Premio consuelo

Ya quedó fuera de toda duda -la contundencia de los hechos lo demuestra- que el actual gobierno nacional está muy lejos de querer favorecer a la clase trabajadora. Las tentadoras promesas electorales del macrismo quedaron, en menos de diez meses de mandato, reducidas a meras frases publicitarias vacías de contenido, y demostraron que no hay nada en la ideología ni en las medidas económicas de Cambiemos que apunte a mejorar el poder adquisitivo del salario Por eso surge la pregunta sobre las razones de la reunificada CGT para demorar cualquier acción que busque mostrar el desagrado con la política económica del gobierno.
Se acaba de confirmar, con datos oficiales, el crecimiento de la pobreza en apenas seis meses de la nueva gestión; lo mismo ocurre con el desempleo y la pérdida de más de doscientos mil puestos de trabajo; la actividad económica se derrumba mes a mes y, encima, funcionarios del gobierno se permiten decir que Argentina tiene salarios “demasiado altos”. Por mucho menos la CGT abundó en paros y movilizaciones contra el gobierno anterior (con guiños al macrismo que surgía).
Ante la presión de las bases que han comenzado con huelgas por sindicato, la central obrera anuncia un brumoso paro nacional pero sin fijar fecha. Y acepta consolarse con un medio aguinaldo exceptuado de Ganancias y un bono de fin de año. Semejante resignación obliga a pensar que se juegan otros intereses en la cúpula de la CGT, cuyos dirigentes se presentan enérgicos y decididos ante los micrófonos de la prensa pero se convierten en “tigres de papel” cuando deben traducir en actos sus palabras de enojo por las políticas económicas tan lesivas para los trabajadores.

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