Retroceso en el mundo laboral

Una de las facetas más preocupantes de la crisis económica, el desempleo, sigue sin dar tregua tanto a nivel nacional como provincial. Las estadísticas del Indec mostraron que en el conglomerado Santa Rosa-Toay ya llegó al 11,1 por ciento. Esa cifra y la realidad que todos los días se ve en las calles fue lo que, quizás, llevó al subsecretario de Trabajo a decir que “el desempleo es ya una peste en la provincia”.
Un informe publicado recientemente por este diario aporta nuevos datos que contribuyen a tener una perspectiva más amplia. La demanda de empleo creció nada menos que un 50 por ciento en los últimos tres años. Semejante cifra nos dice que hoy y en nuestra provincia no existe una oferta capaz de cubrir esa necesidad que, para peor, se va expandiendo a medida que la crisis económica se profundiza sin freno.
El aumento de las personas que deben subsistir con changas y trabajos precarios y temporales es visible a simple vista. La infinidad de muchachos jóvenes que se dedican a lavar automóviles en las calles de Santa Rosa es un buen termómetro para medir la dimensión de esta calamidad.
Históricamente en nuestra provincia el Estado ha cumplido un rol de gran relevancia en materia de generar fuentes de trabajo, tanto directa como indirectamente. En ese sentido, la obra pública ha sido una herramienta muy eficaz, pero hoy ha quedado absolutamente relegada. La drástica reducción de esa actividad por parte del gobierno nacional en nuestra provincia, como también el achique de las partidas presupuestarias para viviendas, ha estrangulado un recurso que en la emergencia podría cumplir un papel fundamental.
Para peor, la indiferencia con que el gobierno nacional asume este problema, ha abierto las puertas a otro enorme perjuicio, y -no es una metáfora- por esas puertas un número creciente de argentinos, con muy alta calificación laboral, está emigrando hacia otros países en busca de los horizontes que el nuestro ya no le puede ofrecer. En el extranjero reciben con mucha satisfacción a estos profesionales altamente capacitados cuya formación, y experiencia laboral, fue solventada económicamente por nuestro país. Otra vez, como hace algunos años, la Argentina vuelve a sufrir una sangría de técnicos y científicos de la mano de un proyecto político que solo beneficia a la elite económico-financiera.
Decir que el trabajo es una de las actividades que más contribuyen a la dignidad del ser humano, a esta altura de la historia, parece un gastado lugar común, sin embargo la ola de neoliberalismo que avanza sobre tantos países -el nuestro entre ellos- actúa como una fuerza que intenta hacer retroceder las condiciones del mundo laboral a niveles del siglo XIX cuando las masas obreras eran explotadas en forma inhumana y se reprimía con extrema violencia todo intento de defensa de los derechos de los trabajadores.
Ya no quedan dudas de que el macrismo -desde sus mismos inicios, aunque muchos no lo creyeron así- dio pasos decisivos en aquella dirección retrógrada. Y como muestra basta mencionar la escasísima acción del Ministerio de Trabajo (hoy degradado a secretaría) en favor de los crecientes reclamos de los asalariados.