Qué significa la Alianza del Pacífico

Parece ser que la Alianza del Pacífico está de moda. Los grandes medios nos hablan de algunos de los “grandes avances” que la misma ha presentado en términos de integración regional, pero cabe preguntarse, ¿procesos como la Alianza del Pacífico profundizan realmente la integración regional? O quizás mejor: ¿procesos como la Alianza del Pacífico profundizan el carácter dependiente de las economías latinoamericanas? Vayamos por partes.
Cuando hablamos de integración regional podemos realizar una clasificación en función a la relación que tengan con el proceso de globalización neoliberal. Por un lado, tenemos aquellos procesos que van a profundizar este fenómeno histórico, actuando en un mismo sentido y guiado por la misma ideología. Aquella misma que sentó las bases del proceso de revolución neoliberal a partir de la década de los ’70 y que acabó impregnando a las instituciones de Bretton Woods.
Por otro lado, y en oposición al anterior, tenemos aquellos procesos de integración regional que surgen como oposición al avance de la ideología neoliberal, así como respuesta a la dependencia creciente de la potencia hegemónica que surge tras el fin de la guerra fría. La disputa entre ambos tipos de bloques ha marcado lo que llevamos de siglo XXI en la región latinoamericana.

Procesos contrapuestos.
El año 2005 supuso un claro cambio en el status quo de la correlación de fuerzas regionales. La desaparición del ALCA se vio precedida tan sólo unos meses antes por la creación del ALBA y la decisión de crear la Comunidad de Naciones Suramericanas (inicios de la actual Unasur). Posteriormente, también se crearía la Celac, y por su parte, el Mercosur empezaría a impregnarse cada vez más de estos procesos, convirtiéndose en el principal promotor contrahegemónico en la región en el aspecto económico.
Pero el regionalismo abierto, aquel que acompaña y profundiza el proceso de globalización neoliberal, no desapareció. En el año 2011 surgió la Alianza del Pacífico, conformada por cuatro países con una visión compartida en cuanto a la inserción en el mundo capitalista. Todos estos países tienen vigentes tratados de libre comercio con los Estados Unidos.
La Alianza del Pacífico no tardó en convertirse en el juguete preferido del capital internacional. Entre sus “avances” se destacan su importante peso en el comercio internacional (aproximadamente el 50% del comercio extrarregional de América Latina), su nivel de atracción para la Inversión Directa Extranjera (47% del total del flujo en la región) y contar con los países de la región clasificados como los “mejores” para realizar negocios.
A menudo, entre las supuestas bondades de la Alianza del Pacífico, los grandes medios destacan que es un verdadero proceso de integración comercial, dejando de lado lo ideológico, a diferencia de otros bloques de la región. Es decir, supuestamente la Alianza del Pacífico se guía por las bondades de la tecnocracia y ha mantenido un posicionamiento pragmático. Esta supuesta animadversión a lo político, algo muy recurrente entre los grandes capitales y buena parte de las derechas, es una gran falacia. La Alianza del Pacífico es un bloque guiado por, y para, los intereses del gran capital.

¿Qué integración?
Podemos volver ahora a las preguntas lanzadas al inicio. ¿Procesos como la Alianza del Pacífico profundizan realmente la integración regional? No, la Alianza del Pacífico sólo profundiza la integración de los grandes capitales latinoamericanos con los grandes capitales mundiales, primando las relaciones con países extra-regionales y excluyendo a las grandes mayorías. Con respecto a la segunda: ¿Procesos como la Alianza del Pacífico profundizan el carácter dependiente de las economías latinoamericanas? Sí, las relaciones económicas dependientes centro-periferia se profundizan. Cierto es que hay unas ganancias, pero éstas son recogidas por las oligarquías exportadoras de cada uno de los países, quedando las grandes mayorías alejadas de los beneficios. La Alianza del Pacífico representa la integración de los grandes capitales en los flujos económicos mundiales, pero representa la disolución de un verdadero proceso de integración regional a nivel político, cultural, social y productivo. (Sergio Martín Carrillo. Celag).

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