Semejanzas y diferencias que se ven y que revelan

Señor Director:
Al promediar esta semana la cancillería argentina desclasificó expedientes de los años de la dictadura que encabezara Videla.
Algunos de esos documentos hacen referencia a un severo diferendo que tuvimos con Suecia y que no trascendió en su momento con el detalle que ahora se conoce. Hacen referencia a la joven Dagmar Hagelin, nacida en la Argentina, de padres suecos. Se supo hace tiempo que esta mujer fue atrapada por una patrulla dirigida por el marino Alfredo Astiz. Dagmar había llegado a El Palomar el 27 de enero de l977 para visitar a una amiga. Algunos testigos dijeron que fue herida y encerrada en el baúl de uno de los autos de la fuerza. El padre, llamado Ragnar Hagelin, inició de inmediato la búsqueda de Dagmar. Y aún sigue en tal empeño. Por otros testimonios se sabe que Dagmar se repuso de las heridas y fue vista en la ESMA. Versiones que se han estado recogiendo desde entonces estiman que pudo estar entre las personas que fueron desaparecidas en los vuelos de la muerte, posiblemente en aguas del Plata o del mar.
El gobierno sueco se interesó por conocer la suerte de Dagmar y lo hizo por medio de la embajada y también por comunicaciones directas del gobierno de Estocolmo. Una comunicación (ahora revelada) del jefe de gobierno de Suecia a Videla, en diciembre de l979, contiene estas expresiones: “El gobierno argentino sabe quiénes son los responsables de la detención de D.H. y de su posterior destino. Sin embargo, prefiere desentenderse del caso y negar que lo conozca. Esto es indigno e inaceptable”. Los documentos que ahora se hacen públicos permiten saber que el gobierno militar sostuvo que no tenía conocimiento de procedimiento alguno en el cual fuese detenida la mujer nombrada. En alguna de esas respuestas hay expresiones duras. Se dice que la Argentina estaba empeñada en terminar con el terrorismo subversivo, dando a entender que de esas cosas no se habla. En una comunicación se deja constancia que Dagmar H. era nativa, con lo que se hacía una invitación elíptica a Suecia a dejar de intervenir en asuntos internos. El padre, Ragnar, hizo denuncias y presentaciones ante la justicia, que o motivaron rechazo (Cámara de Apelaciones) o declaración de incompetencia por el juez que debía intervenir.
En aquellos años de dictadura muchos de los que caían en alguna redada pasaban a engrosar la lista de desaparecidos. Los que sobrevivieron pudieron luego revelar lo que vieron u oyeron y así se ha podido reconstruir, lentamente, el acontecer de esos años. Desde que quedaron anulados los intentos de no investigar o de amnistiar, se ha estado avanzado en este conocimiento, al tiempo que se han realizado procedimientos judiciales públicos, con pleno ejercicio del derecho de defensa por parte de los acusados. Este procedimiento no solamente es diferente al de aquellos años argentinos, sino que raramente se repite en el mundo. Dagmar pudo haber sido inocente o culpable de participación o relación con las formaciones que generaron hechos violentos después de la muerte de Perón, pero lo diferente, para su caso, es que no fue sometida a juicio formal con el obligado derecho de defensa.
La diferencia indicada se repite ahora con el caso Nisman, el fiscal que apareció muerto en su departamento y que probablemente se suicidó. Lo diferente entre el ahora y los años de Videla es que todo se va publicando y que hay un procedimiento judicial en marcha, con todas las garantías, para determinar las circunstancias de su muerte. No obstante, hay quienes hablan ahora de dictadura y de muertes mafiosas, sin aportar más que esas terribles palabras que se multiplican en medios gráficos y de todo tipo. Otra diferencia es que la presunta acusación del fiscal Nisman contra la primera magistrada ha quedado olvidada, aún sin juez que se haga cargo de decidir si tiene algún fundamento. Y la causa AMIA prosigue en la sombra.
Atentamente:
Jotavé