Reclamo a la Iglesia

La noticia no fue muy divulgada a pesar de su importancia: un centenar de organizaciones de derechos humanos le reclamaron al recién asumido obispo castrense la apertura de los archivos de la Iglesia Católica relacionados con la última dictadura. También pidieron que la institución admita “la responsabilidad institucional que tuvo en el surgimiento, sostén y reproducción del terrorismo de Estado en Argentina”.
El reclamo no es poca cosa y viene a reactualizar la deuda que tiene la Iglesia con las víctimas y sus familias. De hecho el documento reprocha las cuatro décadas de falta de información y las manifestaciones que intentan minimizar el papel de los represores en aquellos años.
Lo más grave, y que el documento menciona, es la complicidad abierta de religiosos en actos aberrantes; baste recordar los incendiarios discursos del entonces provicario castrense Victorio Bonamín, llamando a una suerte de “guerra santa” o el silencio ante el asesinato de sacerdotes de la propia institución que se opusieron al régimen. Finalizada la dictadura la Iglesia manifestó -con no muchas y honrosas excepciones- una suerte de indiferencia disimulada, propugnando un arrepentimiento en los sucesos de los que la parte gubernamental fue única actora. De hecho, señalan los autores del reclamo, “la profundidad y la extensión temporal que alcanzó, no se hubieran logrado sin la legitimación que la doctrina católica brindó al gobierno militar y a la violencia desplegada”. Con su aval, agregan, “la Iglesia se convirtió en un engranaje fundamental de la maquinaria represiva”.
La carta, como puede advertirse, es muy severa y está avalada también por católicos y hasta por un sector de la propia Iglesia -los Curas en Opción por los Pobres- que rechazan el papel de la jerarquía, tanto el de esos años como en la actualidad, y reclaman un sinceramiento institucional, sin ocultamientos y que cierre la brecha con tan doloroso pasado. Parte de esa deuda incluye todo lo que la Iglesia sabe no sólo sobre actuaciones y desaparecidos sino también sobre los niños nacidos en cautiverio y entregados a familias “confiables” cuando sus madres eran asesinadas.

La ciencia degradada
Al asumir el macrismo impuso su visión neoliberal de “país-supermercado” en donde técnicos y científicos tienen poca cabida. Con la anuencia del ministro Lino Barañao las instituciones del sector se han degradado tanto en jerarquía como en objetivos, cantidad y retribución de sus integrantes, de lo que es un ejemplo el otrora sólido Conicet.
Esa actitud hacia la ciencia es armónica con la mayoría de las políticas neoliberales que predominan en los países menos desarrollados, como España y Brasil donde, a partir del giro a la derecha de sus gobiernos se desmantelaron y anularon los organismos científicos. Aquí la embestida comenzó hace varios meses pero la resistencia de la comunidad científica la hizo detenerse hasta mejor oportunidad. Aunque las condiciones para un nuevo ataque parecen haber llegado, ya que se han anunciado recortes más profundos.
A esta nueva embestida ha respondido la comunidad científica apoyando un proyecto de un diputado del FPV-PJ que propone un crecimiento progresivo en el presupuesto del sector hasta llegar al 1,5 por ciento del PBI en 2030. “Con esta iniciativa -dijo el autor- buscamos ponerle un límite al ajuste del gobierno y que los científicos vuelvan a sentir que tienen futuro”. El fortalecimiento del sistema científico y tecnológico es imprescindible para generar un proceso de desarrollo económico sostenible.
Hay que recordar que los científicos argentinos tienen muy buena reputación en el mundo y cuando debieron emigrar encontraron trabajo en los países más avanzados, en donde muchos se radicaron. Ahora, quienes regresaron, se vuelven a enfrentar a un ajuste despiadado y al desmantelamiento de una actividad que es indispensable para el desarrollo independiente.