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Revueltas y rebeliones populares de este tiempo

TENSIONES Y CONTRADICCIONES

La impronta social de estos movimientos es mucho más fuerte que la ideológica y su principal impulso parece
ser la desigualdad antes que la pobreza.
EDUARDO LUCITA*
1. Una oleada de revueltas y rebeliones populares recorre el mundo. En Francia fue el aumento de los combustibles y la inequidad fiscal; en Catalunya las condenas a dirigentes independentistas; la cuestión de la autonomía en Hong Kong; el autoritarismo en Sudán y Argelia; el costo de las llamadas por Whatsapp en el Líbano; en Irak es el desempleo y la corruptela gubernamental; el aumento del pasaje del metro en Chile; el ajuste y el FMI en Ecuador; la reforma jubilatoria en Nicaragua; una vez más la corrupción en Haití; crisis política en Perú y Puerto Rico… En Bolivia el proceso es más complejo y profundo y terminó siendo hegemonizado por la derecha más reaccionaria y conservadora, que desplazó al candidato de centro-derecha e impuso un golpe de Estado de nuevo tipo.
Todos son casos de distinta magnitud pero actúan como detonantes de una crisis mayor que desata movilizaciones sociales impensadas por su profundidad que terminan cuestionando el orden político en cada uno de esos países.

2. En América Latina, Chile es por izquierda el punto más elevado de estas rebeliones por el nivel y la profundidad que ha alcanzado la confrontación. Era visto como un modelo económico por su estabilidad y por décadas de crecimiento. El propio Sebastián Piñera lo calificó de un oasis poco antes de que estallara la rebelión. David Harvey señaló que Chile fue el primer intento mundial de establecer un Estado neoliberal total.
Bolivia también mostraba estabilidad macroeconómica y crecimiento continuado (en 14 años el PBI creció en promedio al 4,9% anual) y su distribución fue muy amplia (redujo la pobreza del 60 al 35%), aumentó el gasto social en salud y educación como nunca antes y desarrolló una fuerte programa de infraestructura. El gobierno de Evo Morales obligó a las elites a aceptar el rol político de los pueblos originarios sancionando el Estado Plurinacional y otorgó un lugar destacado a las mujeres. En poco más de una década el país cambió de raíz. El carácter de la revuelta aquí es más confusa, combina a sectores empresariales, clases medias urbanas, franjas de trabajadores y de indígenas (casi todos habían votado antes por Evo). En el desarrollo de las fuerzas productivas se generaron contradicciones de nuevo tipo con sectores indígenas y campesinos, según lo explicara el vicepresidente García Linera.

3. ¿Cómo se llega a la situación actual? Todo inició en 2016 cuando el oficialismo pierde el referéndum que lo habilitaría para un nuevo mandato y recurrió a un fallo del Tribunal Constitucional que lo habilitó. Los resultados de las elecciones son conocidos, Evo Morales triunfó pero el margen para darlo ganador en primera vuelta fue muy estrecho. La OEA, convocada por el gobierno para laudar en la cuestión electoral, encontró irregularidades en el conteo y recomendó «nuevas elecciones en Bolivia». De inmediato, Morales anunció convocarlas con nuevos integrantes del organismo electoral. Pero no alcanzó, a partir de ese momento se desata una revuelta cooptada por los sectores más radicalizados de la derecha (reaccionaria, racista, patriarcal y elitista, cultora del fundamentalismo religioso) que pasaron de pedir ballotage a nuevas elecciones y luego a la renuncia del presidente. Finalmente un ultimátum del Ejército lo obligó a renunciar. A la idea de «Evo enemigo de la democracia» se sumaron mensajes religiosos como: «Debemos rescatar Bolivia para Cristo». «La Biblia debe volver al Palacio de gobierno». Las irregularidades, la segunda vuelta, la auditoria, fueron todas excusas para llegar al golpe. Queda por ver a futuro si la retirada de Evo no es más que un repliegue estratégico.

4. Suele decirse que las resistencias son globales pero que adquieren formas locales. ¿Cuál es el hilo conductor de estas reacciones sociales? ¿Qué alcances tienen?
Dejando de lado Bolivia que es un fenómeno político social diferente, puede decirse que en general son la resultante de un malestar profundo gestado durante décadas de globalización neoliberal hegemonizada por el capital financiero, que tienen un punto de inflexión con la crisis capitalista mundial del 2008. Desde entonces a) las desigualdades sociales se incrementaron en forma exponencial; b) los regímenes democrático-liberales instaurados a la salida de la II Guerra Mundial (y sus partidos tradicionales), ya no logran contener las contradicciones sociales y canalizarlas hacia las instituciones del sistema, a la par que han crecido los regímenes proteccionistas y nacionalistas de derecha en las grandes potencias. (Argentina es una excepción donde todas las energías sociales puestas contra el neoliberalismo en los últimos 4 años fueron canalizadas hacia el sistema electoral); c) hay que agregar la corrupción de las élites y la acumulación de privilegios de los políticos del sistema, frente a una juventud que se siente frustrada, desilusionada y que no encuentra su lugar.
Lo que emerge son las luchas de la juventud, de los estudiantes, de la clase media media y baja, de la gente pobre y fracciones del movimiento obrero. En general y más allá que los elementos desencadenantes son diferentes en cada país, los movimientos van conformando una agenda del reclamos que tienen puntos de contacto: en lo social exigen mejoras en los servicios educacionales, de salud, previsionales, comunicaciones, infraestructura… En lo económico mejor distribución de la riqueza y en lo político mayor democracia y un trato digno.

4. La impronta social de estos movimientos es mucho más fuerte que la ideológica y pareciera que el principal impulso son las desigualdades más que la pobreza (América latina no es el continente más pobre, pero sí el más desigual). Son cambios fuertes que modifican las relaciones entre las clases y de estas con el Estado. Se sabe como comienzan pero la incógnita es cómo seguirán; cuál será su alcance político.

5. No necesariamente son antisistema, no repudian el régimen democrático liberal, tampoco al capitalismo. Pero hay que ver cómo se desarrollan a futuro; los movimientos se constituyen y se redefinen en la acción. Pueden virar a una salida de lucha de clases, anticapitalista o bien a salidas neorreformistas o abiertamente reaccionarias.

Integrante del colectivo EDI (Economistas de Izquierda).