Rasgos…. (05-01-2009)

Bronca contra el cajero
Supongamos (dice un lector) que el hombre que agredió a los cajeros automáticos de Santa Rosa no está chalado, entonces ¿qué? ¿Por qué se armó de una maza y la emprendió a los golpes?
Claro, si se trata de un orate, tal vez no haga falta decir más. Caso contrario cabe una variedad de conjeturas. Como que puede ser un vengador social, que sanciona a un aparato que da prueba constante de que en esta sociedad unos pueden y otros, los más, no pueden. En una sociedad ideal (mejor que la de Tomás Moro) todos tendrían a su disposición un cajero para afrontar emergencias. Dejarían constancia de lo que retiran y se atendrían a la pauta, que podría consistir en que el usuario devolverá lo tomado o permitirá que le sea deducido de alguna otra cuenta o de su salario. De esta manera, entre otros beneficios, eludirían al prestamista usurero, causante real (según un ilustre diputado) de una caudalosa emisión de cheques sin fondos. Los mismos diputados, que disponen de dinerillos para repartir, podrían nutrir cajeros para salvar emergencias. ¿Qué tal?

Cuando el servicio vacía
Quienes siguen el relato de Servis Trinitatis han tenido oportunidad, en esta Pampa de los milagros y de los cheques que vuelan con bendición de legisladores, de observar el fenómeno de la desposesión personal: quien ingresa a esas sectas, deja su persona a la puerta y se convierte en un vacío, en una disponibilidad, que otros llenan probablemente con la convicción de que ayudan al hombre. No es que el mundo se mejore por eso, pero no es este mundo lo que interesa si se ha de mantener abierta la opción para el valle de Josafat.
Debe suponerse que se llega al valle desposeído de lo terrenal, para asistir a la gran batalla contra los enemigos del pueblo de Dios. Joel lo da a entender, pero, claro, nadie tiene el detalle ni la noticia final del magno acontecimiento.

Un día dejaron de comer
La intendencia de Victorica ha dado cuenta de un fenómeno llamativo: el comedor público se quedó sin comensales en el tránsito de uno a otro año. Dado que no hay motivo para la inquietud, puesto que consta que los pobres siguen siendo pobres y nada indica que hayan cambiado sus expectativas para lo inmediato, el fenómeno ha despertado el interés de sociólogos, psicólogos y asistentes sociales, entre otros miembros de la legión que traduce, interpreta y conjuga necesidades.
Dado que esto sucedió por las navidades, ha habido quienes sospechan que puede haberse repetido el milagro del desierto del Sinaí, que salvó a los que regresaban de Egipto. Habría que ver si en lo que queda de los caldenales del lugar mora ese insecto que, en el Sinaí, produce una baba que se endurece y cae al suelo con forma parecida a la semilla de cilandro. Las tribus del desierto la recogen porque sabe a torta de miel y muchos creen que esto fue lo que los israelitas llamaron maná.