¿Qué se ve cuando se mira el espejo de Tucumán?

LA SEMANA POLÍTICA

Emilio Marín – Los comicios de Tucumán dejaron certezas relativas y algunas verdades casi absolutas. La oposición agita una parte y calla otras; el gobierno nacional y provincial hace otro tanto. Hay necesidad de reformas electorales y políticas.
Las elecciones en el distrito norteño fueron el 23 de agosto y aún se está haciendo el escrutinio. Está previsto que el 15 de septiembre se pudiera citar a los apoderados de los partidos intervinientes para comunicarles el resultado. Es una posibilidad, no una certeza.
La demora en los resultados sugiere necesidad de cambios, lo que se analizará más adelante. Pero hubo algo peor: la violencia, quema de urnas y entregas de DNI a dirigentes políticos antes que a los interesados. Lo que debió ser una fiesta de la democracia, en la cuna de la Independencia, se arruinó sin remedio.
Ese final bochornoso no fue solamente por aquellos episodios graves de violencia sino también porque, ante la protesta opositora en la Plaza Independencia de la capital tucumana, la policía comenzó una dura represión, con heridos y detenidos. Como en tantas oportunidades en diferentes gobiernos y provincias, esa fuerza de seguridad lo fue de la inseguridad. Balas de goma para todos y todas. Caballería montada, también…
El hecho represivo unió en su repudio a todo el espectro político de ese pago y del orden nacional. El kirchnerismo venía cuestionando a la oposición por no reconocer los resultados pero rápidamente giró para deslindarse de aquella represión. Hasta el poco locuaz Daniel Scioli lo hizo.
Lo llamativo es que el gobernador José Alperovich se quiso lavar las manos de ese operativo policial, como si éste hubiera surgido espontáneamente o por decisión del comisario a cargo. Fue un acto de hipocresía porque todos saben que un jefe de Policía generalmente actúa, más en estas complejas circunstancias, según las órdenes del Ejecutivo.
Los uniformados reprimiendo a tucumanos de diversos colores políticos dan pie a esta reflexión: ¡qué fracaso de la democracia desde 1983 que no haya podido democratizar profundamente a las fuerzas policiales! Y se añade una pregunta: ¿estas policías “bravas” son las que reclaman el derecho a sindicalizarse y tener su propio gremio, armado?

Oposición, parte del problema.
La oposición englobada con el pomposo rótulo de “Acuerdo del Bicentenario” y encolumnada detrás de la candidatura de José Cano, había logrado la rareza no vista en el orden nacional de unir las fuerzas del PRO, UCR y Frente Renovador.
Así y todo perdió por 14 puntos frente al oficialista y médico de fuerte patrimonio, Miguel Manzur, que se presentaba como continuador del clan Alperovich. La diferencia fue más que abultada pero así y todo, pretextando los incidentes, Cano y los suyos no admitieron la derrota. Fea la actitud…
Tampoco esos opositores pueden presentarse como vestales de la democracia, porque parte de la violencia y de los detenidos por la quema de urnas eran de sus propias filas.
Hasta ayer esa oposición no había formulado una denuncia penal consistente ni reclamado por las irregularidades cometidas en el comicio, que le dieran razón -por ejemplo- a pedir la realización de nuevas elecciones. Así lo informó el fiscal ante la Cámara Federal de Tucumán, Gustavo Gómez.
Esto querría decir que la oposición en la provincia, pero sobre todo la dirigencia nacional macrista y massista, aprovechan la volada para cuestionar al gobierno nacional y sembrar dudas sobre la limpieza que vaya a tener el comicio nacional del 25 de octubre.
Mauricio Macri, Sergio Massa y Margarita Stolbizer vienen acordando líneas de un proyecto de reforma electoral que presentarán esta semana ante la Comisión de Asuntos Constitucionales de Diputados presidida por Diana Conti.
El gobierno lo rechazó de antemano, como algo irrealizable, según dijo el ministro de Justicia Julio Alak, con el argumento de peso de que faltaban sólo 39 días hábiles para el comicio. No hay tiempo ni consensos, ni debates a fondo como para poder lograrlos.

Gobierno en falta.
La performance del gobierno nacional tampoco es para un felicitado. Primero que nada, porque en todos estos años y más allá de alguna circunstancia, la presidenta Cristina Fernández mantuvo una estrecha alianza con Alperovich. Su esposa, la senadora sionista Beatriz Rojkés de Alperovich, llegó a ser la tercera en el orden de sucesión presidencial, hasta que fue reemplazada por el senador Gerardo Zamora.
El gobierno de Tucumán, como el de Gildo Insfrán en Formosa, José Luis Gioja en San Juan, Eduardo Fellner en Jujuy y el de Scioli en Buenos Aires, pueden ser catalogados de varias maneras pero seguramente no de progresistas ni de demasiados democráticos. En caso de duda se puede consultar a los qom formoseños de la comunidad La Primavera sobre la forma como son tratados por la policía y empresarios del entorno de Insfrán.
En esos feudos abundan las denuncias sobre el manejo del gobierno como una caja y/o herencia familiar y de clan, las designaciones en la justicia según convenga a las gobernaciones, las contrataciones en la obra pública con empresas amigas, las legislaturas provinciales como escribanías de las gobernaciones, el clientelismo y votos cautivos como rasgo electoral, etc.
Alperovich es un perfecto sinónimo de esas prácticas políticas. La actuación de su policía en la noche del domingo 23 fue la frutilla podrida de un postre indigesto.
Esos problemas de fondo no se solucionan apartando momentáneamente de las fotos de familia kirchnerista a Alperovich y poner en su lugar al joven y de mejor imagen gobernador de Salta, Juan M. Urtubey, que viene oficiando como vocero de Scioli. El desmonte en Salta en beneficio de sojeros y los topetazos contra los pueblos originarios para mandarlos al fin del mundo no tienen diferencias sustanciales con lo que ocurre en Formosa.
Por supuesto que el Tucumán actual es mejor que el de tiempos de la dictadura militar-cívica de Domingo Bussi, cuna del terrorismo de Estado y de cuando ese mismo personaje fue gobernador con el voto de los desmemoriados. Pero no significa que el peronismo pueda ufanarse de que esa provincia esté bien. No lo está tampoco en lo electoral, con la ciudad capital y otras ganadas por intendentes opositores. Tanto Alperovich como Manzur admitieron que una parte de los incidentes y violencia del triste domingo fueron causados por sus punteros. Hay que hacerse cargo de esta parte del drama y no opinar tan ligeramente -como Víctor Hugo Morales- de que los incidentes de aquella noche fueron un montaje de Todo Noticias. Bien el CELS en su enfoque del suceso…

Reformas pendientes.
La elección tucumana puso sobre el tapete la condición poco democrática de las fuerzas de seguridad. Si el modelo para esas instituciones son el FBI, los comandos Swat y Sergio Berni, especializado en reprimir trabajadores a la vera de la Panamericana, querrá decir que esa democratización nunca se hará.
También las urnas sugieren buscar una reforma electoral que, respetando las autonomías provinciales y la Constitución Nacional, simplifique y abarate las elecciones. No parece conveniente que en cada lugar se vote cuatro veces, cuadriplicando el esfuerzo y los gastos. También se necesita esa simplificación porque en Tucumán había 25.000 candidatos para 352 cargos electivos. ¿No parece un poquito mucho?
De acá al 25 de octubre quedan 37 días hábiles así que no hay tiempo político y material para una reforma electoral medianamente bien pensada. Eso argumenta el kirchnerismo y es una verdad evidente, pero no significa no comenzar ya a discutir los alcances de tal modificación. No debería dejarse la iniciativa en manos de la oposición y Clarín, sino asumirla como propia y elaborarla con buenos contenidos.
Macri y Massa querrán ir al Capitolio en busca de línea. Sería bueno estudiar las reformas introducidas en Bolivia, Ecuador y otros países de la Unasur, además de analizar el demonizado sistema electoral de Cuba, que es bien democrático. Obviamente, en todos los casos, tales estudios no deben copiar ni calcar sino ver qué tienen de bueno que se pueda aplicar creadoramente aquí.
Hay que ser realistas y modestos. Si se trata de los juicios por el terrorismo de Estado, este país es un modelo de avanzada y pueden nutrirse gobiernos y pueblos antes asolados por la represión ilegal.
Pero en materia de democracia participativa, el sistema argentino tiene muchísimo que aprender. Mucho punterismo, aparato, internas, acomodo, boletas robadas, empresas beneficiadas, marketing, gasto inútil, operaciones de prensa con los monopolios amigos, promesas a futuro, etc. Sinceramente esta democracia es mucho mejor que la pasada dictadura militar-cívica, pero Tucumán invita, casi se diría exige, reformas estructurales para que la política tenga un tono y contenido social avanzado propio del siglo XXI.
Para que se entienda mejor: el cronista insta a que se ponga en marcha una reforma constitucional emancipadora como se amagó en 2012 y luego se frenó por orden presidencial.
Ese es el gran debate pendiente, en vez de que los candidatos a presidente vayan a rendir examen ante los tribunales examinadores empresarios del Council of Americas y la Bolsa de Comercio. Ese peregrinaje tan poco patriótico dio vergüenza, casi tanto como los incendios de la elección tucumana.