Querían llevarse puesto a Maduro, pero esas uvas están verdes

OFENSIVA OPOSITORA QUEDO DESCOLOCADA POR LA MEDIACION VATICANA

La MUD quería llevarse puesto al presidente venezolano. En setiembre apostaba a ganar las calles. Luego al revocatorio presidencial, que la misma oposición enturbió con SUS irregularidades. Y cuando aprestaban el tiro del final, apareció Francisco.
EMILIO MARÍN
El 1 de septiembre la Mesa de Unidad Democrática se ufanaba de haber reunido un millón de personas en Caracas, para sacar del Palacio de Miraflores a Nicolás Maduro. A diferencia de las guarimbas o violencia callejera de 2014, que habían provocado 43 muertos, esta vez lo suyo era aparentemente “pacífico”. Desde la calle y convergiendo desde los 23 estados, apremiaban al Consejo Nacional Electoral (CNE) para aprobar el referendum revocatorio de Maduro.
La oposición no hizo bien los deberes en la colección de firmas pidiendo el mecanismo constitucional (dicho sea de paso, una conquista chavista, el pedir la salida del presidente mediante aval de una parte del padrón electoral).
La Carta Magna prevé dos pasos. Uno, inicial, es juntar el 1 por ciento del padrón, unas 200.000 firmas. Si está todo bien se pasa al otro, donde es necesario el 20 por ciento de ese padrón, 4 millones de firmas.
La MUD se vanaglorió de que en la movida inicial tuvo 1.9 millón de firmantes, pero el CNE recibió 6.000 denuncias sobre la ilegalidad de muchas firmas. Y luego de aprobar de todos modos esa fase 1, se pidió a los firmantes pasar por las máquinas capta huellas, para verificar las identidades. Del 1.9 millón le quedaron como válidas apenas 400.000. El resto era trucho, con variada invalidez: suplantación de identidades, firmas de muertos y menores de edad, etc.
El CNE tiene cinco rectores y está presidido por Tibisay Lucena, con un rector de la oposición, Luis Emilio Rondón. Ese tribunal elevó su informe al Ministerio Público, con las denuncias y el 20 de octubre la justicia paralizó la juntada de firmas para el segundo requisito, del 20 por ciento.
Esa demora, justificada por las irregularidades comprobadas, enfureció a la Mesa de Unidad Democrática. Esa gente está urgida para que se vote el revocatorio a más tardar en diciembre de este año, pues el 10 de enero Maduro cumple la primera mitad de su mandato ganado en 2013. Si la oposición lograra votar antes de diciembre y, suponiendo que gane, entonces se llamarían a elecciones a principios de 2017. En cambio, si los tiempos se dilatan y el revocatorio pasa para 2017, no habría comicios presidenciales. En caso de perder la compulsa electoral, Maduro se retiraría pero designando a su vicepresidente -hoy Aristóbulo Istúriz- para que complete su período hasta enero de 2019.
La oposición, acicateada desde Washington, Buenos Aires, Brasilia y Asunción, quiere sacar a Maduro de Miraflores a como dé lugar. Se sabe que en política cuando una fuerza está tan apurada, peor le suelen salir las cosas. Por eso se atribuye a Napoleón el dicho de “vísteme despacio, que estoy apurado”.

Mediación del Papa.
Durante octubre subió la temperatura del conflicto desatado por la oposición, furiosa con las demoras del trámite revocatorio por parte del CNE. El 26 de octubre llamó a la “Toma de Caracas” con manifestaciones callejeras que incluyeron su cuota habitual de violencia. Esta vez mataron al policía José Alejandro Molina Ramírez e hirieron a otras dos personas, usando armas de fuego. El ministro de Interior y Justicia, Néstor Reverol, informó que los incidentes se produjeron en el estado de Miranda, gobernado por el dos veces candidato a presidente por la MUD, Henrique Capriles.
En ese momento languidecía la mediación llevada adelante por la Unasur y que conducía el ex presidente panameño Martín Torrijos, con participación del ex jefe de gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero.
La gravedad de la situación hizo que otro jugador saltara al ruedo, pidiendo diálogo y negociación política. Era el papa Francisco, quien recibió en audiencia especial a Maduro y declaró que se debía poner freno a la violencia en Venezuela. Imploró por diálogo, justamente lo que la oposición no quería; había jurado que no acudiría a hablar con el presidente porque no tenía ningún sentido.
Esa oposición se sentía fortalecida. La situación interna seguía mostrando una economía en franco declive, con mucha inflación y desabastecimiento de productos básicos, que por supuesto la MUD atribuía exclusivamente al gobierno.
La otra razón de su mayor virulencia hay que buscarla en el plano internacional. Pese a que Maduro había sido respaldado a mediados de septiembre en la Cumbre de Países No Alineados, en isla Margarita, con asistencia de ocho presidentes y decenas de vicepresidentes y cancilleres, por otro lado la oposición contaba sus propios porotos. Léase los dos candidatos presidenciales en la elección norteamericana, que con sus matices están jugados a derrotar al gobierno bolivariano. Y también los alfiles pronorteamericanos Mauricio Macri, Michel Temer y Horacio Cartes, quienes han desconocido la presidencia pro-tempore del Mercosur que Caracas asumió en julio pasado.
Uno de los más duros contra Venezuela viene siendo Macri, quien el 19 de septiembre declaró al diario británico Financial Times: “no puedo entender cómo algunas personas pueden decir que en Venezuela se practica la democracia. Eso no es democracia”.
En ese momento apareció, casi providencialmente, Francisco pidiendo el diálogo en Caracas. Como Maduro fue a su encuentro y expresó su acuerdo, la pelota quedó picando en el campo opositor, donde se había jurado que no dialogarían con el presidente.
Quedaron descolocados la derecha regional y sus medios monopólicos. Por caso el editor jefe de la sección Mundo de Clarín, Marcelo Cantelmi, escribió su panorama internacional del 28 de octubre muy dolorido con Francisco: “la tradicional diplomacia de puntas de pie del Vaticano exhibió en este litigio algunas fallas. No hizo inteligencia previa para una adecuada caracterización de la situación y prever lo que acabó sucediendo. Fue notable que el líder opositor Henrique Capriles, un socialdemócrata cuyo estilo e ideología coincidiría con el imaginario político del Papa argentino, haya avisado que se enteró de estas negociaciones por la televisión. La situación que acabó creándose fue de tal embarazo que la iglesia venezolana salió a corregir los anuncios del Vaticano y bajar el tono de la cita planteada para iniciar el diálogo este domingo”.
Lo cierto es que el 31 de octubre se hizo la primera reunión entre gobierno y oposición. Y los que habían jurado no ir, como Jesús Torrealba (secretario de la MUD) y Henry Ramos Allup (presidente de la Asamblea Nacional), tuvieron que estrechar la mano de Maduro.

Dos cartas bravas.
En esa primera sesión del diálogo se acordaron formar cuatro comisiones y volver a realizar un plenario general el 11 de noviembre.
Las dos partes hicieron algunas concesiones, quizás las mayores fueron de la oposición.
El gobierno dispuso la liberación de seis presos opositores, algunos de los cuales habían sido apresados con explosivos aunque sin llegar a cometer atentados criminales. Los soltaron en línea con la solicitud papal de distensión. Eso sí, el dirigente de Voluntad Popular, Leopoldo López, condenado a 14 años de cárcel por las guarimbas de 2014, sigue preso en la cárcel de Ramo Verde. Según el corresponsal de “La Nación”, Daniel Lozano, había un total de 105 presos políticos, que Hugo Chávez llamaba “políticos presos”. Según ese inventario quedan 99 adentro y todo indica que López seguirá en el penal.
La MUD hizo dos concesiones: suspendió la sesión de la Asamblea Nacional donde iba a tratar el juicio político al presidente (un dislate porque no existe tal figura en la constitución del país) y levantó la movilización prevista a Miraflores para el jueves 3 con el reclamo de revocatorio urgente y/o convocatoria a nuevas elecciones. Un grupo estudiantil hizo lo mismo la marcha, pero fue muy limitada; apenas algunos centenares de alumnos caminaron hasta la Nunciatura, porque en Miraflores los esperaba un campamento de jóvenes bolivarianos en defensa del presidente.
Ese campamento patriótico es una carta brava del “hijo de Chávez”, del mismo modo como opera el escudo masivo protector que tuvo el 26 de octubre alrededor de Miraflores. Hay muchos millones de venezolanos que no están dispuestos a perder las conquistas logradas desde 1999 a la fecha.
Y la otra carta fuerte es la Fuerza Armada Nacional Bolivariana conducida por el ministro de Defensa, Víctor Padrino López, que se alineó en bloque con el gobierno frente a los planteos desestabilizadores de la oposición.
En esto tuvo muchísimo que ver la estrategia de Chávez, tras sufrir el golpe de estado militar-cívico de abril de 2002. Sacó buenas conclusiones porque reestructuró política, ideológica y militarmente a la FANB para que nunca más pudiera prosperar un golpe. En ese espejo deberían mirarse Néstor Kirchner y Cristina Fernández, Lula da Silva y Dilma Rousseff, entre otros presidentes progresistas que nunca impulsaron reformas profundas en las Fuerzas Armadas. Peor aún, los dos países y otros más componen la Minustah, que ocupa militarmente Haití desde 2004.
Hasta el 11 de noviembre hay una tensa calma en Caracas. Luego, ni el Papa lo sabe. La zorra de la oposición quiso robarse las uvas de Miraflores y, como no las alcanzó, salió diciendo “están verdes”.

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