Reacción ante la indiferencia

Muy pocas veces -acaso ninguna- un gobierno de derecha se atrevió a avanzar tan rápida y profundamente con medidas que responden al más rancio liberalismo económico e ideológico, envalentonado por una alianza política impensable hace algunos años. También muy pocas veces se aplicó, en un lapso tan breve de gobierno, un golpe tan duro a los bolsillos de las mayorías enarbolando el dogma de la libertad de mercado a ultranza y sin ningún miramiento por los altos costos sociales. Las consecuencias han sido demoledoras salvo para la clase social más pudiente y ubicada en el vértice de la pirámide social. En apretada síntesis el gobierno aceleró el desempleo que en poco tiempo, si no se adoptan medidas, alcanzará nuevamente valores estratosféricos; encareció los servicios esenciales a límites inimaginables; subordinó la política internacional a intereses foráneos; favoreció sin pudores a los grandes capitales; encareció brutalmente el costo de vida con el consiguiente aumento de la pobreza popular; está destruyendo la pequeña y mediana empresa y, ante el reclamo de sectores industriales que inicialmente le habían sido adictos, tuvo una respuesta provocativa al exigirles “que se reconviertan”, como si ese proceso fuera sencillo en un país en recesión. Por su propia insensibilidad el gobierno consiguió que la mayoría de la población, incluso muchos de quienes lo votaron seducidos por las vagas promesas de “cambio”, ahora coincidan en señalar que el macrismo “gobierna para los ricos”, según lo vienen revelando todas las encuestas de opinión.
Todas las medidas fueron concretadas por leyes o decretos elaborados por funcionarios gubernamentales que, antes de asumir en sus cargos, se desempeñaban como gerentes de las más grandes empresas del país, a las cuales continúan favoreciendo desde sus sillones en el Estado. Frente a semejante proceder no hubo, ni de lejos, reacciones en el Congreso de la Nación y en las mayores centrales sindicales siquiera parecidas a las asumidas anteriormente ante gobiernos más sensibles. Así el macrismo, casi sin resistencia, pudo concretar medidas que agredieron muy directamente los intereses de las clases trabajadoras y del pequeño empresariado nacional.
Esa inacción de la dirigencia política y gremial, que defrauda notablemente a sus representados, es la que aparece como motor de las manifestaciones masivas que recorren todo el país y toman la forma de “ruidazos” y movilizaciones. Esta vez con un detalle singular y para nada despreciable: la clase media es la que está saliendo a la calle a manifestar su descontento ante la sordera gubernamental. La mayoría de quienes hicieron oír su protesta no fueron esta vez los habitantes de los barrios marginales sino los que han visto disminuir drásticamente su nivel de consumo y ahora advierten que, con este rumbo económico, van camino a la pobreza o poco menos.
Ante la creciente ola de indignación el gobierno nacional responde con indiferencia e insistiendo con sus medidas tan irritantes e impopulares como el descomunal tarifazo. No es precisamente una luz de esperanza lo que se avizora al final del túnel.

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