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Schiaretti ganó en todos los departamentos y le arrebató la capital a la UCR

QUE DEJAN LAS ELECCIONES DE CORDOBA

Córdoba no deja de sorprender. En la provincia donde más porcentaje de votos obtuvo la alianza Cambiemos en 2015, en estas elecciones apenas cosechó la mitad de esos votos.
IRINA SANTESTEBAN
Cuna del «Cordobazo» hace 50 años, «la Docta» es también clerical y conservadora, como lo demostró en las elecciones a presidente hace 4 años, votando masivamente a Mauricio Macri.

Triunfo cantado.
En esta columna se preanunciaba el seguro triunfo del actual gobernador Juan Schiaretti, a quien benefició la división de la alianza Cambiemos. Pero para algunos fue una sorpresa que el actual intendente de Córdoba, Ramón Mestre, saliera tercero, pese a tener el apoyo del aparato radical en toda la provincia. Mario Negri, el candidato del gobierno nacional (algo que él negó en su discurso el domingo) lo aventajó por 7 puntos.
Schiaretti ganó por afano, dirían los porteños. Le sacó casi 40 puntos al segundo, y 27 puntos a los dos candidatos sumados: Negri y Mestre.
Triunfó en los 26 departamentos provinciales, con lo cual se lleva el legislador de cada uno de ellos, ya que el sistema electoral que rige en Córdoba, instalado por reforma constitucional en el primer mandato de José Manuel de la Sota, reemplazó la vieja cámara de Senadores provincial, por la Legislatura Unicameral. Los 44 legisladores restantes de un total de 70, se eligen por distrito único, y allí también ganó por amplio margen la lista que encabezaba Natalia de la Sota, hija del fallecido ex gobernador. Sin embargo, en la boleta única utilizada en estos comicios, en el tramo de legisladores provinciales, el porcentaje de Hacemos por Córdoba fue menor que para el tramo del candidato a gobernador, y donde más se registró el voto en blanco, casi un 18%.

Mayoría absoluta.
Schiaretti tendrá en la Legislatura 51 legisladores de un total de 70, lo que representa un 72% a pesar de haber obtenido en los comicios un 54%. Muy lejos queda Cambiemos, con 8 legisladores, la UCR con 7, mientras que Encuentro Vecinal (del legislador antiabortista García Elorrio) se lleva 2, una banca para el FIT y otra para el MST, ambos trotskistas.
Schiaretti se cuidó, en su discurso del domingo, de dejar en claro que semejante mayoría no debía ser tomada «como un cheque en blanco» y aseguró que en su gestión no habrá «arbitrariedades». Sin embargo, la experiencia de los últimos 20 años, muestra que en muchas oportunidades utilizaron esa supremacía legislativa para aprobar leyes muy resistidas, como la rebaja de los haberes jubilatorios al comienzo de su actual mandato.

Kirchnerismo.
A su ya tradicional debilidad y escaso caudal electoral, el kirchnerismo le sumó una pésima estrategia, al bajar la lista encabezada por el actual diputado nacional Pablo Carro, el mismo día de cierre de listas. La diputada Gabriela Estévez había anunciado que el kirchnerismo debía votar «por el peronismo» en obvia alusión a Schiaretti, aunque sin decirlo. Y aunque otro sector de Unidad Ciudadana había anunciado lo contrario, es obvio que los votos que en 2017 llevaron a Carro al Congreso, se fueron mayoritariamente al gobernador.
Muchos de los desencantados por la no presentación de una lista K, anunciaron su voto al Partido Humanista, que tuvo un aumento en su caudal electoral -1,7%- pero que no le alcanzó para colocar un legislador. En la izquierda hubo diferentes propuestas. Dirigentes del Partido Comunista expresaron por las redes sociales el «voto al peronismo» para «derrotar a Macri en la provincia», mientras el Partido de la Liberación propició el voto en blanco, en repudio a Schiaretti y los dos candidatos de Cambiemos, en una elección sin debates y sin conocerse los programas en disputa.

Qué se viene ahora.
La estrategia de votar a Schiaretti para «derrotar a Macri en Córdoba», y fortalecer la pelea a nivel nacional para las elecciones de octubre, e impulsar la candidatura de Cristina Fernández, es más una expresión de deseos. La realidad muestra que Schiaretti, hasta ahora, no va a trabajar para esa posibilidad. En su discurso del domingo, afirmó que «era una elección local» y que no había que trasladar esos resultados a nivel nacional. También reivindicó su pertenencia a Alternativa Federal, espacio político del que fue uno de los fundadores. Ha declarado más de una vez que «Cristina es cosa del pasado», y en su visión los cordobeses no quieren volver al pasado.
Para la realidad provincial, no se esperan grandes cambios, sobre todo porque no fueron parte de ninguna promesa electoral. El anuncio de las 25.000 viviendas, suena como una aspiración muy modesta para una sociedad que tiene 112 mil hogares que padecen déficit habitacional, y cuyos ingresos familiares totales se encuentran por debajo de la línea de pobreza (fuente: delegación Córdoba de la Cámara Argentina de la Construcción).
La situación social es preocupante en Córdoba, donde el índice de pobreza se ubica en el 36%, por encima de los números nacionales. El gobernador presumió de los «26 programas sociales» que tiene su gestión. Sin embargo, el empleo formal viene retrocediendo, con las suspensiones en el sector automotriz, los cierres de comercios, la baja en la actividad económica que afecta más duramente a los sectores del trabajo informal. El gobierno de Schiaretti tiene programas de empleo como el PPP (Plan Primer Paso, para jóvenes), o Xmí (para mujeres jóvenes), pero con escasa remuneración y sin aportes, es decir, trabajo precarizado. Ese es el cordobesismo que los medios porteños, caso de Minuto1 de Gustavo Sylvestre, llamaron pomposamente «Cordobazo electoral».