Segundo semestre con malas noticias

El segundo semestre no llegó con buenas noticias para las mayorías argentinas a pesar de las promesas del gobierno nacional. El ansiado vuelo al país de la felicidad se canceló y su fecha se postergó para más adelante, sin demasiada precisión. Se cumple así con lo que señala el artículo que publicó LA ARENA este fin de semana bajo el título: “Las buenas noticias siempre están en el futuro” y que advierte que Cambiemos encarna un “gobierno de expectativas”. Los resultados concretos llegaron de inmediato para la clase más pudiente (devaluación, quita de retenciones, menos impuestos) en cambio para las mayorías que viven de un salario o una jubilación las cosas fueron muy diferentes (paritarias a la baja, aumentos siderales de precios de la canasta básica y de las tarifas de servicios públicos…) y toda esperanza de recuperación se difiere siempre hacia un futuro que cada vez se percibe más lejano.
En las últimas horas se conocieron algunos informes que vienen a poner cifras a este desbalance económico-social que se justifica con el sobrenombre de “sinceramiento” y que, básicamente, consiste en hacerle creer a la mayoría de la sociedad que vivió una mentira de fiesta y derroche y que ahora está pagando las consecuencias. Los grandes medios de comunicación porteños cumplen a la perfección con su trabajo de adoctrinamiento. Todo el día -y todos los días- repiten el mismo relato para naturalizar la idea de que este vuelco es producto de la fatalidad y no de un cambio ideológico protagonizado por un gobierno de representantes de las mayores empresas nacionales y extranjeras del país que vinieron a restablecer la lógica de acumulación neoliberal y destruir todo atisbo de política inclusiva o medianamente equitativa.
La Confederación Argentina de la Mediana Empresa informó que las ventas minoristas cayeron un 9,8 por ciento en los últimos doce meses. Se trata de un promedio ya que hubo rubros, como los electrodomésticos y productos electrónicos que bajaron mucho más: 19,2 por ciento. Es una prueba irrefutable de la pérdida del poder adquisitivo de la mayoría de los argentinos a una velocidad nunca vista.
El Instituto Gino Germani de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA midió un crecimiento de la pobreza del 22 al 35,5 por ciento y de la indigencia del 5,9 al 7,7 por ciento en Capital Federal y el Gran Buenos Aires. Estos números son muy cercanos a los que divulgaron poco antes el Centro de Economía Política de Argentina (CEPA) y la Universidad Católica Argentina (UCA). Estas mediciones en el centro urbano más poblado del país permiten inferir que en todo el territorio nacional hay unos cinco millones de personas que cayeron bajo el límite de la pobreza a partir de las medidas tan asimétricas, para los de arriba y los de abajo, que impulsó el macrismo.
Este es el altísimo costo de un plan económico que vino a ensanchar todavía más las diferencias sociales y a pulverizar la inclusión en nombre del “sinceramiento” y -como burla trágica- de la “pobreza cero”. Pero ¿se le puede pedir otra cosa a un gobierno de gerentes que tienen sus dineros depositados en guaridas fiscales e invierten en empresas off-shore?

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