Proceso que amura y propone otro mundo

Señor Director:
Leía, días pasados, que avanza la construcción del Muro de Calais y mientras imaginaba un final de campos de concentración para los diferentes, me sonaba en los oídos la letra del tango que dice eso de “Percanta que me amuraste/ en lo mejor de mi vida…”.
Amurar, en la canción, es una voz del lunfardo definida (por Gobello) como empeñar, dar una cosa en prenda por un préstamo, y también da cuenta de encerrar (en la cárcel) o abandonar, clavar o estafar, clausurar, casarse…y viene del genovés amurrá: encallar, varar, paralizar.
El sentido general de estas acepciones se coloca bien lejos del ámbito de libertad con que el hombre siempre sueña, sin definir muy bien cómo se resuelve esta aspiración con la dependencia que tenemos con los otros y, en particular, con la otra o el otro. Es verdad también que el hombre (varón, mujer y sus intermediarios) no pocas veces cede a una tentación, que emerge de sus honduras, y tiende a levantar muros que hagan de su hogar un espacio exclusivo de soledad o privacidad para compartir con los suyos, lejos de toda mirada. Recuerdo, de mi niñez, el caso de un hombre de Santa Rosa que había levantado los tapiales más altos para que la vida de su mujer y lo que él compartía con ella transcurriese sin miradas ajenas.
Estos recuerdos afloraron cuando leía acerca del Muro de Calais, porque sentí que confirma la amenaza de terminar dividiendo a la humanidad en tribus, en camino de repetir la experiencia extrema de los anacoretas que se iban a la montaña o al bosque o incluso se ocupaban una altura de la que nunca se bajaban, aunque sí aceptaban de los curiosos que les dieran agua y comida (y, supongo, se llevasen sus desperdicios de todo tipo). Sin caer en la cuenta que esta relación con los otros probaba la dependencia necesaria.
Lo cierto es que hoy estamos intensificando la construcción de muros, después de haber hecho del Muro de Berlín un motivo de burla al comunismo ruso, presentándolo como un desvarío. No obstante el descrédito de ese muro, tan destacado por la propaganda occidental, las nuevas murallas están apareciendo de preferencia en el país de los que ayer se burlaban de los rojos. Ahí tenemos, entre los más notorios, el muro de Israel (para aislarse de palestinos) y el de los Estados Unidos para impedir la entrada clandestina de mexicanos y de toda subespecie establecida en su poblado “patio trasero”. El candidato republicano Trump, que competirá por la presidencia, ganó notoriedad al declarar que su proyecto principal o más resonante, es perfeccionar el actual muro, haciéndolo más fuerte, más largo, más alto y más profundo, pues los mexicanos (y los norteamericanos que lucran con ellos) se ingenian para pasar drogas y personas por arriba o por abajo. Además, Trump dice que el costo de tan formidable obra, casi competidora con la muralla china, deberá ser pagado enteramente por el gobierno de México.
El muro de Calais ya se construye. Se erige en la costa norte de Francia, en relación con la carretera que desemboca en el túnel que, por debajo del mar, conduce al territorio del Reino Unido. Es éste, el R.U., el que paga el costo (unos 2,7 millones de euros), por acuerdo con Francia. El muro se desarrolla a lo largo de un kilómetro y con cuatro metros de alto, a ambos lados de la carretera y luego se prolonga en un vallado que cierra el paso hasta la boca del túnel. Lo que se busca es impedir que los ocupantes (estimados entre 7 y 10.000) del campamento de inmigrantes, llamado La jungla de Calais, logren llegar hasta la autovía o la boca del túnel para pasar hacia Inglaterra en alguno de los trenes, principalmente el que transporta vehículos. Los emigrantes que quieren llegar a Inglaterra tratan de esconderse en los camiones que pasan por la carretera.
La noticia dice la gente de Calais estima que lo que se debe hacer es desmantelar totalmente dicho campamento. No explican qué se haría con sus ocupantes.
Atentamente:
Jotavé

Compartir