Portezuelo y la pata de la sota

La última reunión del Comité Interjurisdiccional del río Colorado (Coirco), llevada a cabo en Buenos Aires, ha tenido novedades muy significativas en lo que se refiere a la represa Portezuelo del Viento, para la cual la provincia de Mendoza reclama condiciones especiales de construcción y manejo. El aspecto más notable radica en el cambio de la posición que mantenían hasta hace poco tiempo otras jurisdicciones integrantes de la cuenca, indiferentes a la postura pampeana que, desde comienzos de las discusiones, advirtió sobre los riesgos que la obra en su concepción actual tenía para con el desarrollo armónico del valle del Colorado y aún para el mismo tratado que lo rige. La presencia de calificados técnicos nacionales en las discusiones aparecía ya como un buen augurio al respecto.
Es que, analizada en profundidad, la represa parece ocultar algún otro propósito. Advertida y acostumbrada a los engaños de Mendoza acaso fuera esa la motivación principal de La Pampa, en soledad hasta esta reunión. Pero a poco que se avanzó en el análisis técnico y se consideraron las circunstancias políticas quedó en evidencia que detrás de ese gigantesco embalse aparece el meneado trasvase de caudales desde la cuenca del Colorado. Una vieja pretensión de Mendoza para, según ha dicho su gobierno, acabar con dos problemas: la ampliación y adecuación de la red de riego en el sur de la provincia y el ya centenario conflicto con La Pampa, a quien le robó los caudales que le corresponden sobre el Atuel.
Lo que las demás provincias condóminas del recurso han advertido por fin es que si la intención de la presa es el primer paso para facilitar aquel trasvase quitando caudales al río Grande y sin que siquiera haya acuerdo sobre la obra compensatoria del Negro al Colorado -prevista en el acuerdo que rige al Coirco-, se cierne un enorme riesgo sobre las vastas extensiones bajo riego de las provincias de aguas abajo, especialmente Río Negro y Buenos Aires. En definitiva: “hay un grado de preocupación importante que implica que en esta presa no están claras las intenciones de la provincia vecina sobre lo que se quiere hacer”, según expresara un técnico pampeano. El cambio de actitud en las provincias abajeñas es claramente indicativo de que quieren una definición clara sobre los alcances de la obra, especialmente porque el gobernador mendocino sigue haciendo campaña por el trasvase de caudales.
La estratagema mendocina quedó puesta en evidencia a partir de la presencia en la reunión citada de un especialista en este tipo de obras -dirigida a la producción hidroeléctrica, según el discurso elaborado por los cuyanos- quien evidenció que la presa en su mejor condición estará en condiciones de producir apenas la tercera parte de los 210 megavatios promocionados por Mendoza. A la sombra de una producción tan reducida y oponiéndola al elevado costo de la construcción (alrededor de 1.000 millones de dólares) vuelve a aparecer la sospechada posibilidad de que la obra tiene la segunda intención de encabezar el trasvase a la cuenca del Atuel, aunque lo niegue el alegato de los mendocinos.
Las evidentes contradicciones cuyanas en los distintos niveles de manifestaciones -expresiones ante la Corte Suprema, declaraciones del gobernador de la provincia, postura en el Coirco, etc.- han terminado por crear un clima de desconfianza en el resto de los integrantes de la cuenca, que se suman así a la hasta ahora solitaria posición pampeana.
Pero por si hiciera falta alguna evidencia más fuerte del doble juego que está desarrollando Mendoza en cuanto a Portezuelo del Viento, allí están las recientes declaraciones de su actual gobernador (un promotor del trasvase) quien ha hecho saber que si Nación no financia Portezuelo del Viento, no le brindará su apoyo al ajuste que el gobierno nacional planea aplicar a través del Presupuesto para 2019.