Rechazo en la calle y en el Congreso

Desafiando la lluvia y el frío una multitud se convocó en Buenos Aires frente al Ministerio de Defensa para protestar contra el decreto presidencial que pretende involucrar a las Fuerzas Armadas en tareas de seguridad interior. En todas las ciudades del interior -como en la capital pampeana- se replicaron actos que sumaron expresiones de repudio. Un periodista porteño ironizó señalando que este gobierno nacional ha desarrollado como ningún otro una enorme capacidad para movilizar a la sociedad. Aunque para su pesar, todas las manifestaciones se convocan para reprobar sus medidas.
Los organismos defensores de derechos humanos fueron los principales referentes de la convocatoria, pero no estuvieron solos. Infinidad de organizaciones sindicales, sociales y políticas adhirieron a la jornada de protesta y lograron darle robustez a la movilización pese a que contaron con escaso tiempo para llevarla a cabo.
La movilización popular no pasó inadvertida entre los legisladores de la oposición que lanzaron una iniciativa para derogar el decreto en el Congreso de la Nación. Todo indica que el macrismo quedará en soledad y que, si no da marcha atrás le resultará muy difícil evitar un duro revés en el recinto.
El escenario hace recordar aquellas jornadas de protestas masivas contra el “dos por uno”, cuando las multitudes que salieron a la calle lograron que el Congreso, a velocidad supersónica, sancionara una ley para evitar que los condenados por delitos de lesa humanidad se beneficiaran con la reducción de prisión como lo había pretendido una resolución de la Corte Suprema.
La capacidad de reacción popular frente a los avances reaccionarios contra los derechos duramente conquistados parece estar intacta. La memoria histórica volvió a dar signos de gran vitalidad en una sociedad que no quiere retroceder en materia de seguridad ciudadana y defensa de los derechos humanos. El gran sufrimiento colectivo que significó la última intromisión militar en la vida civil está presente en una sensible mayoría. Las leyes de Defensa y de Seguridad con sus decretos reglamentarios forman parte de un consenso que cristalizó en el país con la recuperación de las instituciones democráticas.
Hoy el macrismo pretende borrar con el codo ese avance legislativo en una suerte de “aquí no pasó nada”. Tal actitud está emparentada con sus recurrentes manifestaciones desdeñosas por las secuelas del terrorismo de Estado y hasta su cuestionamiento al número de desaparecidos. Hay un sustrato ideológico que une estas expresiones y que suele aflorar, a la manera del subconsciente, para revelar pistas que desean ocultarse.
Proponer que las Fuerzas Armadas vuelvan a incursionar en tareas de seguridad interior luego de la experiencia que atravesó nuestro país -y de los ejemplos dramáticos que nos llegan de otras naciones de la región- responde a un alineamiento automático con la doctrina que, hoy igual que ayer, baja de Washington, y a un compromiso de baja intensidad con la defensa de los derechos humanos.