Relaciones maravillosas y maduras, en el fondo relaciones carnales

LA SEMANA POLÍTICA

Emilio Marín – Mauricio Macri estuvo en Estados Unidos implorando por inversiones, prodigando elogios y recibiéndolos de Donald Trump. También en este aspecto su política es muy parecida a la de Carlos Menem: relaciones carnales.
Macri no fue el primer presidente latinoamericano que se reunió con Donald Trump; el primero resultó Enrique Peña Nieto. Sin embargo, esa reunión fue durante la campaña estadounidense. Luego hubo un diálogo telefónico muy controvertido entre ambos, Muro en México mediante.
Desde el 20 de enero, cuando el magnate asumió, Macri ha sido el primer mandatario de la región al que se le abrió la Casa Blanca. Y en este caso, con elogios repetidos por ambas partes, donde todos los diálogos del 27 de abril habrían sido “maravillosos”.
Esa cita de dos personajes de distinto peso político tuvo algo del recordado “dos potencias se saludan”, diría el Mono Gatica al estrechar la diestra del general Perón. La diferencia había quedado marcada en la previa, cuando Trump declaró que él quería hablar de Norcorea y Macri le hablaría de los limones. El norteamericano iba por el poncho y el nacido en Tandil por los flecos.
Tampoco es cuestión de magnificar una reunión de 15 minutos a solas en el Salón Oval, ni el almuerzo de ambos con tres o cuatro funcionarios de uno y otro lado. Para Marcos Peña, Francisco Cabrera y Juan J. Aranguren esos bocados y postres deben haber sido los más exquisitos que comieron en su vida, por haber estado allí más como testigos que como protagonistas.
Las dos mujeres, como corresponde en estos niveles machistas, fueron tomadas en cuenta a la hora de las fotografías de familia, para que lucieran bien vestidas, como parte del decorado y para que la TV y revistas de la tilinguería tuvieran fotos a granel. A la hora de la reunión, Melania Trump y Juliana Awada fueron retiradas a otro salón para un diálogo de nivel. La argentina contó que tuvieron una charla muy profunda sobre su rol de acompañamiento a sus esposos presidentes y como sostenes familiares. Las feministas del planeta les harían un piquete en los jardines de la Casa Blanca, si pudieran.
Los dos presidentes emitieron un documento de ocho puntos, acordado de antemano, subrayando las coincidencias de Estados Unidos para con el cambio neoliberal que encarna Macri desde diciembre de 2015. Las partes coincidieron en avanzar en acuerdos comerciales y de lucha contra el narcotráfico, el terrorismo y un largo etcétera que por supuesto no incluyó la usurpación del territorio argentino en Malvinas.

Relaciones carnales.
Otra solicitud macrista tuvo una acogida genérica favorable: que Argentina pueda ingresar a la OCDE, una entidad donde se nuclean los países con economías más ricas. Trump también dijo que sí, pero obviamente ese ingreso no depende sólo de su luz verde sino de otros socios. Como Argentina es parte del G-20, otro club de “primera” a nivel mundial e incluso el año próximo se hará una reunión en Buenos Aires, es posible que el pedido a Trump de entrar a la OCDE sea bien recibido por el resto.
De todos modos no hay que exagerar. La OCDE y el G-20 no son el núcleo duro del poder mundial. A nivel de los países capitalistas se concentra en el G-7 (EEUU, Alemania, Reino Unido, Francia, Japón, Canadá e Italia) y deben compartirlo en política en el Consejo de Seguridad de la ONU, donde tres de esas potencias deben verse las caras con Rusia y China.
A Macri no le van a dar la membresía del G-7 ni del Consejo de Seguridad; sigue siendo el “Mono” Gatica, de la comparación anterior.
Obviamente que las potencias tienen en cuenta y agradecen, incluso retribuyen en parte, sólo en parte, los grandes favores y sobre todo los negocios que les permiten hacer gobiernos subordinados como el de la alianza PRO-Cambiemos.
Y eso se vio en la gira de marras. Primero en Texas y luego en la capital estadounidense, en reuniones con empresarios y lobbies del capital concentrado, la delegación macrista fue succionando calcetines en pos de pedir inversiones en el país. En particular para eso cree que le sirvió el convenio especial acordado para Vaca Muerta con los petroleros, el gobierno neuquino y el gremio respectivo, bajando impuestos y salarios. Esa fue la zanahoria que MM fue mostrando en aquellos auditorios. Según su “House organ”, léase Clarín, la oferta macrista supone un 35 por ciento menos de impuestos a los capitales que inviertan en Vaca Muerta y un 25 por ciento de rebajas salariales acordadas con el senador-sindicalista-empresario Guillermo Pereyra.
En este punto se advierten las anomalías flagrantes del macrismo. Va a EE UU a pedir inversiones, pero una de las fábricas visitadas es la de Techint en Texas. Paolo Rocca invirtió 1.800 millones de dólares allá, no en Neuquén ni menos aún en Zárate, donde tiene suspendidos a 3.000 trabajadores que perciben el 80 por ciento de sus salarios.
Haciendo oídos sordos a tal contradicción, el jefe de Gabinete decía al periodismo en la gira: “lo importante no son los asuntos comerciales sino las inversiones”. Este Peña es un personaje digno de ser bardeado por “El Cadete” en el programa de Roberto Navarro por C5N y para que Horacio Verbitsky siempre le agregue su segundo apellido en Página/12: Braun. Peña Braun es de la familia propietaria de los supermercados La Anónima, acusada de aumentar los precios hasta de los botellones de agua y demás mercaderías en las recientes inundaciones de Comodoro Rivadavia.

El lugar en el mundo.
Otra coincidencia contribuyó a acelerar el viaje del argentino a Washington: tiene a Nicolás Maduro y Venezuela bolivariana como enemigo fundamental. En esto Macri sabe que EE UU lo necesita para que la embestida contra Caracas no quede como algo propio del imperio sino supuestamente llevado a cabo por la región. Allí tendrá una disputa con el uruguayo Luis Almagro, secretario de la OEA, para ver quién es el mejor amigo de Trump. Macri está seguro que es él, además de los 25 años o más de conocimiento mutuo como empresarios de negocios poco transparentes. Último ejemplo, el Correo, con otro dictamen lapidario de la fiscal Gabriela Boquín.
Sobre los cítricos, cuya exportación al mercado estadounidense sigue interrumpida, el magnate prometió alguna solución, sin una fecha cierta. Es una restricción que ya había resuelto levantar la administración Obama que al final no pudo concretar, así que tampoco será un favor republicano.
En cuanto a la cruzada contra Venezuela, donde el presidente argentino quiere ocupar la “pole position”, comenzó en el Mercosur en julio del año pasado, cuando la “Triple Alianza” más Uruguay aplicaron la primera sanción. Luego se trasladó al ámbito de la OEA, fogoneada por EE UU y la figura más visible de Almagro. Tienen previsto el próximo miércoles adoptar una sanción contra Caracas, siempre invocando los derechos humanos y la existencia de presos políticos. Maduro posiblemente les arruine la ceremonia porque ha resuelto retirarse de allí, reiterando la retirada de Cuba en 1962, sancionada por la OEA en Costa Rica.
Apurado por ser el discípulo más fiel de Trump, Macri incurre en varias contradicciones a propósito de Venezuela. Reclama la libertad de Leopoldo López, que purga 14 años de prisión por los incidentes de su campaña golpista de 2014 donde hubo 43 muertos. Y en cambio mantiene presa a Milagro Sala, cuya libertad solicitó esta semana el fiscal Javier de Luca en la causa por la que fue condenada a raíz de un escrache de 2009 en Jujuy contra Gerardo Morales del que no participó personalmente ella ni la Tupac Amaru. Macri recibió a Lilian Tintori, la esposa del condenado López, pero junto a su socio Morales mantiene detenida a la presa política Milagro Sala, con causas armadas y una primera condena ya apelada.
La apuesta macrista de ser el mejor apóstol del magnate es de riesgo a nivel internacional. Quizás la mayoría de los preguntados por esa relación pudieran contestar, “mejor solos que mal acompañados” por Trump. Pero el argentino está convencido que ser apéndice y socio menor le puede reportar inversiones millonarias y acompañamiento regional.
Quedar pegado a Trump, una figura muy quemada en todo el mundo, comenzando por EE UU, por su discurso xenófobo y acciones agresivas, militaristas, discriminadoras, racistas, maniobras bélicas contra Corea del Norte y bombardeos contra Siria y Afganistán que ponen al planeta al borde de la Tercera Guerra, no es aprobado por el común de los mortales.
El descargo de MM para quienes lo acusan de ser el mejor empleado del mes de la cadena Trump es que él también fue muy buen aliado de Barack Obama y que en la campaña electoral la mayoría de sus funcionarios, y el mismo, tenían más simpatías por la demócrata Hillary Clinton.
En el fondo, esto significa que Mauricio Macri tiene una clara preferencia por anudar una relación de dependencia con los Estados Unidos. Menos con Bernie Sanders, socialista independiente que en solitario propugnaba impuestos a la renta financiera para financiar la educación pública, Macri se lleva de maravillas con Obama, Clinton y Trump. El que esté en la Casa Blanca puede contar con él, incondicionalmente. En las relaciones carnales no hay sólo dólares que vienen y fugan al exterior libremente, sino también ciertos afectos e ideología dependiente.