Revanchismo.

COSAS QUE PASAN

El domingo a la noche, en un eufórico escenario y bajo los globos -esta vez celestes y blancos y no amarillos- Mauricio Macri prometió que no iba a haber “revanchismo” luego de su triunfo electoral sobre Daniel Scioli. Era una apelación que lo mostraba magnánimo en el triunfo y respetuoso de la convivencia republicana. Quizás también apelaba a la sensatez ante un escrutinio que, a medida que avanzaba, veía achicar las diferencias iniciales de más de diez puntos a menos de tres. Pero muy poco duró la tranquilidad que pretendió transmitir porque apenas horas después dos de su más fieles aliados desnudaron una sed de venganza insaciable. El diario La Nación lanzó una columna editorial furiosa e injuriante que mereció hasta el repudio público de sus propios periodistas, un hecho sin precedentes en la historia de la prensa argentina. El diario -que se considera a sí mismo una suerte de “custodio” de los valores del “ser nacional”- exigió al nuevo gobierno la inmediata puesta en libertad de los genocidas de la dictadura militar encarcelados, afirmando que los juicios contra ellos son una “venganza” y que su encarcelamiento significa una “violación a los derechos humanos”. La Nación no hizo más que repetir, doce años después, lo que había hecho con Néstor Kirchner apenas fue electo presidente: pretender marcarle una agenda política bajo la amenaza de durar “menos de un año” en el poder. El otro diario, Clarín, no llegó a tal extremo pero su sed de sangre kirchnerista se canalizó con rabia hacia la procuradora general, Alejandra Gils Carbó, reclamando su inmediata relevo para “sanear” (esa expresión nazifascista uso el “gran diario argentino”) el Poder Judicial. La procuradora general goza de la estabilidad de cualquier magistrado y sólo puede ser relevada por renuncia o por mal desempeño a través de un jury con acuerdo del Senado. Pero para el diario que pide que rueden cabezas con el cambio de gobierno, se trata de minucias formales que pueden ser violadas sin mayores problemas. Quizás envalentonado con este respaldo el propio Mauricio Macri se olvidó que había hablado contra el revanchismo y se sumó con entusiasmo a la caza de brujas. Ahí nomás reclamó la renuncia de Gils Carbó y de Roberto Vanoli, presidente del Banco Central y con mandato hasta 2020. Esos pedidos chocan de frente con la Constitución y las leyes y muestran muy poca convicción pluralista. Y vienen, justamente, del partido y los dos diarios que más criticaron al kirchnerismo por sus formas de conducción. Los que reclaman buenos modales, convivencia madura y apego a las normas se olvidan de sus arengas apenas tocan sus intereses y sacan a relucir un autoritarismo sin freno. (RAM).