Raros tiempos estos con abuso de inocencia

LA SEMANA PAMPEANA

I – Como se esperaba, la justicia confirmó en la semana la condena al ministro de Seguridad por abuso de autoridad en el ejercicio de la función pública, cuando se arrogó funciones legislativas siendo intendente de Santa Rosa. En aquélla oportunidad el justicialismo consideró incompatible el ejercicio de esa función con su accionar e intervino la comuna santarroseña eyectando al abusador de la función pública. Hoy, pese a que el justicialismo tiene, no ya una acusación sino una condena de cámara y una confirmación de un tribunal de alzada, decide mantenerlo como ministro. Los argumentos para sostenerlo, ha dicho el gobernador, son políticos. Evalúa el mandatario que es un buen ministro, eficiente y con encuestas que le dan cierta aprobación en la sociedad.

II – La decisión le hace ruido a todos, aún a quienes lo sostienen. La presencia de un delincuente condenado nada menos que en el ministerio que tiene por función velar por el cumplimiento de la ley y el orden es inentendible para propios y extraños. El argumento para mantenerlo se basa en la premisa constitucional que declara a todo ciudadano inocente hasta tanto se demuestre lo contrario, esto es, hasta que una condena firme lo declare culpable. Y la condena al ministro, técnicamente, no está firme, aunque no haya nadie que, en su sano juicio, cuestione los dos fallos condenatorios ni crea en la inocencia del condenado. No obstante, nadie cree que sea ésta la causa sino la necesidad del partido del gobierno de contar con los votos que, supuestamente, el condenado le arrima al peronismo. En un año electoral, ese argumento, aunque le revuelva las tripas a muchos dentro del oficialismo y del propio gobierno, parece tener más peso que la llana sensatez que aconsejaría no ensuciar la política con abusadores.

III – Otro personaje de la política lugareña que sufrió las consecuencias judiciales de su conducta fue el otrora poderoso jefe de bloque justicialista que se lanzó a la actividad privada luego de toda una vida como espécimen presupuestívoro de la fauna pampeana. La realidad le demostró su escasa aptitud para hacerlo. Fue, más que un político, un comisario político, encargado de disciplinar a su bloque y ningunear a la oposición, apoyado en la mayoría absoluta que ostentaba el oficialismo en su nefasto mandato. Pero si fue nefasto en esa tarea, más dañina socialmente fue la de encargado de amedrentar a jueces y fiscales que intentaban iniciar investigaciones judiciales por los sonados casos de corrupción que trascendían en los medios en esos años. No fue casualidad que las investigaciones judiciales sobre los funcionarios del gobierno que defendía recién pudieron desarrollarse y llegar a condenas cuando el advenimiento del vernismo lo eyectó de la posición de poder que ostentó en esa década infame pampeana y los jueces pampeanos se vieron liberados de esa presión que, políticamente, se ejercía con él como ariete.

IV – El desempleo en La Pampa mostró su cara oscura en un pedido de dos empleadas de panadería que convocó a sesenta jóvenes. El episodio sirvió para mostrar por qué es la principal preocupación de los pampeanos. Pero si la situación en Santa Rosa es preocupante, en Arata, un pedido similar mostró el dramatismo con que se vive en los pueblos de la provincia la falta de trabajo. Una empresa que se levantó con un crédito de promoción de la provincia solicitó empleados y se presentaron ciento veinte postulantes, más del diez por ciento de los habitantes de la localidad.

V – La anécdota del caso de la fábrica de Arata es que el empresario beneficiado por las políticas de generación de empleo provinciales, recibió una llamada del presidente de la Nación, que lo felicitó y se mostró interesado en el desarrollo del emprendimiento pese a que su gestión nada hizo para promoverla y, al contrario, es la que ha generado la ola de desempleo que atraviesa la provincia de la mano de la parálisis económica. La Nación es, hoy en La Pampa, la gran ausente en los esfuerzos de desarrollo económico y en obras de infraestructura, tanto que hace dos meses que no pueden siquiera hacer un alteo de unos cuantos cientos de metros en la principal ruta nacional que atraviesa la provincia. Esa obra, que no se hacía por administración porque no había máquinas, se adjudicó a una empresa cuyos ingenieros advirtieron que el alteo que quiere hacer el organismo vial es precario e inseguro. La respuesta no se hizo esperar: en vez de modificar el proyecto para hacerla más segura, echaron a la empresa que se atrevió a hablar. Vito Corleone no lo hubiera hecho mejor. (LVS)