Por qué esta vez no hubo reacción

Las autoridades de la comuna de General Acha han dejado avanzar un proyecto inmobiliario privado que tiene un altísimo costo ambiental. Ayer este diario publicó la preocupación que existe por el arrasamiento de una reserva de caldenes. Ese aspecto, muy importante desde luego, se refiere solo a la parte visible, a lo que ocurre en la superficie. Pero hay otro más oculto, que también presenta consecuencias muy negativas y cuyos resultados solo se verán dentro de un tiempo.
La urbanización en ciernes está asentada justamente sobre la zona de recarga del acuífero que abastece de agua a la ciudad. Las varias decenas de viviendas que se van a levantar dispondrán, cada una de ellas, de su propia perforación para extraer agua y su respectivo pozo ciego, en lugar de red cloacal. Como se puede ver, la suma de factores negativos que presenta este emprendimiento no es tranquilizador, y conduce inmediatamente a la pregunta de por qué el Concejo Deliberante y el Ejecutivo de General Acha no le pusieron un freno o lo direccionaron hacia otras zonas menos frágiles desde el punto de vista ambiental.
El tema es bien conocido en los círculos políticos achenses desde hace tiempo. Al menos un año. Por esa razón llama la atención la quietud y el silencio de quienes se movilizaron con tanto ímpetu para cuestionar la radicación de una industria como Fiasa. Cuando se presentó el proyecto de aquella empresa, hace algunos años, muchos dirigentes y vecinos salieron a la calle a protestar y manifestar airadamente su desacuerdo. Ahora nada de eso ha sucedido a pesar de que este emprendimiento es más agresivo con el ambiente que el anterior. Aquella industria requería apenas media docena de perforaciones y tenía previsto un sistema de tratamiento de efluentes para evitar la contaminación del acuífero. Esas previsiones están ausentes en el barrio proyectado. La sola presencia de pozos ciegos ubicados justamente en la zona de recarga del acuífero habla por sí sola del alto riesgo de contaminación que hoy se está aceptando.
Hace pocos días en Quemú Quemú tuvo lugar un hecho ejemplar. Allí las autoridades comunales reunidas con las de la cooperativa que presta el servicio de distribución de agua potable, funcionarios provinciales del área hídrica, empresarios y vecinos resolvieron rechazar un emprendimiento inmobiliario. Las causas eran exactamente las mismas que enfrentan los achenses: la inconveniencia de afectar el oasis subterráneo del que hacen uso todos los quemuenses. Analizados y debatidos, entre todos, los factores positivos y negativos del emprendimiento, se llegó colectivamente a la conclusión de dejar el área libre de contaminación.
Por qué en General Acha no se siguió el mismo camino, es la pregunta que los pampeanos se hacen hoy. Por qué no afloró esta vez una reacción como la que se observó frente al proyecto de Fiasa a pesar de que, como se dijo, aquella iniciativa era muchísimo menos onerosa en términos ambientales. Son preguntas que deberán hacerse los achenses porque, en última instancia, serán ellos los que sufran las mayores consecuencias.

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