Que esta vez se cumpla la palabra

La reciente visita del presidente de la república a nuestra provincia se constituyó en una buena ocasión para escuchar su palabra sobre un tema que inquieta desde siempre a los pampeanos: los ríos en general y la futura represa de Portezuelo del Viento en particular. En esa oportunidad el gobernador de nuestra provincia, desde el mismo inicio de su discurso de bienvenida, clamó por la postergación de La Pampa en diversos terrenos, pero muy especialmente en lo que concierne a los recursos hídricos.
Sin perjuicio de los reclamos que también elevara sobre la constitución del comité de cuenca para el sistema Desaguadero-Salado-Chadileuvú-Curacó y de los derechos pampeanos sobre el Atuel, al que calificó sin eufemismos como lo que es: un “río robado”, resultó muy directo el planteo del gobernador sobre la represa de Portezuelo del Viento, de la que reclamó al Presidente no autorizar la iniciación de la misma hasta que Mendoza no haya reconocido expresamente que el manejo de la obra debe estar en manos del comité de cuenca del río Colorado y no de la provincia cuyana, como es su pretensión. Portezuelo del Viento, como se sabe, es una obra fundamental en la regulación de la cuenca del río Colorado, y está contemplada en el tratado que regula el aprovechamiento por parte de las provincias condóminas. Por encima de la letra y el espíritu del acuerdo y a diferencia de lo que ocurre, por ejemplo, con el embalse Casa de Piedra, los cuyanos pretenden un manejo exclusivo y absoluto para abrir o cerrar las compuertas del dique a construir.
El planteo del gobernador tuvo una sorprendente respuesta presidencial: “no tenga dudas de que las reservas de agua que ese emprendimiento dejará, se administrarán en beneficio de todas las provincias (de la cuenca) y no de una sola.” La frase parece despejar cualquier duda, sin embargo una mirada objetiva de la situación deja traslucir razones para evitar ilusiones prematuras; básicamente dos. La primera es la extrema reticencia mendocina a la sola posibilidad de compartir aguas, algo que los pampeanos conocemos de sobra luego de casi un siglo de reclamos justos que solo cosecharon negativas e indiferencia. En las pocas ocasiones en que se logró materializar algo parecido a un convenio siempre se presentó alguna instancia o excusa que terminó postergando la posibilidad de un acuerdo, aunque Mendoza haya logrado posicionarse ventajosamente.
El otro aspecto a tener en cuenta es la presencia en el gobierno de Mendoza de un estrecho aliado político del partido al que pertenece el presidente. Todavía está muy fresca en la memoria de los pampeanos la promesa de la presidenta anterior de que el agua del Atuel iba a correr por suelo pampeano antes de finalizar su primer mandato. Eso nunca sucedió y fue una frustración más para los pampeanos además de otro motivo para alimentar el escepticismo.
Mientras tanto en los círculos políticos pampeanos ha llamado la atención el silencio de Mendoza ante las declaraciones presidenciales, tanto en los medios oficiales como en el periodismo que por lo general lleva la voz cantante en este tema.