Señales que dan cuenta de riesgos inquietantes

Señor Director:
En el mundo se están manifestando ciertas señales que habitualmente dan cuenta de desajustes y riesgos.
La más reciente genera fuertes caídas en las bolsas de extremo oriente y Europa y hallan eco en América. En el año estalló el problema de Ucrania, país que se separó de Rusia luego de la caída de la URSS. Ucrania fue o se sintió atraída hacia occidente (Alemania en particular) y esto generó problemas a la economía rusa, por comprometer sus gasoductos. Casi simultáneamente empezó a caer el precio del petróleo, hecho que perjudica a todos los productores y particularmente a Rusia.
El cuadro inquietante incluye el movimiento de grandes masas de población de África y Medio Oriente que buscan establecerse en Europa. Acnur, el organismo de las Naciones Unidas para los refugiados, acaba de informar que este año ya son 240 mil las personas que han llegado a las costas italianas y griegas, luego de navegar el Mediterráneo en condiciones muy penosas. Solamente Alemania ha tenido que afrontar 800.000 pedidos de asilo y esto ha estimulado a los grupos de extrema derecha que en estos días atacan los lugares donde hay refugiados, llegando a intentar incendiarlos. Grecia está desbordada de refugiados que en su mayoría usan ese territorio como lugar de tránsito hacia Serbia, Alemania, Francia, Inglaterra y otros presuntos destinos. Este movimiento poblacional que recuerda los desplazamientos producidos por las hambrunas de la India y por los hunos en Europa, se origina en dos focos principales: África, por los países conmovidos por luchas intestinas, y Medio Oriente, afectados por la situación de Irak y Siria.
Hasta el momento las regiones más afectadas por estos desplazamientos son Europa y los países emergentes. Europa afronta las migraciones y el abandono de la política inicial de la Unión Europea del Estado de Bienestar, que afecta de modo principal a las naciones mediterráneas y Portugal, particularmente Grecia, España e Italia. El problema iraquí puede haber comenzado con la dictadura, pero se agravó hasta los extremos actuales con la intervención militar de Estados Unidos, Inglaterra y numerosos otros países de occidente. Esta intervención aniquiló la dictadura y derrumbó la economía del país, que ha perdido territorios en Medio Oriente. Otro tanto pasa con Siria, también nación petrolera, que ha perdido ya gran parte de su territorio luego de intervenciones de occidente. Ahora soporta al llamado Estado Islámico, constituido por un sector islámico muy intransigente, que sigue ganando terreno a pesar de que Estados Unidos y naciones del occidente Europeo tratan de someterlo desde el aire, sin comprometer tropas propias. Los árabes (sunnitas extremistas) acosan ya a la capital (Damasco) y han ocupado Palmira, donde degollaron al científico que estudiaba las ruinas del reino de Zenobia y acaban de hacer volar el santuario de Baalshamin, cuya construcción se inició en el año 17 dC y fue completado por decisión del emperador Adriano, de Roma. Dijeron que era monumento a un falso dios.
Los analistas más acreditados ven detrás de todo una lucha entre las grandes potencias que comparten el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Sin embargo, es posible que los riesgos actuales sean asimismo un efecto secundario de esa vieja pugna y que, por esa misma razón, resultan imprevisibles en cuanto a sus consecuencias a mediano plazo. El hecho de que las naciones emergentes sufran de modo particular este estado de cosas se debe a que también ellas son zonas de disputa entre las potencias centrales. La caída del precio de los commodities (petróleo, soja, granos, minerales) los ha descolocado en el comercio mundial y genera crisis internas que afectan su economía en grados que varían según su capacidad de defender su mercado interno con desarrollos industriales y medidas contracíclicas.
Atentamente:
JOTAVE