Rasgos que se acentúan en el orden mundial vigente

Señor Director:
Parecerá curioso, pero todavía hay muchas personas que reprochan a quienes escribimos sobre temas políticos el tiempo que dedicamos a dar cuenta de sucesos de más allá de nuestras fronteras.
Peor aún: hay quienes piensan que el interés de quienes publicamos en el interior del país debería concentrarse en la ciudad y la provincia y no tanto en lo que esté pasando o pueda pasar en algún lugar de la Patagonia, del noreste o noroeste. Hace poco rocé este tema al referirme al dicho de que quien pinta su aldea, pinta el mundo, que propone un punto de vista que comparto, pero que no excluye mi interés por el acontecer de lo que está más allá de cada uno de los lugares que habitamos. Tampoco excluye el interés por el pasado. Creo que puede decirse que “todo está en todo” y que si no tenemos una actitud fatalista (otras frases: “el destino es inmodificable”, “todo verdor perecerá”, etc.), si alentamos alguna esperanza en un porvenir más equitativo, entonces se impone conocer qué le pasa, qué quieren y hacen el vecino de al lado y toda la población de la ecúmene.
En un reportaje que acaba de publicarse, Noam Chomsky (lingüista, filósofo y activista político de los Estados Unidos) al responder a una pregunta referida a nosotros, contestó englobándonos tácitamente en la región y opinó que lo que aquí sucede y pueda suceder en el tiempo previsible depende también del tipo de relación que mantenemos con el mundo y particularmente con Occidente y con su país, los Estados Unidos. Dijo que en los últimos años nuestra región “se ha movido para liberarse del dominio de occidente, así como de los Estados Unidos” y que con eso se han hecho “progresos muy significativos”. Esta respuesta revela que en su pensamiento, nuestra región, si bien lleva cuatrocientos años de independencia política, ha estado condicionada a los intereses de las potencias occidentales. Y agregó que aunque hay avances y retrocesos, observa “un progreso significativo”. En respuesta a otra pregunta, dijo que en Brasil se está desarrollando un golpe de Estado blando, “sin duda bienvenido en Washington”. No es que nos proponga cortar la relación con Occidente. Lo que dice es que muchos de nuestros problemas se deben al tipo de relación que hemos venido aceptando con esos centros de poderío mundial. En otras palabras: que lo bueno y lo malo del tipo de relación aceptado juega un papel determinante para nuestra suerte, pero que la relación y las interacciones consecuentes se dan siempre. Son inevitables y no se trata de cortarlas sino de revertirlas de modo que contemplen con mayor equidad nuestras necesidades y aspiraciones.
Todo el reportaje mencionado, leído con este punto de vista, permite comprender que la periodista (Bárbara Schijman, para Página/12) dedicara parte del tiempo a preguntar a Noam Chomsky cómo ve el proceso eleccionario que se desarrolla en su país. No es que lo que allá sucede nos interese por mera curiosidad: nos interesa porque según sea su desenlace podrá determinar cambios de política, ya negativos, ya positivos, para los norteamericanos tanto como para nuestra región y para el mundo.
Las elecciones primarias de Estados Unidos permiten conocer que en el interior de este país se repiten y mucho las situaciones de crecimiento de la desigualdad que soportamos aquí. Si bien Trump es de sesgo neoliberal, entre sus seguidores incluye a un importante sector de trabajadores blancos que están enojados porque su salario ha estado perdiendo poder adquisitivo, pero apuntan en dirección equivocada, dice Chomsky, quien parece atribuir esa disposición a un estado de malestar que los lleva a apoyar propuestas contra los inmigrantes. Este fenómeno guarda semejanza causal con el voto de algunos sectores de la clase media argentina, que atribuyeron su malestar a las políticas de inclusión, aunque éstas no los afectaron negativamente.
Atentamente:
Jotavé

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