Queda por decidir si se cambia de rumbo

Señor Director:
Una nota que ha sido publicada en la revista inglesa The Lancet incluye el resultado de la estimación hecha por una organización especializada y permite saber que hay actualmente en nuestro planeta mil millones de personas que viven en situación precaria y en vulnerables parámetros de salud en villas de emergencia.
Se hallan afrontando esa situación uno de cada siete y fracción de los seres humanos vivientes.
Los datos significativos para apreciar la situación real de la población, incluidos en dicha publicación, agregan que en los dos últimos siglos la población urbana aumentó desde un cinco a un 50 por ciento. Estas cifras dan cuenta del crecimiento de las ciudades en detrimento de las zonas rurales. Gran parte de quienes se han trasladado a la ciudad tienen que integrarse a villas miseria existentes o iniciar la formación de nuevos asentamientos de este tipo. En dichos sectores de las urbes las condiciones sanitarias son penosas. Una combinación de desnutrición y diarreas recurrentes retrasan el crecimiento de los niños y, a largo plazo, afectarán su desarrollo cognitivo (o sea, su capacidad mental, su aptitud para adquirir conocimientos y operar con ellos). Esta parte del informe fue elaborada con participación de trece científicos especializados. Han hecho saber que cuando los niños son trasladados desde un hábitat campesino a las casuchas de los barrios de emergencia, se tornan vulnerables a diversas afecciones no bien llegan porque tienen escasa inmunidad respecto a los microorganismos existentes en su nueva instalación.
Si se piensa un poco en estos datos, es difícil evitar un estremecimiento. Puede recordarse que durante mucho tiempo las familias campesinas optaban por trasladarse a un centro urbano para que su prole pudiese acceder a los centros educativos, al tiempo que toda la familia se beneficiaría con la cercanía de centros sanitarios y formas de sociabilidad estimulantes para su desarrollo cultural. Cuando se hacía esta estimación el objetivo no era la instalación en una villa de emergencia, sino en una vivienda bien puesta y con una vecindad estimulante. De todas maneras la evolución de las urbes en lo que va de este milenio destaca la acelerada desaparición de la vivienda familiar, con patio y lugares próximos para el juego de los niños. En su reemplazo surgen aceleradamente los edificios elevados, con tendencia a las torres, donde el departamento limita el espacio disponible y excluye el patio de uso familiar. Quiere esto decir que si bien son todavía mayoría quienes no residen en villas de emergencia, toda la población urbana está cada vez más condicionada a alejarse de los ambientes naturales, tanto que la minoría rica tiende a establecerse en barrios suburbanos con amplitud de espacios forestados y mayor grado de seguridad. Y es la seguridad lo que también decae, junto con las condiciones ambientales.
Por lo que se observa en nuestro país, el tema de la seguridad tiende a ser relacionado con el crecimiento de las villas de emergencia, por la idea de que allí se desarrollan suertes de viveros de delincuencia.
El informe que se ha dado a conocer por The Lancet no tiene el propósito de confirmar los temores relacionados con el crecimiento de la inseguridad, pero permite saber que cuando se vive largamente en situaciones tan precarias los niños están más expuestos, inclusive con respecto al desarrollo de sus capacidades mentales. Allí podría estarse gestando en el largo plazo una población diferente. De hecho ya existe una situación de recelos recíprocos que genera en los gobiernos la tentación de aplicar políticas discriminatorias, como se ha visto en nuestro país con la presencia de fuerzas policiales parcialmente militarizadas (Gendarmería, Prefectura) que se van haciendo cargo del “control” de la población villera. La represión en lugar de la solución.
Atentamente:
Jotavé

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