Reflexiones en un nuevo aniversario

La Arena arriba hoy a sus 84 años de existencia, cumplidos en medio de una de las transformaciones tecnológicas más revolucionarias que la profesión periodística ha sufrido desde que el diarismo emergió como un canal cotidiano y popular de información, de comunicación y de intercambio de ideas en el siglo XVIII. Fue la imprenta de tipos móviles de Gutemberg la que sustentó el primer siglo de esa naciente profesión periodística. Un siglo después, poco o nada había cambiado y no fue sino hasta la invención de la linotipo que pudo dar un salto en la velocidad de composición cuando los diarios aumentaron sus tirajes a fines del siglo XIX. Aliados a la tecnología, en esos años los diarios ganaron con la invención del telégrafo, del teléfono, el tendido de los cables subterráneos que hicieron más veloz la información, pero fue la radio la primera que le planteó un desafío periodístico tecnológico en los primeros años del siglo XX. El nuevo medio sumó a las posibilidades de información una herramienta que rápidamente fue adoptada por el público. Además de inmediata, era gratis y solo había que tener un receptor. En el mismo sentido se sumó décadas después la televisión por aire que diversificó la grilla de entretenimientos a disposición de los hogares sumando además, la filmación de los sucesos que antes solo podía verse por los noticiarios de los cines. Todos estos desafíos a la supremacía de los diarios fueron sorteados con cambios de estilo, diagramación y temáticos pero, principalmente, por lo arraigado de una cultura que daba a los periódicos impresos el carácter de hacedores de la agenda pública.
Hoy los diarios enfrentan otro cuestionamiento a su viejo liderazgo por un nuevo avance tecnológico que permite el acceso fácil, inmediato y aleatorio de todo el contenido de un diario a cada instante. Los llamados “diarios digitales” combinan la escritura de artículos y su difusión inhalámbrica e instantánea a escala global. Pero a dos décadas largas de la irrupción de esta nueva forma de comunicación a través de internet, los diarios siguen liderando el favor de los lectores que acceden con preferencia a sus sitios web.
Los nuevos medios, ya sea radio, TV o digitales, siempre sumaron diversidad y no fueron una amenaza para los preexistentes, más allá de los desafíos que plantearon. Hoy el peligro para el periodismo nacional y su financiación no proviene de la competencia entre sus diversos formatos. Es la irrupción de grandes plataformas multinacionales y la facilidades que aquí encuentra para disponer de un porción creciente de la publicidad la que acecha a los medios argentinos.
En la reciente campaña política para las PASO, ese fenómeno se vio con claridad. Los políticos que dicen defender al país, publicitaron sus grandes campañas en medios extranjeros con penetración en la Argentina: Facebook, Google o You Tube. Mientras, esos políticos usufructuaban de publicidad gratis en radios y televisoras argentinas obligadas por ley a aportar a la democracia con la expropiación de sus espacios. Fue, claramente, un caso flagrante de competencia desleal que no está regulada en el país pese al nivel preocupante de ingerencia que esas empresas comienzan a tener en las definiciones electorales.