Problemas en Bolivia que se deben atender

SEÑOR DIRECTOR:
En el pasado fin de semana, mientras leía las columnas periodísticas metropolitanas, me golpeó una frase de Horacio Verbitsky. Es la que dice que Alfonsín, cuando afrontó su crisis, tenía la imagen de una Argentina europea. Si hubiese puesto atención a lo que acababa de pasar en Bolivia y hubiese pensado que la Argentina es más latinoamericana que europea, pudo haber tenido otra actitud.
Luego Verbitsky dice que Bolivia “anticipa” lo que va a suceder o que puede suceder en la Argentina.
La referencia resulta inquietante. No es necesariamente cierto que lo que suceda allá se ha de repetir aquí, pero puede haber un grado de probabilidad. El mismo Verbitsky recuerda que el genetista argentino Daniel Corach estableció que el 56 por ciento de la población actual de nuestro país tiene sangre indígena. Veinte millones de argentinos son de origen indígena; los otros 16 millones tienen sus ancestros en Europa. Corach trabajó durante más de diez años en el examen del ADN de 12 mil personas de once provincias. Recuerdo que cuando se difundieron estos estudios de Daniel Corach, muchos argentinos nos pusimos a repasar lo que sabíamos acerca de los ancestros y muy pocos dejamos de advertir que sí, que era muy posible que llevásemos sangre aborigen. La importancia política de este dato se hace notoria cuando se trata de entender cómo se ha estado avanzando en la creación del Mercosur con la intención de hacer efectiva una comunidad que no sólo comparta intereses económicos, sino que también reconozca (como en Europa) que las fronteras actuales dicen poco acerca de lo étnico y que hay una base natural y también una base cultural en el sustento del proyecto que pusieron en marcha Brasil y la Argentina, con el respaldo de Paraguay, Uruguay y Bolivia y el rápido acercamiento de Chile.
En todo caso, sin entrar en el detalle de lo que haya o deje de haber de sangre aborigen, hoy seguimos con atención lo que sucede en Bolivia. La discrepancia política a partir de diferencias económicas y de distribución de los bienes y recursos generados en ese territorio, ha llegado a un punto en se habla abiertamente de la posibilidad de la secesión de los sectores bolivianos con mayor riqueza natural. Asimismo, es importante observar el comportamiento del presidente Evo Morales, de sangre aimara, quien ha expresado su voluntad de someterse a un referéndum ratificatorio de su autoridad. Incluso la iniciativa para esta ratificación de la voluntad popular partió del gobierno que preside Morales. A partir de este hecho cabe más de un desarrollo de nuestro tema. Me atengo aquí a sólo uno de ellos: el reconocimiento implícito de que toda autoridad está referida a la voluntad de la comunidad expresada mediante voto. Podrá decirse que Morales accede porque las encuestas le son favorables, pero sucede que también los prefectos, incluyendo los que se le han enfrentado por el reparto de bienes, van al referéndum. Si éste se hace, finalmente, el convulsionado vecino habrá dado una muestra de acatamiento básico a la idea de la democracia.
Lo que queda por ver, por lo de Bolivia y lo de toda la región y de muchos más lugares, es en qué medida la idea democrática es rectora. En qué medida el voto del soberano crea la autoridad e impone su reconocimiento. Estamos escuchando muchas voces que dan mayor latitud a la legitimidad y sabemos que los gobiernos surgidos del voto se hallan sometidos a presiones de corporaciones expresas o implícitas, que han estado aumentado su poder. En la misma Europa se oyen cuestionamientos a raíz del problemas creados por la inmigración, al tiempo que en Estados Unidos (el otro foco originario de la democracia moderna) la candidatura de un hombre de color, que puede llegar a la presidencia, nos coloca ante lo que llegaría a ser un test revelador de la fuerza transformadora de la a veces tan cuestionada idea democrática.
Atentamente:
JOTAVE