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Santa Fe: la historia vuelve a repetirse

El macrismo sigue acumulando tropiezos electorales en el interior del país. Este domingo fue en Santa Fe en donde el espacio político que representa al oficialismo nacional quedó tercero por detrás del socialismo y de las dos listas del Partido Justicialista. Es la séptima caída en estas elecciones provinciales anticipadas que están operando a la manera de gigantescas encuestas para medir la magnitud de la pérdida del caudal electoral de la fuerza que -todavía- comanda el Presidente de la Nación.
Este resultado no hace más que confirmar los temores que viene expresando el poder económico a través de sus acciones sobre la economía -presión sobre el dólar y sobre los precios, caída de los bonos argentinos, fuga de capitales, etc.- y del poder de lobby de sus más activos representantes. El llamado «poder real» o, también, «los mercados», ven como se va licuando el sustento electoral de la fuerza que mejor representa sus intereses y por eso desde sus numerosos voceros periodísticos se empezó a enarbolar el «Plan V» pensando en la gobernadora de la provincia de Buenos Aires para reemplazar la candidatura presidencial. En las últimas horas también hubo menciones a un «Plan H» en obvia referencia al jefe de gobierno de la Capital Federal.
La pérdida de confianza de los representantes del poder económico y financiero corre en paralelo a las resonantes patinadas del gobierno: una ineficacia pasmosa para frenar el desmadre de las variables macroeconómicas y un plan de «precios esenciales» que nació rengo y cuya muerte prematura ya están anunciando incluso desde las usinas más próximas al oficialismo. Sin ir más lejos, la forma en que se va a implementar en nuestra provincia la venta de los cortes de carne contemplados en ese programa no podía ser peor. Pero no será una excepción con respecto al resto del país sino la norma, porque el cupo establecido significa menos del 0,5 por ciento del consumo de ese producto «esencial» en la mesa de los argentinos.
Otro factor que no pasa desapercibido es que el respaldo explícito de las principales figuras nacionales del macrismo a sus representantes provinciales no surte ningún efecto benéfico. Antes bien, todo indica que ese vínculo viene operando en sentido contrario, hundiendo el desempeño electoral de las fuerzas que son identificadas con el color amarillo. Y además, nada indica que esta tendencia vaya a modificarse en los próximos meses, al contrario, salvo en unas pocas provincias lo que resta esperar son resultados tan negativos como los registrados hasta ahora.
Frente a este panorama, resulta paradójico que hoy las chances electorales de Cambiemos dependan más de lo que vaya a hacer la oposición que de su propia (y menguada) fortaleza. La dispersión del voto peronista entre los muchos aspirantes que se van lanzando al ruedo, sumada a la incógnita sobre lo que finalmente resolverá la expresidenta de la Nación aparece como la única expectativa favorable que puede albergar hoy el macrismo, acorralado como está por el desastre de su propia incapacidad de gestión.