Profundizando el desequilibrio

La decisión inicial de convertir Radio Nacional Santa Rosa en una repetidora de la emisora central ubicada en Buenos Aires provocó desconcierto e indignación pues aparecía como una ofensa al federalismo. No hay pampeano que pinte canas que no guarde en su memoria los mejores recuerdos de aquella LRA3 cuando era la única radio de la provincia y la primera entre sus pares en habilitarse en el interior del país.
Finalmente, luego de conocida la información y las expresiones de rechazo que provocó, se dio marcha atrás con aquella medida y, en lugar de la tradicional señal de amplitud modulada, la que pasará a integrar la “cadena nacional” será la de frecuencia modulada (FM).
De todos modos no deja de ser algo así como un “mal menor”, pues no alcanza a comprenderse cuál es el beneficio de que la radio pampeana -en su versión FM- y sus iguales ubicadas en cada una de las provincias argentinas, pierdan su identidad federal, la capacidad de generar sus propios contenidos y pasen a engrosar una red nacional que reproducirá la voz de la capital argentina. No deja de ser otra batalla que el interior pierde frente a los porteños.
Y todavía es más incomprensible si se recuerdan las campañas electorales del macrismo y sus aliados con sus fuertes críticas al “centralismo” y al “autoritarismo” del gobierno kirchnerista y las promesas de “cambio”. Hoy, con esta apropiación de emisoras de las provincias para sumarlas a la voz oficial de la Capital Federal se reproduce el mismo mal que ayer cuestionaban.
Como si no fuera ya lo suficientemente desequilibrado el panorama entre los medios del interior y los porteños llega ahora esta inexplicable orden que no hace otra cosa que profundizar la brecha. Una muestra clara de lo despareja que es la competencia entre ambas partes lo da el hecho de que a los medios capitalinos se los exalta con el calificativo de “nacionales”, en cambio a los del interior se los subestima con el apelativo de “locales” o, a lo sumo, “regionales”.
Desde sus mismos comienzos, cuando despuntaba la década de los cincuenta, Radio Nacional Santa Rosa tuvo contenido propio y sus locutores, periodistas y técnicos eran de nuestro medio. Es cierto que había varios espacios, como los informativos nacionales entre otros, que eran producidos en Radio Nacional Buenos Aires, pero la mayor parte de la programación diaria era de factura local. Esa saludable tradición federalista fue respetada por todos los gobiernos, hasta por los de signo autoritario, por eso asombra esta iniciativa surgida en los despachos porteños que -al convertir en repetidoras a las FM de las radios del sistema oficial de comunicaciones ubicadas en las provincias- apunta a reforzar el desequilibrio comunicacional del país en favor de la parte más fuerte y en desmedro de la más débil.
Tampoco se entiende el desplazamiento de uno de los periodistas del equipo de la radio mediante una argumentación de tipo administrativo (la ocupación de dos cargos en el Estado). La medida aparece como respondiendo a otras motivaciones, porque de existir la voluntad de superar ese problema se pudo haber ensayado un camino distinto.

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