Próxima a despejarse la incógnita Donald Trump

Señor Director:
Hace unas décadas siempre alguien que me preguntaba por qué, en mis notas, prestaba tanta atención a los Estados Unidos. Lo que sucedía y sucede hasta hoy es que yo no “presto” nada. La atención, desde este lugar del mundo, ha estado alejándose de Europa, cuya centralidad en occidente se esfuma velozmente. Desde el final de la II Guerra y, en particular, desde que cesó la guerra fría, USA pasó a ser primera potencia y asumió el papel correspondiente en el Atlántico, en el Pacífico, en el Índico y en la totalidad de la tierra firme… salvo en las vastedades rusas postsoviéticas y los no menos dilatados espacios que señorea China.
Estos son los nombres de los nuevos protagonistas principales. Ahora, ante el inminente inicio de la presidencia de USA por Donald Trump (el próximo viernes), el mundo y nuestra región se preguntan cuál será el rumbo de su política exterior. No se espera que modifique el que viene sosteniendo esa nación, salvo en matices que siempre entrañan la posibilidad de un choque bélico de imprevisibles consecuencias.
En estos días, declaraciones del próximo secretario de Estado Rex Tillerson en el Senado han despertado ecos de alarma porque ha apuntado contra China, en particular con respecto al mar de la China Meridional, un ámbito en el que Peiping ha estado incrementado su presencia, afirmando un predominio legal a partir de su antigua propiedad de algunas islas y, según los colaboradores de Trump, de la creación de islas artificiales a partir de todo lo cual China afianzaría su predominio sobre ese mar costanero al que también se creen con derecho, por vecindad, Vietnam, Filipinas, Malasia y Brunei. El gobierno de Obama ha hecho esfuerzos por explotar la situación para mejorar sus relaciones con Vietnam y el secretario de Estado, Kerry, ha elegido ese escenario para su última actuación pública. Sin embargo, el jefe de gobierno vietnamita viajó a Peiping y actualizó las expresiones de sus vínculos con China. Curiosamente, China, que por lo general no contesta expresiones políticas de sus competidores, ha respondido esta vez a través de dos diarios identificados con el régimen para avisar que “Estados Unidos no debería pensar que Beijing teme sus amenazas” y que Tillerson “debería ponerse al día en estrategias nucleares si pretende que China abandone territorios propios”. El mar Meridional de la China es ahora un escenario de intenso tránsito marítimo, porque las naciones del sudeste asiático han crecido en importancia y han acrecentado el comercio regional. Además, se da por cierto que debajo de esas aguas hay una inmensa riqueza petrolera. Como se aprecia, en esta región se dan las condiciones que han hecho de Medio Oriente (Irak, Siria, Israel, países árabes, Irán, Turquía) una zona de conflictos bélicos permanentes, aunque controlados para que no generen una confrontación mayor. En esta región ha ganado posiciones Rusia y ahora es Moscú quien lidera la posibilidad de una conferencia de paz regional que debería iniciarse en estos días.
Se cree que el electo estimuló que algunos de sus colaboradores hagan manifestaciones (en el Senado, al buscar ser convalidados para cargos ministeriales) encaminadas a desarmar las inquietudes generadas por la posibilidad de que Trump y Putin hagan pie en su buena relación personal. Entre otras cosas, se ha hecho correr la versión de que Moscú tiene elementos de presión sobre Trump, incluyendo el video de una orgía sexual del ahora electo presidente, tomado en un hotel ruso.
Iba a decir que lo “prudente” es esperar hasta que decante la nueva administración de Estados Unidos. Para nuestro país y región no es la prudencia lo que ordena conductas, pues no tenemos poder determinante en el curso de los sucesos. El riesgo de una confrontación mayor siempre ha existido y ya llevamos más de setenta años desde el final de la II Guerra Mundial.
Atentamente:
Jotavé