Remover estereotipos que sostienen la desigualdad de la mujer

VIOLENCIA PATRIARCAL Y DERECHOS HUMANOS

La vigencia de patrones socio-culturales que promueven la discriminación hacia las mujeres es la verdadera razón de la violencia que vemos diariamente y sólo se erradicará con un cambio profundo de la sociedad. Una tarea de todos y todas, sin distinción de géneros.
IRINA SANTESTEBAN
Desde el 29 de julio se está desarrollando en la Universidad Nacional de La Pampa el seminario sobre “Las leyes y las prácticas desiguales en la vida cotidiana. La violencia patriarcal y los DDHH”, organizado por la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de UNLPam, la Secretaría de Derechos Humanos de la provincia de La Pampa y la Fundación “Ayudándonos”.
Con la coordinación general de la doctora Gladys Russell, el seminario se presenta como “un espacio de capacitación que busca incentivar la reflexión tendiente a lograr la eliminación de estereotipos que promueven y sostienen la desigualdad de género y las relaciones de poder sobre las mujeres y otras identidades sexuales”.
Este objetivo está plasmado en la ley 26.485, sancionada en 2009, durante la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner, bajo el título de: “Ley de Protección Integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres en los ámbitos en que desarrollen sus relaciones interpersonales”.
Allí se establecieron normas que ya habían sido suscriptas por nuestro país, surgidas de los dos principales instrumentos legales internacionales sobre derechos de las mujeres: la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer (ONU, 1989), conocida por sus siglas en inglés, Cedaw; y la Convención Interamericana para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer (OEA, 1994), también llamada Convención de Belem do Pará, porque fue en esa ciudad de Brasil que se adoptó.
Belem do Pará tuvo lugar un año antes de otro acontecimiento muy importante en el largo camino hacia el pleno reconocimiento de los derechos de las mujeres, que fue la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, en Beijing, 1995, convocada por el Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas (Ecosoc). De esta forma, se fue construyendo un sistema de normas obligatorias para los Estados parte, mediante el cual se comprometieron a sancionar leyes y a promover políticas públicas para lograr la plena igualdad de derechos de varones y mujeres, ya sea en el reconocimiento de derechos civiles, políticos y económicos, como en materia de erradicación de la violencia de género.

Una vida libre de violencia.
Fue Belem do Pará donde por primera vez se establecieron normas que tienen como principal objetivo la prevención, sanción y erradicación de la violencia contra la mujer. Así, propuso mecanismos de protección y defensa de los derechos de las mujeres, para luchar contra el fenómeno de la violencia contra su integridad física, sexual y psicológica, tanto en el ámbito público como en el privado. Definió el concepto de violencia contra la mujer y el derecho de las mujeres a vivir una vida libre de violencia, afirmando que se trata de una violación de los derechos humanos y de las libertades fundamentales.
Con este marco legal, pero analizando las prácticas cotidianas es que el Seminario se plantea abordar cómo se perpetúa el Patriarcado, al que se define como “un sistema de organización política, económica, religiosa y social donde las leyes, la familia, la escuela, los usos y costumbres ubican al varón como un ser superior a las mujeres y otras identidades sexuales”.
En el programa, sus organizadoras destacan que, en la Argentina, a partir de la reforma de la constitución de 1994 se sancionaron un importante número de leyes para erradicar la violencia contra las mujeres, y se crearon organismos en los diferentes ámbitos del Estado para implementar dichas normativas, reconociéndose una mayor conciencia social sobre el tema.
Pero la realidad demuestra que la violencia persiste y hasta parece, por momentos, que lejos de disminuir, aumenta.
Los femicidios, que son los crímenes contra las mujeres por su condición de tales, cometidos en contexto de violencia de género, ocupan cada vez más espacio en los medios de comunicación, pero ni siquiera se ha logrado que sean abordados con una perspectiva que respete el derecho de las mujeres a una vida sin violencia. Con más morbo que seriedad, indagando más en la vida íntima de las víctimas que en las causas de estos crímenes, son pocos los medios que cubren estas noticias con una perspectiva de género.
En 2016 fue asesinada una mujer cada 30 horas; pero en lo que va de 2017, esa estadística aumentó a un femicidio cada 19 horas.

Reflexión y capacitación.
El seminario se prepone crear un espacio de capacitación y reflexión para la remoción de los patrones socio-culturales que sostienen la desigualdad de géneros y las relaciones de poder sobre las mujeres y las diversidades sexuales, tal como lo prescribe el artículo 2 inc. e) de la ley 26.485.
¿Qué se entiende por “patrones socioculturales”? El decreto reglamentario los define como aquellas “prácticas, costumbres y modelos de conductas sociales y culturales, expresadas a través de normas, mensajes, discursos, símbolos, imágenes, o cualquier otro medio de expresión que aliente la violencia contra las mujeres o que tienda a: 1) Perpetuar la idea de inferioridad o superioridad de uno de los géneros; 2) Promover o mantener funciones estereotipadas asignadas a varones y mujeres, tanto en lo relativo a tareas productivas como reproductivas; 3) Desvalorizar o sobrevalorar las tareas desarrolladas mayoritariamente por alguno de los géneros; 4) Utilizar imágenes desvalorizadas de las mujeres, o con carácter vejatorio o discriminatorio; 5) Referirse a las mujeres como objetos”.

Publicidad machista.
Esos estereotipos existen en abundancia en nuestra realidad cotidiana. Por ejemplo, en las costumbres domésticas, cuanto todavía se considera que es la mujer la que debe encargarse de las tareas domésticas, el cuidado de los hijos y de los enfermos. En el ámbito laboral, cuando se consideran “femeninos” a determinados empleos, como la docencia o los auxiliares de enfermería o las tareas de limpieza, y por ese preconcepto de subestimación del trabajo de la mujer, son escasamente remunerados. También en la escuela, cuando se enseñan valores diferentes o se permiten conductas diferenciadas, según se trate de niñas o niños; en los regalos que vemos en las jugueterías a propósito de la celebración del Día del Niño: pelotas, herramientas, juegos de ingenio o didácticos para los varones; muñecas, juegos de cocina, pinturitas, para las niñas.
Si “referirse a las mujeres como objeto” es uno de esos patrones socio-culturales que hay que erradicar, entonces la publicidad actual debería ser casi suprimida. Cremas, maquillajes, y hasta productos de limpieza tienen a las mujeres como sus principales destinatarias, perpetuando la idea de que la casa y la belleza son patrimonio de “ellas”; mientras que las propagandas de autos o camionetas, van dirigidas a los varones. Las representaciones de estas publicidades: las mujeres en tareas de limpieza hogareñas o embelleciéndose (para gustar a un hombre); los varones ejerciendo tareas profesionales o dirigenciales, tienden a reproducir esa desigualdad en el ejercicio del poder (económico, político, social), que con estas leyes se pretende erradicar.

Tomar conciencia.
Se trata de combatir al sistema patriarcal, pero no de una lucha de mujeres contra varones, sino de bregar por una sociedad que, respetando diferencias, prohíba las desigualdades.
Para ello es necesario el abordaje desde una perspectiva histórica, y tomando conciencia sobre las bases en las que se asienta el patriarcado, donde a la mujer se le asignaron roles de reproducción, no sólo de la especie, sino también de la ideología dominante. Fue con la educación y la participación en la vida pública (en la política, en los sindicatos, con el voto femenino) que las mujeres fueron “abriéndose” camino en una sociedad diseñada por los hombres. No fue hace tanto tiempo, y todavía hay vestigios de esa discriminación, si vemos que la Ley de Cupo Femenino sólo establece un 30% de mujeres en las listas para cargos legislativos (¿por qué no 50/50?).
En el derecho civil, hace menos de 50 años, las mujeres casadas eran “incapaces” relativas, y hasta hace pocos años era obligatorio para ellas usar el apellido del marido precedido por la preposición “de” (que denota propiedad, soy “de” tal persona)

Feminización de la pobreza.
En medio de profundas injusticias sociales, la discriminación de la mujer no se resolverá de manera aislada, y la lucha de las mujeres por su plena igualdad va de la mano de pelear por una sociedad igualitaria en general. Es que las mujeres sufren doblemente las injusticias, y así se habla de “feminización de la pobreza” para graficar que los índices de indigencia y de necesidades básicas no satisfechas afectan en mayor medida a las mujeres. En el ámbito laboral, los salarios más bajos y los trabajos peor remunerados son los que ocupan mayoritariamente las mujeres.
A la hora de los “escarmientos”, las patronales suelen encarnizarse más con ellas, como ha sucedido en el conflicto del transporte público en Córdoba, cuando los choferes de la UTA mantuvieron un paro por 9 días. De los 187 despedidos que produjeron las empresas y el intendente Ramón Mestre, 60 son mujeres, esto representa un 35% del total, siendo que son sólo el 6% de la planta de personal.