Retorno de Cuba para más que lo temporario

Señor Director:
Los estados europeos que asistieron a la reunión de Santiago de Chile con estados latinoamericanos (conferencia Celac-Unión Europea) no exteriorizaron rechazo por la presencia de Cuba.
Me refiero a manifestaciones públicas. Algunos pueden pensar que esto contradice la alianza estrecha de los europeos con los Estados Unidos (OTAN), pues la potencia americana mantiene su política de exclusión de Cuba.
El fenómeno tiene una explicación en el hecho de que los europeos son políticos muy pragmáticos, tanto que no se han sumado al bloqueo y varios de ellos votan en las Naciones Unidas contra esa exclusión. La Unión Europea y su notorio líder (Alemania) fueron a Santiago por ver si pueden recuperar mercados en nuestra región, de modo que si alguno de los delegados comparte la política norteamericana, se cuidó muy bien de manifestar esa preferencia. También se puede ver que uno de los objetivos fue acentuar su relación con los países latinoamericanos del Pacífico (Chile, Perú y Colombia), con los que tienen tratados de libre comercio, para tenerlos de aliados contra el Mercosur y, en particular, contra los gobernantes de la Argentina y Brasil, que son los que lideran la alternativa latinoamericana nacida de las crisis económicas profundas que se manifestaron primero en los países emergentes y en nuestra región y después en la Unión Europea. Se pudo apreciar que esperaban ayudar a abrir una brecha en la estrecha relación Brasil-Argentina (iniciadores del Mercosur), a partir de un momento difícil de Brasil, cuya economía sufrió mayor daño que la Argentina por la crisis en Europa y tiene sectores que objetan la línea que empezó a marcar Lula y que prolonga la actual presidenta.
Alguien que expuso lo vivido con una franqueza ajena a las limitaciones diplomáticas fue el presidente de la Unión Industrial Argentina. Dijo que los países del Pacífico, con poca industria, son más aperturistas, pero que Argentina y Brasil “hicimos un bloque con una visión distinta”. El plural que usa no se refiere a los gobiernos sino a la entidad que preside y su equivalente brasileña. En suma, que ambos sectores industriales mantuvieron su cohesión en el reclamo de que todo trato con Europa sea un nuevo trato. La industria que nuestra región ha desarrollado y la que ha recuperado para capear la crisis y que nos ha permitido mantener altos niveles de ocupación y desarrollar una política social incluyente, es ahora política de Estado y debe quedar a resguardo en el nuevo trato. No es necesario explicar que el eje de este “nuevo trato” supone corregir el esquema previo de nuestra región como productora y proveedora de materias primas, y Europa como proveedora de productos industriales. La diferencia con Europa no será fácil de salvar.
Cuba, se diría, no fue problema. Está ahí y suma, con su presencia, a la región caribeña. Ahora preside pro témpore la organización (Celac) que América Latina (Mercosur, Unasur) creó hace un año para comenzar a reemplazar a la Organización de Estados Americanos. La OEA ha dejado de expresar a nuestra región, a pesar de algunos cambios introducidos en los últimos dos años. Se juzga que ha sido un instrumento de la política de la potencia continental. El pragmatismo europeo se ve, también, en este intento de sentar plaza desde México al sur, aunque disguste al aliado norteamericano.
Además, Cuba ha estado dando pasos hacia un retorno a la comunidad hemisférica y mundial. Después de más de medio siglo de gobierno revolucionario orientado a una forma de vida con predominio de lo colectivo, viene abriendo respiraderos para una recuperación del ámbito de desenvolvimiento del individuo. El más reciente indicio puede ser el premio Nacional de Literatura dado al escritor cubano Leonardo Padura, por su novela El hombre que amaba a los perros, cuyo personaje (Conde) expresa la línea heterodoxa del autor.
Atentamente:
JOTAVE