las distintas posturas que desde un principio debe saber que no serán homogéneas, sino que tenderán a la diferenciación.
El no citado de las fuentes y el deslizamiento de trascendidos permite objetivizar el vínculo entre los actores que una vez y con el tiempo conocidos en profundidad permitirán acercar la relación y entablar mayores niveles de complejidad en los diálogos. El entendimiento con distintos actores -sean éstos afines o no a nuestro pensamiento- permite enriquecer nuestro análisis político, aún a sabiendas que dichos intereses se contraponen a los propios.
La graficación del escenario político en cuadros o fichas permite también estimular bajo una distancia epistemológica el proceso en curso, advirtiendo fortalezas y debilidades de nuestra estrategia política.
Por otra parte, sería casi fundamental contrastar con la vida pública corriente nuestra postura o ideal, para lo que se requiere tomar contacto con actores comunes de la realidad que se encuentran en nuestra comunidad y que por distintas razones no participan de la vida íntima de la política a la que estamos afectos, pero que son en definitiva los que deciden el futuro accionar político de la sociedad. (Ezequiel Beer-Geógrafo UBA).