Por ahora vemos cómo se deshace una región

Señor Director:
Al tiempo que aquí, en la Argentina, comenzamos a reacomodar las piezas del tablero para disponerlas para ver si es posible gobernar sin mayores sobresaltos por una transición, el futuro inmediato del mundo sigue disputándose en Medio Oriente.
Francia, lastimada por actos terroristas, busca definir el escenario de la guerra total que se dispone a emprender para terminar con los jihadistas que, además de golpear en París, también lo hicieron en Mali, o sea en un centro de lo que fuera el imperio colonial de Francia (cien años en África y un poco menos en Siria). Digo que ve su enemigo en los jihadistas y no solamente en su versión del Estado Islámico, porque en Mali golpeó la rama que sigue denominándose Al Qaida, de la cual algunos expertos europeos venían diciendo que ha renunciado al terrorismo porque ahora busca afianzarse políticamente en medio oriente a fin de dar forma a un estado islamista. El italiano Claudio Lo Jacono, que se desempeña en el instituto orientalista de la universidad de Nápoles, acababa de decirle a una periodista argentina que lo entrevistó que el jihadismo que actúa en Siria domina los pozos petrolíferos y los mantiene productivos, vende oro negro y compra armamento norteamericano y vaya a saber si no también francés, alemán y hasta italiano y que este denominado Estado Islámico ha elegido la guerra, mientras que Al Qaida no hace atentados contra occidente y tiene a su cargo consolidar el dominio político en el mundo árabe. Lo Jacono remite el origen del estado de guerra en Siria y Medio Oriente al derrocamiento de Saddam Hussein, en Irak, mediante una acción militar liderada por Estados Unidos en 2003. Estima errónea la decisión del comando norteamericano de disolver el ejército iraquí, de unos 400 mil soldados, los cuales se encontraron de pronto sin trabajo y se generó una masa enorme de descontentos desencantados de occidente. Cree que un porcentaje más bien pequeño del mundo musulmán participa actualmente de este descontento e incuba odio por las políticas de Occidente. Hay 1200 millones de musulmanes y de ellos entre 50 y 60 mil eligen el enfrentamiento armado como la vía jihadista. Singular es que ahora Francia y el Reino Unido tienen en su territorio la mayor comunidad musulmana de Europa, la cual lleva allí ya varias generaciones y se ha integrado pacíficamente a esos países. De allí, de Francia y Reino Unido, salen muchos jóvenes que se convierten en combatientes jihadistas. Algunos retornan para ejecutar actos de terrorismo en Europa. Un atentado puede suceder hoy en cualquier punto de Europa. Por otra parte, es difícil golpear a los jihadistas que combaten ahora en Siria, a no ser que se decida una ofensiva terrestre. Occidente sigue alimentando el odio musulmán, pues si ha cedido en su política colonial la ha reemplazado por el colonialismo económico.
A su vez, la historiadora tunecina Sophie Bessis, que se desempeña en París en el Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas, destaca la arrogancia occidental y la idea de que Occidente debe controlar el mundo. Destaca el papel de Arabia Saudita, donde, desde 1973, los petroleros acumularon una inmensa fortuna, como también sucedió en otros estados árabes del golfo Pérsico. Allí gobiernan con dictaduras férreas y son “aliados cercanos de los grandes estados democráticos de Occidente”. Arabia Saudita se ha dedicado a destruir a su vecino Yemen y es la gran compradora de armas norteamericanas. El conflicto entre los mahometanos no es religioso sino político.
No es fácil describir el escenario de medio oriente, donde en estos días se libra lo que Bessis no vacila en designar como una guerra mundial porque “ya están todos ahí”: Estados Unidos, los europeos, los rusos, los iraníes, el Hezbollah, los sauditas… y todos bombardean Siria donde también hay una dictadura feroz desde hace treinta años.
Atentamente:
JOTAVE