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Prontuario de Juan Schiaretti, gobernador amigo de Macri

SE PERFILA PARA SU TERCER MANDATO DE GOBERNADOR

El 12 de mayo hay elecciones a gobernador, legisladores e intendente en Córdoba. El gobernador se perfila como ganador. Es un peronista afín a Macri.
SERGIO ORTIZ – La ruptura política de Cambiemos, con divorcio ante la justicia electoral de Córdoba, fue excelente noticia para Juan Schiaretti, que el 19 de junio soplará 70 velitas con «happy birthday». La división en dos fórmulas, Mario Negri-Héctor Baldassi versus Ramón Mestre-Carlos Briner, facilitará una victoria del mandatario peronista.
De todas maneras no todas son buenas para el apodado «Gringo» desde sus tiempos de universitario setentista, cuando militaba en la agrupación católica-peronista Integralismo y el Peronismo de Base (PB), de los sectores radicalizados de la juventud peronista. La realidad mediterránea lo contradice en aspectos importantes de la economía, y él como contador público desde 1970, lo debe saber.
Algunos contrastes podría endosarlos a la administración nacional de su amigo Mauricio Macri, tomando distancia con quien bailó en 2016 en Hernando en la fiesta del Maní, cuando el porteño se hacía el popular y reía a carcajadas.
En la provincia, según el gremio de mecánicos Smata, hay 5.000 trabajadores suspendidos. No son pymes sino terminales extranjeras como Renault, Fiat e Iveco, además de suspensiones y despidos en autopartistas.
Schiaretti no puede desembarazarse de esta caída del empleo en la provincia, por dos razones. Una, fundamental: asumió como gobernador en 2007 y luego en 2015. Tuvo tiempo de pensar y ejecutar medidas de apoyo a esos afectados mecánicos, metalúrgicos, del plástico, caucho, etc.
La otra razón es que el gobernador sabe de qué se trata lo automotriz, pues durante su exilio en Brasil de la dictadura militar-cívica fue directivo de Fiat. A su regreso fue subsecretario de Integración Latinoamericana con Domingo Cavallo como canciller y luego secretario de Industria. En el gobierno cordobés de José M. De la Sota fue ministro de Producción y luego de Economía. O sea que debería saber cómo conjurar una crisis de empleo en la rama automotriz, con empresas muy conocidas suyas.
Si no soluciona esas crisis es porque está más cerca de los intereses de esas multinacionales que los trabajadores; a aquellas les paga subsidios provinciales, alivia impuestos, rebaja la luz y agua, hace obras de ingreso a las plantas fabriles, etc.
Más noticias que incomodan al gobernador también vienen del frente gremial.
El 27 de febrero una numerosa asamblea de delegados docentes de Capital e interior rechazó la «propuesta» salarial del gobierno de Córdoba. Este había ofrecido un aumento del 5 por ciento, cuando en 2018 los salarios de docentes habían quedado 10,9 puntos por debajo de la inflación. La secretaria General del gobierno, Silvina Rivero, y el ministro de Educación Walter Grahovac les propusieron esa miseria y, a modo de compensación por lo perdido el año pasado, mil pesos mensuales en negro durante el año.
El rechazo fue total. Los maestros demandaron «recuperar el poder adquisitivo perdido en 2018, en blanco, y resguardar nuestros salarios contra la inflación durante todo 2019». Votaron paros el 6, 7 y 8 de marzo, y asambleas entre el 11 y 13 de este mes para saber si hay una oferta mejorada del Panal, sede del gobierno. En caso contrario habrá plan de lucha.

Amigo del presidente.
Los orígenes de Schiaretti y Macri son bien disímiles. Uno peronista y el otro neoliberal gorila. Uno con padre ferroviario y el otro descendiente del árbol de la Patria Contratista, cuya rama se murió hace poco. Uno hincha de «la Academia» de Nueva Italia y el otro bostero. Uno exiliado en la dictadura y el otro ejecutivo de Socma, cuyas firmas se multiplicaron durante el terrorismo de Estado.
Sin embargo, han tenido muchas convergencias políticas, desde que Schiaretti trabajó para Astori y la Fundación Mediterránea de Domingo Cavallo, y Macri era vicepresidente de Socma. Ambos apoyaron lo peor del cavallo-menemismo, las privatizaciones, la desocupación, el alineamiento con Estados Unidos, etc.
Después volvieron a encontrarse en apoyo a la Patria Sojera que en 2008 cortó rutas tres meses para no pagar retenciones a la exportación de soja. El gobernador de Córdoba y el jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires fueron grandes aliados de la «Suciedad» Rural y acérrimos enemigos de Cristina Fernández de Kirchner.
Inaugurada la presidencia macrista, el cordobés le votó las leyes de presupuesto con ajuste pactado con el FMI, el blanqueo, el pago a los fondos buitres, la reforma previsional, etc.
Entre ambos hay otra cosa en común: denuncias por posibles actos de corrupción. Macri le lleva mucha ventaja al Gringo, con su procesamiento por contrabando de Sevel en los ’90 y cloacas en Morón, hasta el Correo-gate y su figuración en los Panamá Papers.
Schiaretti también tiene lo suyo: como funcionario de Menem fue imputado por el cobro de sobresueldos junto con María Julia Alsogaray y otros. También tuvo denuncias como interventor federal menemista en Santiago del Estero entre 1993 y 1995, donde dejó una deuda de 324 millones de dólares. Y por la licitación (2008 y 2016) por 800 millones de dólares para gasoductos troncales con OAS y Odebrecht, cuyo «cuevero» admitió en Brasil pagos millonarios de coimas en esa y otras obras. Las denuncias no prosperaron ante la Justicia cordobesa.
De cara a las presidenciales, Macri va por su reelección y Schiaretti apuesta a Argentina Federal, peronista de centroderecha y derecha. Son aliados, pero cada cual cuida su juego. La división de Cambiemos en Córdoba es una gran noticia para el gobernador y un trago amargo para el presidente, amargor que puede endulzarse si en octubre el cordobés arma una lista con Lavagna, Massa, Pichetto, Urtubey, Stolbizer y Lifschitz en contra de Cristina.