Resistencia al avance hegemónico

Desde este domingo los lectores de La Arena tuvieron la posibilidad de leer la habitual columna semanal de Horacio Vertbisky, el periodista que con lucidez y rigor ha dado a luz investigaciones periodísticas que han revelado algunos de los puntos más oscuros y ocultos del poder en la Argentina. Vertbisky había quedado, justamente por esa tarea, fuera del formato papel luego de su alejamiento del matutino porteño Pagina 12 donde escribió durante décadas su nota semanal. Su alejamiento estuvo precedido por una serie de fuertes ataques del poder a los propietarios de la empresa que hacían temer su continuidad. Vertbisky se alejó de Página y comenzó a escribir entonces en su sitio web elcohetealaluna.com, un sitio de internet que, como otros, ha sido un refugio de periodistas raleados de los circuitos de la prensa tradicional, como lo es eldestapeweb.com y el canal de youtube del periodista Roberto Navarro luego de su alejamiento, en circunstancias muy similares a del Vertbisky de Página 12, del canal de noticias C5N.
Estos ataques a la prensa y a los periodistas que tienen la inocultable intención de silenciar o atenuar las voces críticas al gobierno y su entorno corporativo, son uno de los peligros más graves que acechan hoy a la meneada “institucionalidad” de la Argentina. La prensa hegemónica, que ha expandido sus tentáculos en todo el país y domina el panorama del periodismo, domina también las asociaciones que, otrora, defendían la libertad de prensa y la integridad de los periodistas.
Ni la Asociación de Entidades Periodística Argentinas (ADEPA), ni el Foro de Periodistas de la Argentina (FOPEA) ni la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), autopresentadas todas ellas como las genuinas representantes y defensoras del periodismo libre en la Argentina, salieron siquiera a preguntarse si detrás de los ataques a las empresas para silenciar periodistas hay un plan hegemónico como sí lo hacían hasta no hace mucho.
Esta apropiación de entidades que nacieron como defensoras de la prensa por parte de las corporaciones mediáticas que hoy las han puesto al servicio de sus intereses, es uno de los dramas de la democracia recuperada argentina.
En plena dictadura, cuando el gran diario argentino, negoció con la dictadura la apropiación de Papel Prensa e inició así la colonización de la prensa argentina y el plan de expansión y concentración de médios inédito en el “mundo libre”, Adepa lo denunció porque, advertía acertadamente, ponía en peligro al resto de los medios de prensa que dependían del insumo papel que comenzó a monopolizar el diario porteño.
Pero Adepa es hoy solo un instrumento del gran diario argentino y del avance de sus negocios sobre el periodismo a una escala nunca antes vista. La anulación de la ley de Medios que intentó atenuar esta monopolización confirmó, por si hacía falta, la existencia de una trama de complicidades en el poder y los medios dominantes.
No obstante este desalentador panorama para el ejercicio del periodismo en la Argentina, la resistencia a este nuevo y retrógrado orden nacional de las comunicaciones es tenaz y creciente pese a no contar, ni con mucho, con los incontables recursos tecnológicos, económicos y de penetración de los medios hegemónicos.
Muchos medios entienden esta tarea y muchos periodistas la han emprendido aunque el poder y los medios dominantes intentes silenciarlos. Reproducir las voces de quienes luchan por recuperar la función del periodismo independiente del poder es, entonces, contribuir a la tarea de recuperación y regeneración de la prensa que hoy parece perdida, complicada en una trama de complicidades con funcionarios y poderosos que necesitan medios adictos que distraigan la atención de la realidad para completar su tarea.