Punto de toque entre lo apolíneo y lo dionisíaco

Señor Director:
Leía en nuestro diario el desarrollo del festejo estudiantil de los que estudian veterinaria en General Pico, durante el cual parece que se han repetido escenas que pueden ser juzgadas como excesivas, por producir cierto grado de ruptura de frenos habituales: de ahí que puedan ser calificadas de “desenfrenadas”.
Venía de escribir una de mis notas para Caldenia, próxima a aparecer, donde desarrollo la idea de una licencia que nos tomaríamos (algunos, al menos) para dar libre curso a la fantasía en ocasión de una atmósfera permisiva que se abriría en los días finales y también iniciales de año y que equivaldría a tomar lo que Bolaños llamó el “bebedizo de las brujas”, el cual permite pasar puertas habitualmente cerradas y reingresar en el mundo dionisíaco.
He presenciado algunas de esas despedidas y he vivido entonces una situación equivalente, sin beber nepente alguno que me hiciese olvidar o desertar de mi militancia en lo apolíneo, de manera que, si bien me he abstenido de condenar, tampoco he convalidado lo que se estimaba como exceso o desmesura. Mis propias fugas no pasan habitualmente de liberar la imaginación, aceptando a Borges cuando dice que lo fantástico es lo que define a la literatura “en camino a una verdad esencial”. Lo que entiendo es que hay ocasiones (a veces generadas por alguna bebida o un trastorno emocional o por una “atmósfera” como la que se da en navidad y después) en que sentimos la necesidad de liberarnos de lo aceptado siquiera sea por ver si atisbamos la posibilidad de otras respuestas, más amplias y comprensivas que las que tenemos asumidas.
Hago esta introducción para advertir que en el caso de los estudiantes y egresados de la Veterinaria de Pico, lo que tendemos a calificar como excesos pueden ser apreciados como una suerte de gritos de rebelión (y de despedida) en el momento de ingresar (aceptándola) a una trayectoria apolínea (y la consecuente conducta exigible: previsible, sin sorpresas), como es la que propone el ejercicio de la ciencia en cualquiera de sus especialidades. Recordemos, con la RAE, que lo apolíneo es lo que posee las características de serenidad y elegante equilibrio atribuidas a Apolo. Y que dionisíaco da cuenta de ímpetu, fuerza vital y arrebato. Y también lo impulsivo, instintivo y orgiástico, o sea lo opuesto a apolíneo. Baco (el equivalente romano de Dionisos) dio lugar a que se llame bacantes a unas mujeres que expresan el espíritu de su dios dándose al desenfreno hasta bordear la locura y admitir cualquier transgresión al orden y a los valores de conducta aceptados en cada época. No son pocos los que piensan que asisten a una bacanal cuando les toca ser testigos de ciertas despedidas de egresados. La literatura y el drama teatral han desarrollado esta oposición. También la comedia, como cuando ésta presenta el “otro yo del doctor Merengue” o los momentos públicos y privados de un profesor o de alguna eminencia. Las fiestas, en general, con el acompañamiento de bebidas, son llaves para abrir la puerta de lo reprobado o rechazado en el curso de la civilización. ¿Acaso no se defiende la necesidad de las fiestas, implícitamente entendidas como licencias necesarias para el equilibrio emocional de un personaje que ha elegido condicionarse y hacer la opción por lo que se considera decoroso o más conveniente para posibilitar una convivencia ordenada, sin graves y frecuentes sobresaltos (cuando damos libertad a lo reprimido)?
Dentro de esta posible manera de apreciar las despedidas (de egresados, de solteros, de quienes se van a un lugar distante) estaría la explicación de ciertos “excesos” o “desenfrenos”. Como se dice en una canción, “ni poco ni demasiado, todo es cuestión de medida” (Cortés). O como en la fábula del gato y los ratones, en la cual los mures no encuentran respuesta a la pregunta decisiva: ¿quién le pone el cascabel al gato?
Atentamente:
JOTAVE