Problemas que proponen tareas a los legisladores

Señor Director:
Dos noticias de estos días me hicieron pensar que revelan problemas que demandan el interés de los legisladores.
Uno es el caso de los envases de agrotóxicos, que se han convertido en un problema por cuanto suponen un riesgo que prolonga en el tiempo la amenaza de tales venenos. De lo temibles que son los agrotóxicos dan cuenta numerosos hechos, entre ellos el muy sensible que provocó la muerte de un niño en Corrientes. O el de un campo del norte pampeano, donde la deficiencia de una máquina para aplicación de herbicidas produjo la descarga del tóxico en el tanque cuya agua se utiliza para el ganado, con la consecuencia de más de dos centenares de vacunos muertos.
Todo permite pensar que no se sabe qué hacer con esos envases porque no está determinado ni controlado lo que deba hacerse. Pasa lo mismo que con las pilas, que han encontrado principio de solución al crearse receptores especiales. Ahora, con más de un millar de estos envases flotando en una laguna de Vértiz, con toda probabilidad de que ha sido posible porque estuvieron mal almacenados, los vecinos se sienten amenazados porque temen que esas aguas, al infiltrarse, afecten la napa que se utiliza para bebida. Y los más sensibles, temen por la suerte de seres vivientes silvestres que vayan a beber de esas aguas mientras permanezcan en tal estado.
Dado que este problema tiene larga data y tiende a agravarse en circunstancias especiales, que siempre se dan, unas u otras, parece tarea propia de gobernantes y legisladores considerar las disposiciones que hay que adoptar para establecer un control cierto sobre el uso de plaguicidas y el destino de los envases que conservan restos temibles del veneno.
La segunda noticia mencionada al comenzar esta nota es la que da cuenta de un femicidio que tuvo lugar en Trenel, el primero de este año en La Pampa. Marcelo Pérez, de 50 años, mató a puñaladas a su esposa, Sonia Alvarado (44), y luego intentó suicidarse. La pareja estaba separada por una denuncia de violencia de género, que dio lugar a una orden de restricción para el hombre, que fue violada cuando éste se lo propuso, como pasa en tantos casos de los muchos femicidios que se producen en nuestro país. He fijado con frecuencia en mis comentarios una posición de respaldo al proceso de empoderamiento de la mujer y he hablado de la deficiencia frecuente de las restricciones de acercamiento. Esta noticia del hecho de Trenel me ha conducido a considerar también el problema del varón, cuya culpabilidad se da por supuesta, lo cual tiene corroboración en la mayoría de los casos.
Dado que ha aumentado exponencialmente el porcentaje de separaciones de matrimonios o parejas informales y se ha podido observar el proceder criminal, pero también demencial, de tantos varones que se ven confrontados a tal situación, creo que ha llegado el momento de poner o acentuar la atención en el varón, porque parece necesario darle asistencia especializada cuando se halle protagonizando una situación conflictiva que motiva la separación y, en los más de los casos, la restricción de movimientos. Lo que propongo pensar es que algo le pasa al varón como efecto del proceso de empoderamiento de la mujer, algo para lo cual no todos están preparados y, entonces, algunos no saben o no pueden superar un estado de cosas que modifica drásticamente su plan de vida y la idea que tienen acerca del papel masculino. No es cosa fácil cambiar la cosmovisión personal y los femicidios demuestran que la consecuencia es un hecho criminal que está perturbando a toda la sociedad. No se trata de cuestionar la legitimidad del proceso de cambio que tiende a favorecer a la mujer y por eso creo que aquí hay una tarea para especialistas y para legisladores. No hay estadísticas, pero descuento que la mayoría de los varones que llegan a la separación, asumen su nuevo estado y buscan y hallan otra ruta. Pero, algunos no.
Atentamente:
Jotavé

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