¿Qué tiene Venezuela que molesta tanto al imperio?

Desde el martes está preso el recalcitrante opositor Leopoldo López. Sin embargo, con intermitencias, es
previsible que la oposición seguirá sus embates contra Nicolás Maduro. ¿Qué tiene el gobierno de Venezuela
que molesta tanto a Washington?
EMILIO MARIN
El opositor Leopoldo López es la nueva estrella de la ultraderecha venezolana, con simpatías en la derecha colombiana, argentina y de la región, además de Miami y el Departamento de Estado. Como agitador de la violencia en pos de la destitución del presidente Nicolás Maduro, ha captado esa discutible popularidad. Ni sus más acérrimos defensores podrán negar que lo suyo es destituyente. Su campaña se llama “La salida” -de Maduro del palacio de Miraflores-. En sus marchan gritan “Vete ya”, por el presidente. Él mismo ha declarado que no se irán de las calles hasta que aquél se vaya.
López no puede decir que a su partido Voluntad Popular y a la Mesa de Unidad Democrática le hayan faltado oportunidades. El sucesor de Hugo Chávez les ganó las presidenciales en abril de 2013 y las municipales de diciembre de ese año, cuando VP conquistó doce alcaldías y colectó 400.000 sufragios. El problema es que las próximas presidenciales son en 2019 y para López eso es una eternidad. Quiere el poder ahora. Ni siquiera lo satisface solicitar un referendo revocatorio, que puede plantearse cuando el mandatario objetado cumple la mitad del mandato; LL debería aguardar hasta abril de 2016. También esa fecha es para él demasiado tiempo, y eso que se trata de un político de apenas 42 años.
La ambición de poder lo desborda y le hace meter la pata groseramente. Quedó detenido este martes bajo acusaciones de asociación ilícita, terrorismo, homicidio intencional, lesiones graves, instigación a delinquir, etc. Es que la manifestación que organizó el pasado 12 de febrero culminó con tres muertos y 60 heridos: una jueza pidió su captura para que responda por esos delitos.
El argentino Luis D’Elía opinó que es un agente de la CIA y aconsejó a Maduro fusilarlo. Este, que sabe mejor lo que sucede en su país, entendió que López es un fascista y promovió su enjuiciamiento. No es lo mismo. Es mejor la caracterización y la solución del bolivariano.
Al margen de la condición de empleado o no de la central de inteligencia, que por ahora no se puede demostrar, López pertenece a la rica burguesía venezolana que estudió en tradicionales colegios norteamericanos y luego en sus universidades. Y que con la ONG Primero Justicia, devenida en partido político, recibió subvenciones millonarias del IRI, Instituto Republicano colateral de aquellos servicios de inteligencia. Emails de la embajada gringa en Caracas admitían haber entregado 15 millones de dólares a distintos grupos de la oposición en los últimos años, entre ellos los representados por López.

República de cuarta.
La familia de López es de las capas acomodadas de la burguesía del este de Caracas. Su madre fue alta funcionaria de Pdvsa, del tiempo anterior a que Hugo Chávez estatizara el petróleo y pusiera su voluminosa renta al servicio del bravo pueblo de Bolívar.Por esa política nacionalista lo voltearon dos días, en abril de 2002, y luego, a fines de ese año y comienzos de 2003, hubo un lock out patronal de los funcionarios jerárquicos de la petrolera que provocó cuantiosos daños y fracasó en derribarlo del gobierno.
López era parte activa de ese golpismo. Fue de los 400 firmantes de los documentos del “presidente” de facto, Pedro Carmona, titular de la empresarial Fedecámaras, que disolvió el Congreso y tomó las medidas más antipopulares entre el 11 y el 13 de abril de aquel año. López fue parte de la turba golpista que golpeaba y detenía ilegalmente a ministros de Chávez, cuando a éste ya lo habían trasladado hasta la isla de la Orchilla con intención de matarlo.
Antes de Chávez existió la IV República de Rafael Caldera y Carlos Andrés Pérez, de los partidos Copei y AD, conocidos como copeyanos y adecos, en un sistema bipartidista con matices democristianos los primeros y socialdemócratas los segundos. Es la república que añoran los ricachones y golpistas de estos días en Venezuela. López se definió como de “centroizquierda”, en las giras que hizo en 2010 y 2011 por Buenos Aires, Asunción y Río de Janeiro, cuando buscaba una candidatura presidencial para 2012 que al final no logró. Ese lugar lo ocupó su socio y rival Henrique Capriles, que se había quedado con el liderazgo de Primero Justicia; López tuvo que fundar en 2010 otro sello, Voluntad Popular, que aún aguarda su carnet de socio pleno en la Internacional Socialista.
Es un hombre joven de la fenecida y corrupta IV República, una república de cuarta.

Tiene petróleo: peligro.
¿Por qué tanto odio y violencia contra el gobierno de Venezuela?
Una de las pistas para responder ese interrogante es que ese país tiene las reservas de crudo más importantes del mundo. No es la única explicación pero es una razón de peso para concitar en su contra tanta rabia imperial. Por razones parecidas se invadió Irak, agredió a Libia y un largo etcétera.
En julio de 2011 la Organización de Países Exportadores de Petróleo (Opep) certificó que las reservas probadas de crudo de Venezuela superaron a las de Arabia Saudita, tras alcanzar los 296.500 millones de barriles hasta el 31 de diciembre de 2010. El suramericano pasó a ocupar oficialmente el primer lugar en cuanto a reservas certificadas en el mundo.
“El informe confirma el anuncio hecho por el Gobierno venezolano en enero, cuando la marca ya había sido alcanzada. En la Gaceta Oficial número 39.615, de fecha 14 de febrero de 2011, Venezuela actualizó y oficializó sus reservas de petróleo”, consignó la Agencia Venezolana de Noticias (AVN).
A esa cifra global se llega contando todas las reservas, comenzando por la mítica Faja Petrolífera del Orinoco (FPO) en los bloques Boyacá 3, Boyacá 4, Boyacá 6, Boyacá 7 y Boyacá 8; Parque Aguaro-Guariquito, Ayacucho 1 y Ayacucho 8, Junín 6, Junín 7, Junín 8 y Junín 9; así como las de áreas tradicionales en Barcelona, Maracaibo, Maturín, Barinas y Cumaná; y el de Costa Afuera, área Cardón IV, y Campo Perla, en el estado Falcón.
La nacionalización generó la renta necesaria para bancar proyectos sociales, llamados misiones, y con los mismos se pudo bajar la pobreza del 70 al 19 por ciento. Muchos de los avances educativos, sanitarios, culturales y sociales (vivienda) de estos catorce años tuvieron que ver con aquella renta y los proyectos de Chávez. Al mismo tiempo, tener petróleo puede ser visto como una desgracia, por la injerencia y hasta guerras que genera Washington para tratar de controlar esas fuentes energéticas. Venezuela le vende 1.4 millón de barriles de crudo diarios a EEUU, pero éste los quiere más baratos. Y si fueran propios, mejor.

Encono yanqui.
Maduro reveló que el Departamento de Estado le había exigido entablar negociaciones con la oposición, liberar a todos los detenidos y anular la orden de detención contra López. Su respuesta fue denunciar esa injerencia norteamericana y, como contraataque, disponer la salida del país de tres de sus diplomáticos. Breeann Marie McCusker, vicecónsul; Jeffrey Gordon, segundo secretario ante la embajada de EEUU, y Clarck Krisstofer Lee, segundo secretario, debieron irse.
Esa postura digna puede provocar más encono del que Washington ya acumula contra Caracas. No digiere que envíe 100.000 barriles de crudo a precios preferenciales a La Habana, siendo que bloquear a Cuba sigue siendo la obsesión yanqui desde 1959. John Kerry tampoco ve con buenos ojos que Venezuela haya sido núcleo fundador de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y caribeños (Celac), que concluyó su reciente II Cumbre en la patria de José Martí. Para EEUU es una afrenta que países caribeños, antes acollarados a su política, hayan saltado el cerco para arrimarse a Venezuela y su solidario Petrocaribe.
Otras razones estratégicas del odio estadounidense son las buenas relaciones de Caracas con Teherán; el 11 de febrero hubo un cálido saludo de Maduro a Rohani, en otro aniversario de la revolución que derribó al sha. El vínculo de Venezuela con Moscú y Beijing, en lo político, económico y militar, también indigna al imperio.

Apoyo progresista.
A contrario sensu, muchos gobiernos progresistas valoran la solidaridad de Chávez y de Maduro, quienes pusieron su petróleo a disposición de los hermanos latinoamericanos y caribeños, diciendo que lo podían compartir por doscientos años.
Raúl Castro, Cristina Fernández, Dilma Rousseff, José Mujica, Evo Morales, Daniel Ortega, Rafael Correa y los gobernantes del ALBA y buena parte de Unasur y Celac, adoptaron una posición de apoyo y solidaridad con Maduro.
Obvio que Juan M. Santos, de Colombia, tuvo una posición filo norteamericana, fiel a su ADN pentagonista. Los partidos de centro-derecha y derecha de Argentina, como el radicalismo, PRO, el Renovador de Sergio Massa, la Coalición de Carrió y otros, cerraron filas detrás de López. Ellos y los medios concentrados de comunicación demonizaron a Maduro en la misma línea de la administración Obama, mintiendo y tergiversando imágenes. También cayeron en el ridículo, como el columnista de “La Nación”, Daniel Lozano, que desde Caracas beatificó a López diciendo que busca encarnar “una versión criolla de Nelson Mandela”. Pobre Mandela, se debe haber retorcido en la tumba de su Qunu natal.